El adiós de Iñaki Gabilondo

A Gabilondo se le debe la valentía y querencia con la que preguntó a Felipe González en una entrevista en TVE si era responsable de los GAL

Rafael Álvarez Gil
RAFAEL ÁLVAREZ GIL Las Palmas de Gran Canaria

Una de las rúbricas más señeras del Grupo Prisa, prácticamente su buque insignia de la opinión, pone fin a sus videoanálisis de lunes a viernes que podían visualizarse en la versión digital de 'El País' y asimismo los leía cada mañana desde un micrófono de la Cadena Ser. Se marcha, según explicó Iñaki Gabilondo, porque siente que se cierra una etapa y que, a su edad, las explicaciones están de más porque lo raro sería justo lo contrario: que siguiese. Un indicador de su madurez emocional que, en este caso, le ayuda a desbrozar el final de un camino. Pasa a una segunda línea en la que participará, en la franja nocturna de los lunes, tomando ya una actitud más de escucha que de opinar.

Tal como está azuzando la crisis económica, con especial virulencia en los medios de comunicación, un sector llamado a reinventarse, suena el adiós de Gabilondo a una especie de salida pactada porque comienzan los recortes. Y cuando vienen mal dadas en cualquier empresa, se empieza por los de mayor edad y sueldos más elevados. Con todo, Gabilondo sentenció que cuando se va el ímpetu y flaquea la fe, es momento de irse. Una premisa que siempre he procurado practicar y que vale para cualquier faceta de la vida. Cuando se desinfla la ilusión, es la hora de retirarse con discreción. Sin ilusión, sin ese estímulo de las ganas auténticas, nada funciona ni adquiere sentido.

A Gabilondo se le debe la valentía y querencia con la que preguntó a Felipe González en una entrevista en TVE si era responsable de los GAL. Fue en 1995 y el 'felipismo' agonizaba al calor de los escándalos de corrupción que se agolpaban. Eran los tiempos en los que González era señalado como el 'señor X'. Pero el donostiarra no se achantó ante el presidente del Gobierno y cumplió con su cometido. Y es que Gabilondo reconoce que el periodista, naturalmente, tiene su ideario y pensamiento político, faltaría más, pues no hablamos de monjes tibetanos ni anacoretas de montaña, pero que lo importante es ser riguroso. El profesional como el medio de comunicación que se tercie tiene el derecho a (y debe) disponer de su línea editorial. Y esta será socialdemócrata, nacionalista, conservadora, liberal... La que sea. Y el lector, el oyente y la audiencia la reconocerán. Pero tendrá que ser honesta con su labor periodística.

En una era en la que la recesión económica potencia la debilidad de los soportes mediáticos e incita, por lo tanto, a la autocensura o censura, conviene no olvidar las esencias pues, de lo contrario, a la larga lo pagan las propias marcas periodísticas. El día que una cabecera, emisora de radio o cadena de televisión deje der ser temida por sus publicaciones, perderá la democracia y, sobre todo, dejará de ser negocio. Es una espiral endiablada. La independencia es fundamental para el periodismo. Hace años, al amparo del Gran Recesión de 2008, leí con devoción el libro de Gabilondo 'El fin de una época. Sobre el oficio de contar las cosas' (Barril & Barral, 2011). Bien editado, en tapa dura. Un texto aún muy vigente. Merece la pena hacerse con un ejemplar.