Ultramar

A llorar a la marea

02/03/2019

La decisión del Gobierno español, refrendada por el Congreso de los Diputados, de aprobar en el tiempo de descuento, con clara intencionalidad electoral, un Régimen Especial para Baleares (REB), una antigua reivindicación de las islas mediterráneas, ha desatado los demonios en no pocos sectores, sobre todo políticos, más concretamente nacionalistas, canarios.

«Resulta poco gratificante sustentar los discursos en función de los deméritos de los otros»

El Gobierno regional ha convertido en bandera electoral las críticas a la decisión de Pedro Sánchez de atender las demandas baleares, mientras olvida las nuestras, y alerta de que las posibles concesiones fiscales que pudieran otorgársele a ese archipiélago, tan cercano a la península, podrían poner en peligro algunas de las especificidades contempladas en nuestro REF, hasta el punto de provocar, han dicho, la deslocalización de empresas a favor de esas islas. Por si no había ruido, ahí va otra taza. Y en el discurso de los agravios Coalición Canaria se mueve como pocos.

Lo que sí parece evidente es que Pedro Sánchez ha querido tener un gesto con los baleares, mientras le ha hurtado el más mínimo a los isleños. En poco tiempo suma tres visitas a este archipiélago y en ninguna tuvo a bien encontrarse con el presidente de los canarios, pese a las peticiones cursadas por éste; y ahí queda un presupuesto, que no pasó de virtual pero que, aún así, no atendía a las reclamaciones insulares, no respetaba los compromisos adquiridos y tampoco lo mandato por el REF.

En todo caso, con ser cierto todo lo anterior, poco gratificante es sustentar los discursos en función de los deméritos de los otros. Así las cosas, convendría preguntarse por qué a día de hoy, contando con unas bonificaciones que nos convierten en un cuasi paraíso fiscal, seguimos sin atraer inversiones. Lo de buscar y usar siempre el enemigo exterior ya resulta excesivamente recurrente, por más que algunos se empeñen en dar argumentos. La realidad nos está demostrando que haber sustentado la razón política sobre el objetivo pragmático de conseguir la mayor cantidad de dinero posible del Estado nos ha dado algunos réditos, pero poco respeto y peso político.

Aquí, lo cierto, es que se ha chalaneado mucho y parece que ahí se quiere seguir. Está claro que partimos con desventaja con respecto a territorios continentales y por eso es necesario cuantificar el coste de la insularidad, pero no por defecto, sino por nuestros valores. La condición de pedigüeños no puede ser la norma de conducta, porque en ese supuesto mejor llamar subvencionalismo a lo que algunos llaman nacionalismo. Si de verdad lo que se persigue es evitar que la prosperidad sea pasajera, habrá que atender a lo que decía Néstor de la Torre: «Revaloricemos lo propio, preparando nuevas fuentes de riqueza», de lo contrario toca ir a llorar a la marea.