La cobra

Alba Carballal
ALBA CARBALLAL

Aprendimos lo que es 'hacer una cobra' allá por el 2016, durante el reencuentro de los concursantes de la primera edición de Operación Triunfo, cuando David Bisbal apartó la boca de su exnovia Chenoa de la suya en el momento álgido de su interpretación de 'Escondidos', el tema que en 2001 se convirtió en todo un símbolo de su historia de amor. Desde entonces, parece que los españoles —como si fuésemos esos gatos que se vuelven virales en las redes por el susto que se llevan cuando sus dueños les colocan un pepino detrás— nos hemos acostumbrado a ver cobras por doquier: las vemos en programas de puro mamoneo, como 'La isla de las tentaciones', 'First Dates' o 'La casa de los secretos'; pero también entre los muros de nuestros propios hogares, en esos bares que todavía frecuentamos y, si me apuran, hasta en la cola de la panadería.

Por supuesto, los políticos tampoco se libran de esta tendencia. Los últimos en apuntarse a la estela marcada por el muchacho resacoso del 'contigo no, bicho' han sido Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado, quienes han protagonizado un momento incómodo en la presentación del libro de Mariano Rajoy, 'Política para adultos'. Las cámaras registraron lo que pareció un intento desesperado, por parte de la presidenta de la Comunidad de Madrid, de no posar junto al líder de su partido en una fotografía. Hay quien apunta que no fue una verdadera cobra, sino una mera cuestión de protocolo. El asunto ha traído tanta cola que hasta el expresidente del Gobierno ha tenido que pronunciarse en 'El hormiguero': «El culpable fui yo». En el fondo, da igual quién tenga la culpa. Lo importante es si les restan unos minutos, entre cobra y cobra, para ponerse de acuerdo en algo.