José Luis Martínez-Almeida e Isabel Díaz Ayuso / EFE

La trama de espionaje da la puntilla al idilio Ayuso-Almeida

Ambos acuerdan no ahondar en detalles para garantizar una convivencia pacífica

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDO Madrid

De aquello no queda nada. Ahora la relación que tienen es más parecida al mal rollo que en su época acabaron teniendo Esperanza y Gallardón». Las dos frases, casi expresadas de forma idéntica, las repitieron el pasado jueves con unas horas de diferencia un alto responsable del Gobierno de Madrid y una jefa de uno de los departamentos del Ayuntamiento de la capital de España. El idilio político entre Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida, que ya comenzó a hacer aguas a mediados de 2021, se ha terminado de romper a principios este 2022, según confirman todas las fuentes cuentes consultadas (pertenecientes a ambos 'bandos').

La puntilla que ha acabado con este tándem que parecía indestructible -coinciden desde ambas partes- ha sido la supuesta trama de espionaje orquestada desde el Ayuntamiento de Madrid para conocer detalles de las cuentas del hermano de Ayuso y determinar cuál fue su participación exacta en la adjudicación del famoso contrato de 1,5 millones de euros para traer mascarillas de China.

LAS CLAVES:

  • Intima amistad. En enero de 2019, cuando Casado les propuso de candidatos, ambos se hicieron inseparables

  • Deterioro. La relación comenzó a empozonarse el pasado año según crecían sus figuras políticas

  • Incompatibles. las versiones de ambos sobre el espionaje son totalmente irreconciliables

«Los últimos lazos de amistad entre ambos se han roto» -insisten tanto desde Sol como desde Cibeles- después del presunto intento de contratar a través de una empresa municipal a un detective para someter a escrutinio a Tomás Díaz Ayuso. Una maniobra de la que la presidenta acusó a la dirección nacional del PP y que le ha costado la cabeza a Pablo Casado, «pero de la que todavía no ha aparecido ninguna prueba», recuerdan desde el consistorio. Eso sí, con la boca pequeña.

Y es que en el Ayuntamiento hay órdenes de «no remover más el tema del detective». O lo que es lo mismo: intentar echar tierra a la polémica del espionaje porque insistir en ese asunto no hace más que poner de relieve que las versiones de Ayuso y Almeida son «incompatibles» y que alguno de los dos miente.

«Descartado»

La cuestión es que en el equipo del alcalde, a pesar de todo, mantiene a capa y espada que varias semanas de investigación exhaustiva en el seno de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo (EMVS) han «descartado totalmente» que desde esa entidad se tratara de encargar a la agencia de detectives Mira espiar al hermano de Ayuso, tal y como sostiene el entorno de la presidenta. El propio alcalde ha llegado a afirmar en el Pleno del Ayuntamiento que ni siquiera se «contactó» desde la EMVS con Julio Gutiez, el director de Mira.

Y el problema es que esa supuesta trama de espionaje que Almeida niega tajantemente que existiera es la que ha servido a Ayuso para pedir (y conseguir ) cortarle la cabeza a Pablo Casado y a sus más cercanos colaboradores. Así las cosas, una palabra más alta que otra y la guerra entre los líderes de dos de las instituciones municipales y autonómicas más importantes de España podría desatarse.

«Por eso lo de no remover. Y dejar las cosas como estaban, que tampoco es que estuvieran ya muy bien», revelan durante un café en las cercanías de Cibeles. En la sede de Sol confirman que la relación que ahora se ha reducido a «exclusivamente institucional» comenzó a torcerse después de que Ayuso barriera en las autonómicas de mayo de 2021 y la presidenta redoblara su órdago a Casado para presidir el PP madrileño en detrimento de Almeida. Dicen que fue entonces cuando cesaron los whatsapps cómplices y los guiños en las redes sociales en los que se llamaban cariñosamente entre ellos «partners».

«Almas gemelas»

El auge de sus figuras políticas (uno como el «alcalde de España» y la otra como «el azote de Sánchez») ya había hecho imposible que siguiera adelante ese romance que surgió en enero de 2019, cuando Casado apostó por ellos -dos auténticos desconocidos pero de su absoluta confianza -como candidatos a la Comunidad y al Ayuntamiento de Madrid. Dicen que ambos, inseguros ante los retos a los que se enfrentaban, se convirtieron en «almas gemelas», apoyándose y animándose mutuamente.

De aquel «entendimiento fraternal» ahora no queda -reconocen unos y otros- más que la voluntad de no «perjudicarse mutuamente» removiendo la supuesta trama de espionaje, lo que daría alas a la oposición, que está empeñada en que este asunto no se entierre y que ha conseguido promover una comisión de investigación en el consistorio. «Del idilio se ha pasado a un pacto para la convivencia pacífica», concluye la persona que apura el café a las puertas de Cibeles.