Trbuna Libre

17 de octubre. El nuevo Renacimiento

05/04/2020
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Lingüistas del Reino de la RAE: ha sido un error intencionado. Por supuesto que los meses, en español, se escriben en minúscula (excepto si con ellos empieza una frase tras un punto modo ‘...porque nadie lo vio venir. Marzo de 2020 pasara a los anales de la historia...’). Pero cometiendo tal tropelía ortográfica, intento destacar al alza el mes en que ojalá despertemos totalmente de esta pesadilla de nombre de laboratorio. Y que del Covid volvamos del todo a la Vid-A.

Tal y como nos ilustraron, por Renacimiento nos referimos a un vastísimo movimiento cultural que aconteció en Europa durante los siglos XV y XVI, y que se constituyó en casi puente de plata entre una oscura Edad Media y una deslumbrante Edad Moderna, con Florencia, Italia, como cuna y epicentro de la explosión de todo tipo de artes, de ciencias, de filosofías, de literaturas,..., fruto todo ello de la difusión de las ideas del Humanismo. Ideas que determinaron una nueva concepción del Hombre y del Mundo.

Humanismo. O (más) Humanidad. Justo en lo que –una vez salvaguardada la salud- seguro más pensamos usted y yo en nuestro actual escenario de pandemia mundial motivada por el coronavirus: que una vez superada esta crisis sanitaria, la vida y sus prioridades, los conceptos, los valores, los criterios,..., nunca volvern a ser los mismos. O al menos no debieran serlo muchos de ellos. Especialmente los que giran en torno al ego yomimeconmigo y que, pangolines aparte, nos han llevado hasta aquí.

Porque si ni siquiera durante este duro trance sanitario y socioeconómico somos capaces de reflexionar concienzudamente acerca de repensar y redefinir nuestros hasta ahora individuales y colectivos erróneos modos, actitudes y actuaciones respecto con el prójimo y con el planeta, apaga la luz y vámonos. O que caiga el meteorito cuanto antes (¿dudan ahora de esta posibilidad?) para que así se renueve el orbe en su totalidad.

La parte positiva del bicho invisible es que ha hecho visible miles y miles de solidaridades de un sinfin de personas que, afortunadamente, han entendido que de ésta salimos levantando la cabeza, observando qué necesita la persona que está a nuestro lado (o qué necesitamos nosotros de ellos), compartiendo sin tapujos ni vergüenza en qué nos necesitamos, y arrimando el hombro para tratar de superar el bache en cuestión. En este punto, no hay Fernando Simón que me discuta: la curva de la solidaridad es inaplacable, y los que a pesar de todo aplican prácticas de insolidaridad, no solo quedan retratados (que, cierto es, les da igual), sino que además caen de dicha gráfica al vacío de la irrelevancia, tal es la fuerza del tsunami solidario.

«Puede que en Canarias, por nuestra condición de región isleña alejada y ultraperiférica, podamos tener algo más de suerte en salir antes de la crisis del coronavirus»

En Canarias, y siempre después de proteger la salud de los nuestros, el mazazo socioeconómico lo causa sin género de dudas el denominado 0 Turístico (ya saben, ni un solo turista en el archipiélago con el objetivo de reducir la población flotante de las islas, la cual, hasta antes del Covid-19, duplicaba mes a mes nuestra población censada). Para con dicho 0 Turístico reducir lógicamente los riesgos de contagios múltiples entre tanta muchedumbre. Y con la desaparición temporal de la actividad turística, nuestra economía regional queda noqueada y al ralentí, a verlas venir. Anhelando recuperar más pronto que tarde esos turistas que son los glóbulos rojos que llevan el oxígeno a nuestro socioeconómico corazón isleño. Quizás calentando turísticamente algo los motores en verano, para llegar fuertes al otoño.

Puede que en Canarias, por nuestra condición de región isleña alejada y ultraperiférica, podamos tener algo más de suerte en salir antes de la crisis del coronavirus. Pero difícil será que, dada su continentalidad, los tradicionales mercados emisores de los que proceden nuestros turistas (península, Alemania, Reino Unido, Escandinavia,...) consigan derrotar al bicho al mismo tiempo que nosotros. Para luego, adems, afrontar todos la lucha contra el virus del impacto económico (capacidad de gasto) y del propio impacto anímico que te lleva a ser más temeroso en los primeros pasos de la nueva vida. Cuál bebé cuando empieza a dar sus primeros pasos.

Por esta razón, en este interin también resulta fundamental no sólo que se respete, sino que se apoye y ayude a las empresas (da igual el tamaño o su sector de actividad) y a los trabajadores autónomos. Porque si los turistas son los glóbulos rojos, empresas y autónomos son, en Canarias, las arterias y venas por las que corre la sangre del empleo de nuestra gente. Y ante determinados dislates e intentos de demonización y de acoso y derribo que, contra los mismos, vemos emanan por la chimenea ideológica del absurdo (incluso discursivo) de algún que otro actor –o actriz- político allende nuestras fronteras isleñas, FIRMEZA Y CONTUNDENCIA. En mayúsculas.

Nuestro turismo, nuestro sector servicios, nuestra economía, aún mantienen constantes vitales básicas que nos hacen ser algo optimistas. Con cautela, pero emociona recibir en estos difíciles momentos peticiones de reservas para este verano que casi está a la vuelta de la esquina; o para la próxima temporada de otoño-invierno que oficial y turísticamente hablando comienza el 01 de noviembre.

Aunque si a mí me preguntan por una fecha de referencia, y siendo conscientes de las dificultades que, por ejemplo, afrontamos dada nuestra dependencia de la conectividad aérea y a la actual paralización empresarial también de las compañías aéreas, reconozco que me ilusiona mucho pensar en el 17 de octubre, sábado.

Porque el primer sábado de la segunda quincena de octubre de cada año suele ser el día en que miles de turistas nórdicos empiezan a levantar el vuelo hacia nuestras islas cuales aves migratorias que comienzan a alejarse de los rigores invernales que sutilmente empiezan a asomarse a sus ventanas. Y ese día, en 2020, es el 17 de octubre.

Porque según el santoral católico, el 17 de octubre se celebra la onomástica de San Ignacio de Antioquia. E Ignacio significa nacido del fuego. Como nosotros, que somos fuego y lava junto al mar. Y que volveremos a renacer.

Y, sobre todo, porque el 17 de octubre es el cumpleaños de una de mis vecinas. Una de tantas de esas personas de las que hasta ahora desconocías casi existieran, más allá de cruzarte con ellas de manera física y automática. Y con la cual ahora departo (junto a otras vecinas y vecinos como expresa mi amigo Raúl Curbelo cuando imita con su gracia gaditana y socarronería canaria al actual alcalde de Las Palmas de Gran Canaria) casi diariamente cuando a las 19.00 nos asomamos felizmente a las ventanas a saludarnos y a aplaudir como se merecen -aunque no nos oigan- a todo el personal sanitario sin excepción y a todos aquellos otros profesionales institucionales o no que, bien velan por nuestra seguridad, bien nos asisten en cuestiones vitales básicas.

17 de Octubre. Un nuevo Humanismo. Un nuevo Renacimiento. Un anhelo.