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Cumbre de la OTAN de Madrid 2022 ¿Puede la OTAN caminar y mascar chicle a la vez?

MIRA MILOSEVICH Investigadora principal de Real Instituto Elcano

La Alianza Atlántica se ha reinventado gracias a la invasión rusa de Ucrania, que le ha devuelto su razón de ser, y ello a pesar de que Donald Trump la tildó de «obsoleta» y Emmanuel Macron le diagnosticó la «muerte cerebral». La OTAN se fundó en 1949 para contener a la Unión Soviética, y ahora, otra vez, 73 años después, tras un breve período en el que Rusia y la OTAN no han sabido cimentar una relación constructiva (1997-2014), la Alianza se enfrenta a un nuevo expansionismo ruso, pero con una diferencia importante: los países que durante la Guerra Fría formaban parte del Pacto de Varsovia o, incluso, como los Países Bálticos de la Unión Soviética, son actualmente miembros de la Alianza Atlántica, hecho este que fortalece a la OTAN, pero que también le impone insólitos desafíos de seguridad.

En la cumbre de Madrid, los jefes de Estado y gobierno de los países miembros tomarán decisiones para fortalecer la seguridad y defensa del flanco oriental de la Alianza (del mar Báltico al mar Negro) y sobre cómo garantizar la disuasión y proteger los países más vulnerables a una hipotética agresión rusa. En resumen: adoptarán un nuevo concepto estratégico.

¿De qué se trata? Consiste en un documento cuyo texto es resultado de arduas negociaciones, toda vez que los países miembros no comparten la misma percepción de los riesgos, peligros y amenazas para su seguridad nacional. Cualquier concepto estratégico debe ofrecer un diagnóstico acerca del entorno geopolítico internacional, identificar las principales amenazas y retos para la seguridad del área euroatlántica, y proponer medidas para hacerles frente.

En este sentido, la guerra en Ucrania nos enfrenta con un «enemigo íntimo», con Rusia, cuya agresión hace tambalearse la arquitectura de la seguridad y defensa europea creadas después del final de la Guerra Fría, pero también, paradójicamente, fortalece la relación transatlántica. Sin embargo, el futuro de dicha relación y de la propia Alianza dependerá de otros factores: de su capacidad para «caminar y mascar chicle a la vez».

La principal tarea de la OTAN, desde su fundación, ha sido garantizar la seguridad y defensa de los países ubicados en la cuenca atlántica. Y esta seguirá siendo su principal función. Para desempeñarla con éxito, es fundamental que la Unión Europea desarrolle su autonomía estratégica en coordinación con la OTAN, y permita así, no solo disminuir su dependencia de EEUU, sino, además, facilitar a estos afrontar el desafío más urgente que se les plantea: la rivalidad con China en el área del Indopacífico y en otras zonas del mundo.