Almudena Grandes Escritoras y vírgenes

Me imagino de aquí a unos días montándome en un taxi en la estación de trenes Almudena Grandes y pidiendo al conductor que me lleve a la biblioteca Almudena Grandes

Pío García
PÍO GARCÍA

A mí me parece bien que todas las cosas lleven el nombre de Almudena Grandes. Era una gran escritora y una mujer comprometida y alegre. Yo fui uno de sus primeros lectores, con aquellas Edades de Lulú que tanto impacto tuvieron en los años noventa, y luego he seguido con atención su carrera literaria y periodística. Hubiera matado por escribir alguna de sus columnitas. Encuentro, si acaso, algún problema logístico en esta afición almudenista que de repente nos ha entrado. Me imagino de aquí a unos días montándome en un taxi en la estación de trenes Almudena Grandes y pidiendo al conductor que me lleve a la biblioteca Almudena Grandes, que está en la calle Almudena Grandes a pocos pasos del parque Almudena Grandes y justo al lado del centro cívico Almudena Grandes, donde acaban de poner el busto de Almudena Grandes.

Podríamos, ya puestos, proponer cambiar el nombre de Madrid por el de Almudenagrandesópolis, iniciativa que tal vez no triunfe, pero que nos deparará grandes momentos de diversión en el Parlamento cuando la Ayuso se invente alguna virgen o alguna santa con ese nombre y ponga a todos los diputados del PP a rezarle rosarios.

Lo malo de esta afición tan obsesiva es que puede dar la impresión de que Almudena es la única escritora que ha habido en España o, peor aún, de que ciertos políticos solo se han leído un libro y da la casualidad de que era suyo. Así que desde esta modesta columna me permito señalarles otros nombres, algunos casi olvidados, todos de mujer y ninguna virgen: Carmen Martín Gaite, Elena Quiroga, Carmen Conde, Carmen Laforet, María Lejárraga, Ana María Matute, Rosa Chacel, María de Zayas, Adelaida García Morales...