La lucha contra el coronavirus

Sánchez se juega la legislatura en la aprobación de los Presupuestos

06/06/2020

Intenta conciliar el apoyo de los socios de la investidura con el de Ciudadanos porque teme un nuevo desplante de Esquerra Republicana.

Pedro Sánchez entra ahora en la fase 4 de la desescalada, la de los Presupuestos de 2021. Un reto que no tiene el rango dramático de la pandemia, pero comporta un riesgo político mayor. Si no consigue sacarlos adelante este otoño estaría casi abocado a convocar elecciones generales porque la alternativa de prorrogar una vez más las cuentas públicas que elaboró Cristóbal Montoro para 2018 no se contempla.

Descartada la colaboración del PP, la apuesta del presidente del Gobierno es contar con el apoyo de los partidos que en enero votaron a favor de su investidura con el añadido de Ciudadanos. Una combinación difícil porque la presencia de los liberales incomoda a los socios de Sánchez.

Ni Esquerra ni los naranjas se ven juntos en el mismo proyecto; en Unidas Podemos hay debate sobre la colaboración con los de Inés Arrimadas; en el PNV también preferirían que se quedaran fuera aunque sus enfoques económicos puedan ser coincidentes; Ciudadanos quiere incluir al PP en el acuerdo y tampoco quiere a nacionalistas e independentistas como compañeros de viaje. Muchos condicionantes.

Sánchez y sus ministros repiten que su proyecto político es «para cuatro años» y se muestran convencidos de que agotarán la legislatura. El Gobierno ha activado su agenda social como muestra de sus intenciones y el pasado martes aprobó el anteproyecto de ley de residuos. En el próximo Consejo de Ministros dará luz verde al proyecto de protección de la infancia y la adolescencia.

Pero Pablo Casado atesora la convicción de que las elecciones generales están a la vuelta de la esquina. «Su Gobierno pende de un hilo», advirtió a Sánchez en el último debate parlamentario. El líder del PP tenía en mente los Presupuestos Generales del Estado y la imposibilidad, a su entender, de aprobarlos porque el Gobierno no va a encontrar solución para los vetos cruzados de los potenciales aliados.

La ministra de Hacienda ha anunciado que serán unos Presupuestos de reconstrucción nacional con un crecimiento sobresaliente del gasto público para afrontar las secuelas económicas y sociales de la pandemia. Un esfuerzo que requiere la implicación de «todos». María Jesús Montero, a pesar de las intenciones inclusivas, no miraba al PP, se dirigía Ciudadanos. En la Moncloa no se fían de Esquerra Republicana y no descartan que vuelva a dejar tirado al Gobierno con las cuentas como hicieron en 2019 y precipitaron el adelanto electoral de abril del año pasado.

El exeurodiputado socialista Ramón Jáuregui defiende que el apoyo de los republicanos dependerá «de la política territorial» de Sánchez y no de los argumentos presupuestarios. En otras palabras, estará supeditado a comprobar hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno en el conflicto catalán. La reactivación de la mesa de diálogo con la Generalitat en julio se da por descontada, pero no será suficiente si no hay avances.

«Sin mesa de negociación, no hay legislatura», avisa siempre que puede el portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufián. El problema para Sánchez es que los republicanos, inmersos en una batalla electoral sin cuartel en Cataluña con Quim Torra y JxCat , van a subir el listón de sus demandas soberanistas a niveles de complicada satisfacción.

Con el PNV, Sánchez, una vez recosida la relación tras el sofoco del pacto del PSOE con EH Bildu, cree haber recuperado el clima de colaboración. Además, el hecho de que los nacionalistas estén condenados a gobernar con los socialistas tras las elecciones del 12 de julio en el País Vasco contribuye a engrasar la complicidad.

Debate en Ciudadanos

Pero contar con la colaboración de Ciudadanos se antoja una tarea más compleja. «No somos socios del Gobierno», arguye con rotundidad su portavoz, Edmundo Bal, lo que no ha sido óbice para que haya apoyado las tres últimas prórrogas del estado de alarma. Pero los Presupuestos son otro cantar. En las filas liberales hay debate. Mientras el líder de sus eurodiputados, Luis Garicano, defiende «dar pasitos hacia los Presupuestos pactando medidas concretas», en el entorno de Arrimadas no ven esa aproximación. «Queremos unos presupuestos de reconstrucción con 221 votos a favor», es decir con el PP en el acuerdo, afirman dirigentes próximos a la líder del partido.

Detrás de estos condicionantes está la firme negativa a formar parte del mismo bloque con Esquerra pero también con Unidas Podemos. Con los independentistas catalanes es cuestión de principios y de elecciones en Cataluña. Con los morados el antagonismo también es total y, además, en los Presupuestos sus enfoques están en las antípodas. El recelo es mutuo, y aunque en el partido de Pablo Iglesias hay dirigentes abiertos a colaborar con Ciudadanos, como los ministros Yolanda Díaz y Alberto Garzón, ambos de IU, su postura es minoritaria porque el sentir mayoritario es muy refractario hacia los liberales.

Así las cosas, Sánchez se enfrenta a un tablero endiablado para cimentar una mayoría favorable a los Presupuestos. Tiene, primero, que poner orden en el Consejo de Ministros. Después, debe convencer a nacionalistas e independentistas de que planteen demandas razonables. A continuación, necesita consolidar el acercamiento de Ciudadanos. Y, por último, hay que cuadrar unas cifras que sean aceptables para Bruselas. Tiene tres meses.