Agresión al periodismo: bulo, desinformación e intrusismo

La dicotomía llega con los bulos. Ese pequeño y a la vez gran espacio que existe entre la verdad y lo que se cuenta

Iván Martín Chacón
IVÁN MARTÍN CHACÓN Las Palmas de Gran Canaria

Desde pequeño siempre he querido ser periodista, y deportivo, concretamente. Desde los 10 años se me veía que tenía madera para serlo; cada vez que jugaba a la Playstation2 al videojuego del FIFA, narraba los partidos de fútbol como si no hubiera un mañana. Con el énfasis correcto para cada acción y con la entonación necesaria que requería una retransmisión de ese calibre. A medida que pasaban los años y crecía, iba cogiendo mayor conciencia de lo que acontecía la vida en los diferentes medios de comunicación. Los periódicos impresos, la televisión, la radio y por último, la web. Esa herramienta, o llámese recurso, que sirve para estar conectado 24/7 con la actualidad. Ahora ya se puede acceder a cualquier medio desde el móvil, ordenador, tablet, etc. algo impensable para mí cuando era tan solo un niño. Al terminar Bachillerato lo tuve claro, mi carrera universitaria será de Periodismo. Fueron cinco intensos años en los que estudié, aprendí, practiqué, disfruté, pero, sobre todo, me enfoqué en lo que pide la profesión. Estar siempre en el pie del cañón, tener cultura general, empatizar con las personas y contrastar las fuentes de toda información.

Está claro que navegar por internet no es lo mismo que leer un periódico de papel, porque nos movemos de manera mucho más fraccionada. Para eso se han creado las versiones digitales de la prensa escrita, para informar de manera instantánea con información clara, breve y concisa.

Me gustaría destacar lo que me parece que el intrusismo siga dando que hablar en nuestra profesión. Hace más de 10 años que el periodismo lo sufre. Las personas de nuestro país son libres de pensar y manifestarse como quieran dentro de unos límites. Quizás el periodismo se encuentre infravalorado por esto. Nuestra sociedad consume información con desconfianza por personas sin formación que se dedican a ocupar el puesto de profesionales cualificados en los distintos medios. Nos condicionan.

Según Según Vicente Clavero, periodista del diario 'Público' y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, «en los medios de comunicación los intrusistas se encuentran como grupo aislado que se concentran en columnas en prensa escrita y como participantes de tertulias en televisión y radio». Sin embargo, lo que verdaderamente preocupa es el llamado periodismo ciudadano. Pensar que cualquier persona puede trasmitir una noticia con la misma veracidad que un periodista capacitado para ello, da mucha rabia y no se puede permitir. Otro apartado a todas luces en contra de la esencia de nuestra profesión lo podemos encontrar en los típicos programas de prensa rosa. Cualquier autodenominado 'colaborador' se cree con derecho de a vertir cualquier tipo de opinión sin fundamento, sin directrices periodísticas. No sé en qué puede derivar todo esto.

Por otro lado, las redes sociales se han convertido en nuestro pan de cada día. ¿Quién no utiliza el WhatsApp? Además, que la mayoría de los jóvenes consuman más de 3 horas diarias las redes sociales es un hecho, según un informe de 'El Español', 2021. Quizás Twitter sea la más eficaz para informar, y la menos donde se pueden difamar las noticias. Puesto que si se emite desde una cuenta verificada es creíble. Sin embargo, la dicotomía llega con los bulos. Ese pequeño y a la vez gran espacio que existe entre la verdad y lo que se cuenta. Pero si hay algo claro es que como los medios verificados no hay nada. Por ejemplo la escuela de estilo que tiene el Twitter es cuanto menos curioso. Su propósito es que algo sea legible para el lector en 140 caracteres. Se imponen, por tanto, unas concreciones básicas. Los titulares deben de ser directos, contener los términos esenciales de la noticia, o palabras clave de la información. Pero realmente no hay noticia, siempre te llevarán a un enlace de alguna página web, ya después el lector ha de saber si esa fuente es fiable o no.

Con los bulos hay que tener mucho cuidado, hoy en día todos sabemos que cualquier persona en el mundo puede publicar noticias. Sean falsas o no, reiterativas o no, añadiendo información de su propia cosecha, y muchas veces, sin contrastar. Con esto me refiero a vía Twitter, Facebook o incluso Instagram. Por ejemplo, con el tema del covid-19 cuando no se tenía conocimientos suficientes como para tener claro qué creer y qué no. Quizás la desinformación en ese aspecto provocó esa incertidumbre allá por el año 2020. Los más adictos a la red, aprovechaban el momento de desconcierto en la sociedad para meter miedo mediante bulos. No obstante, para algo que las redes sociales sirven, y se hace de forma correcta, es en aquellas ocasiones cuando por ejemplo la Comunidad Autónoma, provincia o país, sufre un temporal, y las personas se involucran en colaborar con el medio, enviando fotos, vídeos o incluso declaraciones de algunos vecinos.

Por esto y mucho más, es tan importante, y debemos ceñirnos siempre a nuestra deontología, para saber contrastar las fuentes de la información que tratamos. Para ver si conseguimos, todos juntos, erradicar estos tres elementos del periodismo.