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Sánchez comparece este viernes en Bruselas tras particpar en el Consejo Europeo. AFP
La trifulca por la ley trans enturbia a Sánchez una semana que preveía triunfal

La trifulca por la ley trans enturbia a Sánchez una semana que preveía triunfal

El jefe del Ejecutivo ha visto encarrilados los Presupuestos y ha afilado su perfil de actor europeo pero en su casa ha estallado un fuego que creía tener controlado

Sábado, 22 de octubre 2022, 23:05

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Pedro Sánchez va camino de ganarse el título de desactivador de bombas. Pero los socialistas han vuelto a constatar esta semana que la tarea de un 'Tedax' nunca acaba. Prácticamente al mismo tiempo que, apoyado en dos de sus principales ministros -el de Presidencia, Félix Bolaños y la de Hacienda, María Jesús Montero- avanzaba en los complicados acuerdos para garantizar que sus principales socios, ERC, PNV y Bildu no enmendarían a la totalidad los Presupuestos Generales del Estado, el presidente del Gobierno se topó en su propia casa, el PSOE, con un material explosivo que, sin ser nuevo, creía haber neutralizado hace meses.

La enorme trifulca entorno a la 'ley trans', que el pasado 6 de octubre superó su primer filtro parlamentario, ha logrado enturbiar la que para el Ejecutivo había sido una semana de buenas noticias y no solo porque cada vez se ve más cerca el objetivo de blindar la legislatura con la aprobación de las terceras Cuentas públicas de su mandato.

Sin lograr exactamente sus objetivos de que Emmanuel Macron acepte reanudar las obras del Midcat – la infraestructura que permitiría conectar España con Francia a través de los Pirineos y que ayudaría a que nuestro país se convierta en un 'hub' del gas y el hidrógeno en Europa– y sin que la UE haya decidido extender la 'excepción ibérica' a los Veintisiete, consideran que Sánchez ha logrado transmitir que es un actor relevante en Bruselas. El presidente francés aceptó este jueves crear una conexión marítima alternativa que unirá Barcelona con Marsella y Alemania terminó por abrirse en el Consejo Europeo a una fórmula para poner un límite a los precios del gas para la electricidad.

Eso explica la intervención directa de Moncloa para intentar aplacar la bronca interna, descorchada con la carta de renuncia a la militancia del PSOE de la primera diputada transexual, Carla Antonelli, por las supuestas maniobras dilatorias de su partido para que la norma decaiga.

La dirección socialista se apresuró primero a negar que su intención sea obstaculizar la tramitación pese a haber votado a favor de una ampliación del plazo de enmiendas y el jueves fue un paso más allá al aclarar que no presentará enmiendas al asunto nuclear y más polémico del texto, el de la autodeterminación de género, sino solo a la equiparación de la violencia intragénero a la violencia de género. Con ese movimiento, dio por zanjada la discusión. Pero no hay garantías plenas de que las aguas vayan a permanecer tranquilas.

Las discrepancias son, como admiten en el partido, profundas y el caldero viene bullendo desde hace demasiados meses. Ya cuando la norma se discutía en el Gobierno entre los socios de coalición se vivieron enormes tensiones entre la ministra de Igualdad, Irene Montero, y la vicepresidenta Carmen Calvo, que en línea con el feminismo clásico, alertaba contra los riesgos de permitir que el género pueda decidirse «sin más que la voluntad o el deseo». «Me preocupa que se ponga en riesgo los criterios de identidad del resto de los 47 millones de españoles», llegó a decir.

Cambio de sexo legal

Calvo, sin embargo, terminó claudicando y se cuadró ante la orden de Sánchez de dar luz verde a la iniciativa de sus socios con retoques que no afectaban a lo mollar, la posibilidad de que cambiar el sexo en el registro civil sin necesidad de informes médicos desde los doce años de edad y, en el caso de los menores mayores de 16 años sin necesidad de autorización paterna.

La vicepresidenta , destituida pocos meses después, negó que hubiera perdido ninguna batalla. Incluso afirmó que el texto aprobado por el Consejo de Ministros era «equilibrado y razonable» y representaba a todo el Gobierno. Por eso hay quien en el movimiento feminista la tilda de traidora. Este septiembre, sin embargo, disparó con bala en una entrevista en 'El Mundo'. Aseguró que la ley es una «trampa» que «puede cargarse» toda la legislación en materia de igualdad y vaticinó que sería enmendada en la comisión parlamentaria de la que es presidenta.

En el partido admiten que no ha habido suficiente debate interno sobre una cuestión enormemente delicada. Algunos echan en falta figuras como la del ya fallecido Pedro Zerolo. «Tenía mucha autoridad, era conciliador y aunaba la lucha feminista y la LGTBi». El enconamiento ahora es tal que incluso a la Comisión Federal de Ética y Garantías, encargada de velar por el cumplimiento de los estatutos del partido han recibido denuncias cruzadas contra socialistas contrarias a la ley, como la propia Calvo; Amelia Valcárcel, miembro del Consejo de Estado, Amelia Valcárcel o la exdiputada Ángeles Álvarez, por un lado y contra el secretario LGTBI, Víctor Gutiérrez, por otro.

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