Jaula y arco iris

8M, una huelga justa

07/03/2018

La convocatoria de una huelga de mujeres este 8 de Marzo está originando un enorme impacto mediático. Ha posibilitado que desde hace más de un mes se vengan realizando distintos e interesantes debates sobre la situación de la mitad de la humanidad, la que sigue sufriendo una brecha salarial respecto a sus compañeros masculinos, la que lleva el peso casi absoluto de las tareas domésticas y los cuidados de las personas mayores o dependientes, la que padece distintas modalidades de violencia en las calles, en los centros de trabajo o entre las paredes de sus casas. La que se encuentra muy lejos aún de alcanzar la plena igualdad.

El lema del 8M es tan contundente como cierto: «Si paran las mujeres, se para el mundo». El apoyo ha sido muy importante en sindicatos, asociaciones educativas y culturales, partidos políticos, instituciones públicas y, también, en el marco de la profesión que ejerzo: miles de mujeres periodistas –más de 6.000 en el momento de redactar este artículo- han firmado un manifiesto de apoyo a la convocatoria, en el que solicitan a todas sus compañeras a sumarse a la convocatoria de paros «en la medida de sus posibilidades y circunstancias».

En su texto destacan que todas sufren el mismo machismo que el resto de la sociedad, «precariedad, inseguridad laboral, brecha salarial, techo de cristal, acoso sexual o ninguneos, pero con las particularidades asociadas a nuestra profesión». Señalan, asimismo, que por la relevancia social del trabajo en los medios de comunicación, «mostramos también nuestra preocupación por la visión parcial de la realidad que tantas veces ofrecen los medios y en la que falta la presencia y aportaciones de las mujeres. El feminismo también es necesario para mejorar el periodismo».

No todo, por supuesto, han sido reconocimientos. La convocatoria también ha suscitado el frontal rechazo del PP y Ciudadanos. Ya Rajoy lo expresó cuando se negó a hablar de brechas salariales y cómo superarlas, que no hay que meterse en semejantes berenjenales. La vieja derecha de este país no ha estado nunca implicada en la mejora de la situación de las mujeres; la nueva parece que tampoco.

Más comprensiva con algunos de sus objetivos ha sido la Conferencia Episcopal Española. Su portavoz se ha mostrado a favor «de la igualdad de la mujer», declaración asombrosa de una de las instituciones más machistas y misóginas que, entre otras cosas, sigue sin permitir el acceso de la mujer al sacerdocio, lo que contribuye a su desvalorización social. Lo corrigió, a su modo y manera, el obispo de San Sebastián, percibiendo la influencia del demonio en las posiciones de las feministas.

Por otra parte, la brecha salarial continúa bien presente y solo es más limitada en algunos países del norte de Europa, así como en Islandia, que acaba de regular por ley la igualdad salarial entre mujeres y hombres que realizan similares trabajos. Las mujeres son las que tienen mayor precariedad y trabajos a media jornada. Es todavía pequeña su presencia entre los directivos de las grandes empresas o en la cúpula judicial.

«En España contamos desde finales del pasado año con un Pacto contra la Violencia Machista que no ha empezado a desarrollarse»

Muro infranqueable. Se ha incrementado de manera significativa su presencia en la política. Cada vez hay más mujeres al frente de alcaldías, parlamentos o -aunque el de Canarias no es muy ejemplar en este aspecto- gobiernos autonómicos. A lo que ha ayudado, sin duda, la aplicación del muchas veces cuestionado sistema de cuotas, que contribuyó a romper lo que parecía un muro infranqueable de cooptación masculina en los partidos políticos.

No todas las mujeres están insertas en el mundo laboral público o privado. Pero, eso sí, la inmensa mayoría trabaja. Aunque la sociedad siga sin percibir que las tareas domésticas, el cuidado de los niños y niñas, así como las personas mayores o dependientes, suponen un trabajo, no remunerado, sin el que sería imposible que la sociedad funcionase.

En la última EPA publicada, la correspondiente al cuarto trimestre de 2017, se señala que en España hay 18.998.400 ocupados, de los que son mujeres 8.659.100, es decir, el 45,58%. Su desempleo es, asimismo, superior: 14,97% para los hombres, 18,35% para las mujeres, más de 3 puntos de diferencia. Del total de personas en situación de desempleo, el 51,66% son mujeres.

Y, con relación a las pensiones, en España solo las cobran el 42% de las mujeres, frente al 87% de los hombres. Siendo sus cuantías notablemente inferiores, en más de un 35%, a las de los hombres. Por el hecho de haber trabajado menos años, por la maternidad y por realizar tareas fuera del mercado laboral, por tener los peores sueldos y por ser las líderes en el trabajo parcial y en la economía sumergida. La brecha en pensiones es de unos 450 euros, más elevada en el caso de las comunidades más ricas: País Vasco (660), Navarra (554), Cataluña (538) o Madrid (483); en Canarias es de 260 euros y en Extremadura de 206, las dos comunidades con más baja estructura salarial.

Violencia. Según datos de Naciones Unidas, un tercio de las mujeres «ha sufrido violencia física o sexual, principalmente de parte de un compañero sentimental. Cerca de 120 millones de niñas han sufrido el coito u otros actos sexuales forzados en algún momento de sus vidas». La ONU añade que «133 millones de mujeres y niñas se han visto sometidas a la mutilación genital femenina. Más de 700 millones de mujeres que viven actualmente se casaron siendo niñas. Prácticamente la totalidad de las 4,5 millones de víctimas estimadas de la explotación sexual forzada son mujeres y niñas».

En España contamos desde finales del pasado año con un Pacto contra la Violencia Machista que no ha empezado a desarrollarse y que incluye medidas transversales para combatir esta lacra que ha supuesto el asesinato de más de mil mujeres en los últimos quince años. Y graves ataques a la seguridad, la libertad y la dignidad de cientos de miles.

Son muchas las razones para que también los hombres nos sintamos reflejados en esta convocatoria de huelga. Lo que en ella se plantea apunta hacia un mundo de igualdad entre hombres y mujeres, de superación de las actuales discriminaciones y violencias contra la mitad de la humanidad, y, por tanto, más justo, más humano. Y en esos imprescindibles cambios en marcha les debemos mucho a la ingente tarea de las mujeres feministas que tanto han hecho, desde el sufragismo a la lucha por los derechos sexuales y reproductivos, pasando por el combate contra las desigualdades salariales o por hacer comprender el enorme valor social del trabajo doméstico y los cuidados a las personas. Denunciando la actual discriminación en los más variados ámbitos y comprometidas en la colectiva construcción de un mundo mejor. A ese mundo debemos aspirar y contribuir también los hombres.

«En España contamos desde finales del pasado año con un Pacto contra la Violencia Machista que no ha empezado a desarrollarse»

«Lo que en ella se plantea apunta hacia un mundo de igualdad entre hombres y mujeres, de superación de las actuales discriminaciones y violencias contra la mitad de la humanidad, y, por tanto, más justo, más humano».