El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / efe

Sánchez evita dar un portazo a ERC con la malversación en una semana decisiva

Feijóo pasa al ataque y acusa al presidente en su cara a cara en el Senado de ser «la peor pesadilla que ha sufrido España»

PAULA DE LAS HERAS | MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

No una, dos ocasiones tuvo este martes Pedro Sánchez para cerrar de una vez por todas, como esperaban muchos en su partido, el debate sobre la posibilidad de añadir a la supresión del delito de la sedición en el Código Penal la rebaja de las penas correspondientes a la malversación, otro de los principales delitos vinculados por los tribunales al 'procés'. Alberto Núñez Feijóo aprovechó su segundo duelo en una sesión de control en el Senado desde que se inició este curso político para apretar al presidente del Gobierno, entre otras, con esa cuestión. Y no obtuvo más respuesta que la reivindicación de su política. «El Gobierno de España va a continuar avanzando en esa hoja de ruta -advirtió incluso- para la reconciliación».

Así como la inmensa mayoría del PSOE ha acabado aceptando -con algunas excepciones como las de los presidentes de Castilla- La Mancha y Aragón, Emiliano García-Page y Javier Lambán- que, pese a ser controvertido, abaratar la sedición puede tener sus ventajas y que al fin y al cabo puede ayudar, dicen, a fracturar aún más al independentismo, la reforma del delito de malversación levanta muchas más ampollas por tratarse de un delito relacionado con la corrupción. E incluso barones tan dóciles como el líder de los socialistas madrileños, Juan Lobato, se han manifestado en los últimos días abiertamente en contra de dar ese paso.

En la dirección del PSOE y en la Moncloa dan a entender que no hay nada de qué preocuparse y que esa otra reforma que exige ERC no se hará. Incluso ponen en duda que los republicanos acaben planteando una enmieda a la reforma de la sedición que este jueves pasará el debate de toma en consideración en el Congreso. Pero Sánchez, lejos de dar marcha atrás, replicó este martes a Feijóo con un ataque. Y, de hecho, de todos los temas que puso el líder de la oposición sobre la mesa, decidió centrarse en este. Quizá por dar bajonazo a otro que los socialistas consideran aún más perjudicial, el de las consecuencias de la ley del 'solo sí es sí'. «Con todo el respeto y el aprecio que le tengo: antes de dar lecciones de constitucionalidad, cumplan ustedes la Constitución y antes de dar lecciones de higiene, vengan ustedes lavados», espetó.

Vídeo. Feijóo acusa a Sánchez de corromper las instituciones. / EP

Desde Ferraz apuntan a una mera cuestión táctica. «Hay debates que no hay que matar porque acaban muriendo por sí solos», dicen. En la dirección del partido recuerdan que son varios los socios que han mostrado su rechazo a reformar la malversación: el primero, a diferencia de sus coaligados de En Comú, Podemos. También Compromís, que como Lobato en Madrid, centra su actividad política en una comunidad, la valenciana, que se ha visto castigada por muchos casos de corrupción protagonizados por el PP.

Cruce de reproches

Aunque ERC insiste en que habría que hacer una reforma quirúrgica, que afecte solo a la malversación ligada a la sedición, la experiencia de la ley de garantía integral de la libertad sexual prueba que no siempre es tan fácil acotar los efectos de las leyes al interés buscado. Pero el líder del PSOE no quiere ser quien dé portazo a la demanda de los republicanos y menos a escasos días de que fijen su posición definitiva respecto a la votación clave de los Presupuestos, que también tendrá lugar este jueves.

LAS FRASES:

  • Pedro Sánchez - Presidente del Gobierno. «Me satisface ver cómo prima la convivencia y no la confrontación. El Gobierno va a continuar avanzando en esa ruta»

  • Alberto Núñez Feijóo - Líder de la oposición. «Ojalá pudiéramos hacerle una moción de censura. La próxima vez que nos veamos en el Congreso será en mi debate de investidura»

En su lugar, Sánchez reprochó a Feijóo que no le dé el apoyo que el PSOE dio a Mariano Rajoy para aplicar en 2017 el artículo 155 de la Constitución. «Nosotros estuvimos con ustedes y ustedes no están con nosotros -alegó- porque no les interesa solucionar el problema; lo único que han hecho ha sido enfrentar territorios para tratar de sacar votos en el resto de España».

El líder del PP llegó al Senado con la lección bien aprendida. Sabía que debía hacer un discurso duro, en línea con el rosario de controversias en que lleva inmerso el Gobierno estas dos últimas semanas, y al mismo tiempo dejar claro que a él no le marca el paso nadie, ni fuera ni dentro de su partido. «A mí no me interesa ser implacable, sino ofrecer una alternativa imbatible», le dijo al presidente, reproduciendo las palabras que el diario 'El Mundo' atribuía a dirigentes populares y que le pedían ser «más agresivo». «Para insultar -recalcó- ya están ustedes».

Feijóo se olvidó en esta ocasión de la economía y se centró en los efectos nocivos de la ley de garantías de la libertad sexual, que ha «excarcelado» a violadores y que puede abaratar las penas a los nuevos agresores, y en la intención del Gobierno de «negociar el Código Penal con quienes delinquieron» contra el Estado. Su conclusión fue que el Ejecutivo «ha entrado en shock», que ha «impregnado» a las instituciones de «un barniz de indignidad» y que existe un «clamor» para desalojar a Sánchez. No obstante, el líder gallego reiteró que no presentará una moción de censura como le reclaman Vox y Cs. Ésta, vaticinó, llegará en mayo de 2023 con las urnas. «Es la peor pesadilla que ha sufrido España», aseveró.

Fueron apenas 17 minutos, pero bastaron para poner sobre la mesa el abismo que separa hoy en día a los dos principales partidos y corroborar que los puentes a estas alturas de la legislatura son irreconstruibles. «¿Dónde ha dejado su moderación? ¿En objetos perdidos con su supuesta autonomía política?», sacudió primero el presidente. Feijóo contraatacó recordando a Sánchez que se presentó antes de las elecciones como «adalid de la limpieza democrática» y, por el contrario, lo que ha hecho ha sido «intentar corromper las instituciones para ponerlas al servicio de sus socios».