Imagen de la campaña en change.org. / C7

130.000 firmas y aumentando

«A cierta edad cuesta asumir transformaciones en nuestros usos y costumbres. Y cuando al fin entras y pasas por el aro, no siempre es acertando a las primeras de cambio»

José Ramón Sánchez López
JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ LÓPEZ

Se llama Carlos San Juan y va camino de ser octogenario. Desde hace días protagoniza una campaña en change.org para reclamar que las entidades bancarias se ajusten a las necesidades de «las personas mayores como yo», justifica. Al mediodía de este pasado viernes ya había conseguido contar con más de 130.000 firmas de apoyo.

El lamento del señor San Juan tiene que ver con los cambios que se han venido dando en no muchos años en las sucursales, cada vez en menor número y peor dotadas de capital humano. «No todos nos entendemos con las máquinas», se queja, añadiendo que «en los pocos sitios donde queda atención presencial, los horarios son muy limitados». Como consecuencia, «cada vez más, para trámites sencillos, te exigen usar tecnologías complejas que muchos no sabemos utilizar».

Le pasa a muchos. A cierta edad cuesta asumir transformaciones en nuestros usos y costumbres. Y cuando al fin entras y pasas por el aro, no siempre es acertando a las primeras de cambio. Es común tener la sensación de que te quedan aspectos pendientes o la percepción de que se pueden aprovechar de uno.

La banca electrónica es una herramienta muy útil, a poco que tengas algo de dominio telemático. Pero tiene, y así será por largo tiempo, el inconveniente de ser desalmada. Siendo cercana, a la vez es distante, fría. Y si no sabes cómo valerte con ella, inútil. De este modo, lógico que pueda causar frustraciones.

En España, según valoraciones del INE, puede haber como 10 millones de habitantes que ya han rebasado la frontera de las 65 primaveras. Y me atrevo a aventurar que resultan mayoría los que viven con desasosiego el vínculo con su banco. En tiempos fue tendencia guardar los ahorros bajo el colchón, en buen grado porque era de fiar. Así las cosas, banca telemática, por supuesto; pero con humanidad.