Pedro Sánchez, reunido este míércoles con el gabinete que sigue la crisis afgana. / EFE

Los socios evitan que Sánchez explique en el Congreso la crisis afgana

Las intervenciones de los portavoces apuntan a una segunda mitad de la legislatura tan bronca como la primera

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁN Madrid

No hubo sorpresas y Pedro Sánchez no deberá explicar en el Congreso su gestión de la crisis afgana. El bloque de la mayoría gubernamental dejó a un lado sus rencillas y rechazó una tras otra las peticiones de comparecencia del presidente del Gobierno y de diez de sus ministros. Solo dio vía libre a las tres que ya había anunciado que aceptaría, las de los titulares de Transición Ecológica, por la escalada del precio de la luz, de Asuntos Exteriores, por la evacuación de Kabul, y de Sanidad, por la campaña de vacunación.

La reunión de la la Diputación Permanente del Congreso sirvió para abrir boca de lo que va a ser la segunda mitad de la legislatura y no se va a diferencias delo que ha sido la primera. Bronca por todo y colaboración en nada. No participaron los primeros espadas parlamentarios, pero los subalternos hicieron méritos. Solo estuvo un rato en la reunión la portavoz del grupo popular para afear a Sánchez su alergia al Parlamento y su negativa a debatir los «problemas» que preocupan a los españoles. Cuca Gamarra se excedió un poco porque en la agenda figuraban la gira empresarial en julio del presidente por Estados Unidos, la OPA del fondo australiano IFM sobre Naturgy, la transferencia de la formación sanitaria especializada a Cataluña, la denegación de las solicitudes de nacionalización a descendientes de judíos sefardíes o las relaciones con Nicaragua. Asuntos que, sin negar su relevancia, no parece que quiten el sueño a los ciudadanos.

Fue una primera toma de contacto tras el receso veraniego y algunas chispas saltaron. Por ejemplo, en el debate sobre el fallo del Constitucional contra la declaración del estado de alarma para afrontar la pandemia. Los populares, aunque lo apoyaron en tres oportunidades, como recordaron los socialistas, cargaron con todo contra el Gobierno. Se dio la chusca circunstancia de que en el Parlamento de Galicia se producía al mismo tiempo un debate similar con los papeles cambiados. El PSOE pretendía que el presidente de la Xunta acudiera a la Cámara ante la anulación judicial de la obligatoriedad del pasaporte covid para entrar en bares y restaurantes. El PP lo impidió con un razonamiento espejo al empleado por los socialistas para evitar que Sánchez respondiera ante el Congreso por el varapalo del Constitucional.

También subió la temperatura con la reunión de la comisión bilateral Estado-Generalitat celebrada a principios de agosto, y en la que, según la oposición, el Gobierno se arrodilló ante los independentistas con concesiones inconfensables. Las acusaciones al Ejecutivo eran gruesas hasta que la diputada de Vox Mireia Borrás caldeó los ánimos de verdad al afirmar que «hoy (Federico García) Lorca votaría a Vox porque amaba España». Murmullos y protestas veladas hasta que el diputado de Podemos Txema Guijarro levantó la voz: «Vosotros lo matásteis». Ni uno ni otra atendieron los requerimientos del presidente de la Diputación Permamente para retirar sus frases. «A palabras necias, oídos sordos», terció la socialista Susana Ros y se recondujo la sesión.

«Que hablen los que saben»

El capítulo de la subida de la factura eléctrica también deparó momentos tensos y críticas desabridas. Hasta que el representante de Compromís Joan Baldoví buscó zanjar el asunto con una comisión de investigación que determine las razones de la subida del precio para que «hablen los que saben. No los políticos». Se hizo un breve silencio.

El que debía ser asunto estrella de las seis horas ininterrumpidas de debate, la comparecencia del presidente del Gobierno por la gestión de la crisis en Afganistán, pasó casi sin pena ni gloria. El portavoz popular, Pablo Hispán, reprochó a Sánchez que «se encondiera» en la residencia de la Mareta, en Lanzarote, y habló de «caos político y administrativo, imprevisión y tardanza». En definitiva, «un despropósito» por el que debe rendir cuentas y no parapetarse tras el ministro de Asuntos Exteriores. Hispán no lo hizo, pero hubo quien sacó a colación las ya famosas alpargatas playeras del presidente como síntoma de «frivolidad».

El diputado del PNV Aitor Esteban dijo, sarcástico, que no se explicaba el empeño de la oposiciñon en que Sánchez comparezca para hablar de Afganistán porqe «solo le va a servir para lucirse». Aunque para el portavoz de Vox todo ha sido «un desastre» y alertó del peligro para la seguridad nacional porque «las bolsas de refugiados son caldo de cultivo terrorista».