Ultramar

Aflojen un pizco

16/06/2018

O fisco, como dicen en tierras tinerfeñas, pero aflojen; porque esto es un sinvivir, de sobresalto en sobresalto, qué no hay cuerpito que lo aguante, y eso que nos gusta la marcha. De un tiempo a esta parte anda este país viviendo acontecimientos trascendentes a un ritmo vertiginoso, o lo que es lo mismo, instalado en el vértigo.

Hay quien dice por ahí, muy descriptivamente, que su sobrino, que tan solo tiene quince días, ya ha conocido dos presidentes de Gobierno, tres ministros de Cultura y dos seleccionadores nacionales, además de ver entrar en prisión a un exministro, un expresidente de una comunidad autónoma y a un yerno y cuñado de reyes. ¿Quién da más?

«En una Europa que envejece, la inmigración mas que una amenaza es una oportunidad»

También es cierto que dícese que la mejor democracia se mide no por los buenos mecanismos de elección de sus representantes cada cuatro años, sino, sobre todo, por aquellos que permitan desplazar a los electos que no cumplen su compromiso entre las citas electorales. En este sentido, entonces, habrá que constatar que estamos siendo testigos de un ejercicio de virtuosismo democrático, aunque, viendo lo que vemos, lo primero es pensar que vivimos en la anormalidad.

Y entre todo este rebumbio el nuevo presidente de España, Pedro Sánchez, adopta la necesaria decisión de aceptar el desembarco de 630 inmigrantes recogidos en un buque de una ONG al que nadie quiere dar cobijo, lo que pone en evidencia las vergüenzas de una Unión Europea que hace ascos a sus principios fundacionales y sucumbe a la xenofobia, hasta el punto que todo un ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, se atreve a cantar victoria por conseguir que esas personas desesperadas y rescatadas en alta mar no lleguen a la costa italiana. Sin olvidar los alarmantes ascensos de la ultraderecha en países como Alemania, Francia, Holanda, Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Austria, Eslovenia, Suecia o Dinamarca.

Pero la crisis migratoria, además del obligado respeto a los derechos humanos, exige ir más allá de encomiables gestos. A decir verdad, el realizado por el Gobierno español, siendo una lección de dignidad y solidaridad a Europa, es también la constatación de una derrota del Derecho Internacional, que obliga a que los rescatados en alta mar sean desembarcados en el puerto más cercano.

Por tanto hacen falta respuestas duraderas, más allá de acciones que laven conciencias de manera eficaz pero poco efectiva. Toca dar respuesta a la falta de responsabilidad de muchos gobiernos y ser escrupulosos con la distribución de carga entre los estados miembros de la UE. Toca asumir que la crisis migratoria va a mantenerse en el tiempo, exige políticas profundas y entender que con una población que envejece, lejos de los postulados ultraderechistas, la inmigración es una oportunidad, no una amenaza.