Quim Torra, presidente de la Generalitat. / Efe

Torra sitúa a la cúpula de la Iglesia entre los enemigos del 'procés'

El presidente catalán y Carles Puigdemont cargan contra el cardenal Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de los obispos españoles

CRISTIAN REINO Barcelona

El independentismo ha situado a la jerarquía de la Iglesia católica como enemiga del 'procés'. España, según la reducción simplista de los soberanistas, son «togas rancias», (expresión de Gabriel Rufián), la Corona y la Iglesia católica. La santísima trinidad de la ofensiva independentista.

El secesionismo había tenido desencuentros con la cúpula católica durante los momentos más tensos del 'procés', pero esta semana ha cargado con todo, especialmente contra el arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Joan Josep Omella. La batalla viene de lejos y un joven Jordi Pujol ya peleaba en los años sesenta del siglo pasado para que en Cataluña los obispos fueran catalanes. Omella es aragonés.

Cuatro imágenes ilustran el conflicto. El pasado 20 de julio, los Reyes fueron recibidos por los monjes del monasterio de Poblet. En un momento en que el jefe del Estado no es bienvenido por el independentismo en sus visitas a Cataluña, unas de las reservas espirituales del catalanismo acogía a Felipe VI en su gira autonómica. Días después, la Consejería de Justicia publicaba un informe sobre los bienes inmatriculados de la Iglesia católica en Cataluña. Un listado que el Gobierno no se ha atrevido aún a publicar a nivel estatal y que concluye que la iglesia católica ha inscrito 3.722 inmuebles a su nombre en Cataluña, sin ningún título que acredite su propiedad, entre los años 1946 y 2015. Tercera instantánea, Carles Puigdemont carga en su reciente libro contra el arzobispo de Barcelona por el papel que desempeñó como mediador en octubre de 2017. «No se comportó como un hombre de Iglesia. Se comportó como un hombre de Estado. Y esto me parece inaceptable», según el expresidente de la Generalitat. «En relación con los presos políticos, en relación a todos nosotros y al sufrimiento de nuestras familias no ha sido la un cristiano ejemplar», dijo en TV3.

Quim Torra también salió a la palestra para atacar al cardenal Omella. «Se ha olvidado estos años de los derechos fundamentales de la Constitución y de los derechos humanos, que protegen la libertad de expresión, manifestación y de concentración», dijo. «Me parece muy bien que Omella apele a la libertad de culto religioso, pero lamento que no haya levantado la voz contra la represión en Cataluña ni una vez», remató.

Multa por el funeral

El Govern completó la ofensiva abriendo un expediente sancionador (cuarta imagen) contra el Arzobispado de Barcelona por el funeral celebrado el domingo pasado en recuerdo de las víctimas de la pandemia en la Sagrada Familia. El Arzobispado de Barcelona no se mordió la lengua e hizo pública una nota muy dura en la que anunció acciones legales contra la arbitrariedad y la indefensión que sufren el derecho a la libertad religiosa y a la libertad de culto, constitucionalmente protegidos. La misa oficiada, a la que acudieron 150 personas, estaba expresamente prohibida por superar las diez personas como máximo en las reuniones y las ceremonias religiosas, según una resolución aprobada por el Govern para combatir la pandemia.

Curiosamente, todos los líderes relevantes de Cataluña son de profundas convicciones católicas: es el caso de Torra, Puigdemont y Oriol Junqueras, que siguen la tradición religiosa de Artur Mas y sobre todo Pujol, promotor en 1967 de la campaña «queremos obispos catalanes».

En el independentismo, para entender mejor la guerra contra la cúpula católica, siempre han defendido la teoría de que durante siglos los obispos catalanes, elegidos desde fuera, actuaron como virreyes para el control castellano de Cataluña. A Omella, turolense, no se le perdona que tras el 1-O no se pusiera del lado secesionista. Lo mismo ocurrió con las empresas y también fueron incluidas en las listas de malos catalanes. Omella, encima, ocupa la cúpula eclesial española.

Pero en Cataluña hay también obispos que han apoyado con ahínco el 'procés'. La Iglesia, como la sociedad, está dividida. Entre los más fervientes defensores de la causa secesionista están el abad de Montserrat, la otra reserva espiritual de los católicos catalanes, y los obispos de Tarragona, Girona, Solsona y la Seu d'Urgell, entre otros.