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Hoy entregué unas llaves

Hoy entregué unas llaves

Afortunadamente las llaves terminaron en la magia de la comunicación, en un plató que llevará a las casas información y también cultura

Agustín Santana

Miércoles, 20 de diciembre 2023, 01:25

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Hoy entregué las llaves de mi despacho, ese que se queda vacío después de muchos años, de muchas reuniones, de muchos momentos de alegrías y otros de preocupación, en el que proyectas sueños y caminos para llegar a unos objetivos sociales que marcan el devenir de una empresa familiar.

Cuando has desarrollado toda tu vida profesional en una sola empresa tu despacho, el de tus colaboradores, los pasillos y los rincones de toda la casa se convierten en algo más que un trabajo. Se convierten en tu vida misma.

Cuando empecé a vender máquinas de escribir en 1973 se abría para mí una gran ilusión, un gran reto, quería llegar a conseguir el status profesional de un compañero, más experimentado que yo, todo un vendedor profesional y gran caballero. Gabriel Samper Croissier representaba la experiencia de la venta, el arte de la seducción, la persuasión, la satisfacción del cliente, y la continuidad de una vida profesional rica y madura. Y se convirtió en mi amigo, de verdad, el que echas de menos muchos años después de su pronta despedida.

En pocos años ya tenía mi primer despacho. Vender el arte de escribir se convirtió en mi vida profesional, primero con las máquinas de escribir, después con las plumas estilográficas y más tarde con los ordenadores portátiles.

Nunca pensé que la empresa de la OI, ese logotipo entre naranja y rojo, una O grande con una I en medio, que nació en Wilhemshaven a principios del siglo pasado, con tecnología alemana, jamás pensé, que esa empresa fuera nuestra, de mi familia.

Cincuenta años son muchos para una persona y un gramo de arena para el mundo. Aquel vendedor primerizo de máquinas de escribir fue feliz, consiguió ser feliz en el mundo de la venta. Después lo fue también en el mundo de la organización, en el abanico de los equipos de trabajo, en las nuevas etapas que nos traería el paso a las nuevas tecnologías, los chips y las prisas, lo inmediato, la escritura electrónica, los potentes portátiles y los increibles móviles.

Atrás quedaron el tecleteo musical de la máquina mecánica en los periódicos y en los bancos, y la triste noticia de que la escritura a mano, la pluma estilográfica, también iba perdiendo presencia. Se imponía la electrónica, las redes sociales, esta web que ahora comunica a muchos amigos.

Hoy entregué las llaves de mi despacho.

Afortunadamente las llaves terminaron en la magia de la comunicación, en un plató que llevará a las casas información y también cultura.

Tuve la suerte de ser feliz casi siempre, porque siempre me acompañó la familia, los pocos amigos, la música, la escritura tan cambiante y real.

Y he tenido la suerte de entregar las llaves para el arte de la comunicación. Adiós a la OI, bienvenido C7 y VR.

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