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Juan Carlos
Arde la carabela, languidece la ciudad capital

Arde la carabela, languidece la ciudad capital

Y si este es el 'océano de patrimonio' que algunos pretenden dejarnos para el futuro, viremos de rumbo. Ya

David Morales

Secretario ejecutivo autonómico de Turismo del Partido Popular de Canarias

Miércoles, 24 de mayo 2023, 23:08

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Amanece Las Palmas de Gran Canaria, en particular, y Gran Canaria, en general, con la noticia corriendo cómo la pólvora –triste símil- por medios de comunicación y redes sociales: «Arde la réplica de La Niña en el parque de Santa Catalina'.

La noticia no sólo es triste. Las fotografías no sólo duelen. El vídeo no sólo produce dolor. No. Sino que, todo ello en sí, provoca rabia, indignación, vergüenza. Individual y colectiva. Seas de aquí o de allá.

El abandono continuado de la capital de Gran Canaria, novena ciudad de España, llevado a su máxima expresión y simbolismo. Justo en una de las dos puertas principales de llegada de visitantes a la isla, el muelle de cruceros, de nuestro Puerto de la Luz y de Las Palmas. Justo en el corazón del espacio, quizás, más simbólico –junto a Triana- de nuestra ciudad. Donde los de aquí celebramos, felices, los carnavales; dónde recibimos, ilusionados, a los Reyes Magos; dónde la ciencia se manifiesta, se aprende y se toca a través del Museo Élder.

Puerta turística de entrada que –al igual que en el entorno de nuestra otra 'puerta', el aeropuerto- ya de por sí venía presentando una imagen deplorable de suciedad; asfalto parcheado sólo a última hora por la proximidad de las elecciones; un otrora centro comercial símbolo de modernidad, venido a nada, por dentro y por fuera, en espera de un posible mejor futuro; e indigentes «forzosamente trasladados» desde la base de la pasarela Onda Atlántica, hasta otras zonas del parque de Santa Catalina. Entre ellas, a La Niña.

Ciudad capital que presume orgullosa, cada mes de junio, de su noche y hogueras de San Juan, observando ahora, perpleja, la llama de la indecencia. La indecencia de un metafórico piche alquitranado, silencioso pero visible, que ha ido impregnando de esa palpable suciedad, abandono, caos y dejadez esta nuestra querida ciudad capital de Las Palmas de Gran Canaria.

La ciudad –y la isla- que quiere ser sede del Mundial de Fútbol 2030 en caso de que España sea finalmente elegida por la FIFA país anfitrión. La ciudad que ha aspirado, y aspira, a ser Capital Europea de la Cultura. La ciudad que quiere seguir siendo meca del cine nacional e internacional. La ciudad que quiere, de verdad, volver a ser de Primera. En lo futbolístico, lo social, en lo económico, en lo pulcro y en lo higiénico.

La ciudad, mi ciudad, que, sin embargo, languidece incomprensiblemente, en lo material y en lo sensorial, bajo el síndrome de Diógenes. Con la permisividad de unos y la inacción de otros. Esa La Niña (III) ahora calcinada, mostrada en lpavisit.com como «atractivo» de la ciudad, cuando se sabía desde meses la okupación que le afectaba.

Carabela réplica amadrinada en su momento por la Reina Doña Sofía. Y que, al mando del capitán Carlos Etayo, repitió en 1992 la gesta de Cristóbal Colón. Luego expuesta -antes de su llegada a nuestra isla en el año 2000, gracias a la Fundación Mapfre- con orgullo y éxito en la Exposición Internacional de Lisboa de 1998. Una Expo'98 que llevaba por lema 'Los océanos, un patrimonio para el futuro'.

Si esto no es tirar la cultura y el arte 'por la borda', que alguien me despierte. Si esto es estar 'en buenas manos', apaga la llama y vámonos. Y si este es el 'océano de patrimonio' que algunos pretenden dejarnos para el futuro, viremos de rumbo. Ya. Sin más tiempo que perder.

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