Vista del hemiciclo durante la intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer en la primera sesión de la moción de censura de Vox al gobierno de coalición. / Mariscal / Efe / Vídeo: vIRGINA cARRASCO

Sánchez y Abascal se disputan el voto de Casado en un tenso debate

El líder de Vox pide convocar elecciones «libres» a fin de año, y la mayoría de los portavoces le acusan de sembrar «el odio»

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁN Madrid

Pedro Sánchez y Santiago Abascal reclamaron este miércoles a Pablo Casado que se decante. El presidente del Gobierno emplazó al PP a que «no se deje arrastrar» por la ultraderecha y recupere su lugar de «derecha tradicional y democrática». El líder de Vox le invitó a «construir una alternativa» al «Frente Popular socialcomunista en alianza con separatistas y terroristas, una mafia». Para conocer la respuesta tendrán que esperar hasta hoy, cuando se vote la moción de censura del partido de Abascal. El rechazo está asegurado, el único aliciente radica en conocer qué hará el PP: su voto puede marcar el futuro de la legislatura.

El debate de la moción deparó un pleno del Congreso tenso pero correcto. Los insultos e improperios que han dominado muchos debates apenas se escucharon ayer en el hemiciclo. La presidenta de la Cámara no tuvo necesidad de poner orden en un debate que giró poco sobre la censura y mucho sobre el pasado. Hubo amplio consenso entre quienes tomaron la palabra sobre la inutilidad de la iniciativa de Abascal. «Tomadura de pelo», dijo el secretario general del PP; «patochada», apuntó el portavoz del PNV; «fantasmada», aportó su homólogo de Más País; «pérdida de tiempo y dinero», se quejó la diputada de Coalición Canaria. Una inutilidad que para la mayoría de los portavoces solo sirvió para que Abascal dejara en hemiciclo un mensaje «de odio» .

Vídeo. Aitor Esteban, portavoz del PNV. / EP

La vacuidad política del debate no impidió que el presidente del Gobierno y el líder de Vox se emplearan a fondo, hasta con grandilocuencia, para atraer al PP a su terreno. Sánchez hizo un intento de recuperar a los populares para la causa bipartidista y que regresen a la senda pactista. «Corte con Vox y proclame -reclamó Sánchez a Casado- que la derecha española nada tiene que ver con la ultraderecha». Para eso, subrayó, «no basta con ponerse de perfil y abstenerse». Un rechazo, le animó, contribuiría al «entendimiento» futuro entre PSOE y PP.

Andalucía, Murcia y Madrid

Abascal no quiso dejarse comer la tostada: «Me toca pedirles el voto a ustedes (al PP). En sus manos está demostrar que entre todos, pese a las enormes diferencias que tenemos, se debe construir una alternativa a este desastre» de Gobierno de coalición. De paso, como quien no quiere la cosa, recordó al PP que preside los Gobiernos de Andalucía, Murcia y Madrid gracias al respaldo de Vox.

Casado no respondió porque su turno de intervención llegará este jueves. Sus colaboradores mantuvieron la incertidumbre sobre su voto y prefirieron reprochar a Vox su moción de censura porque «el único beneficiario» es el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos, mientras debilita a la oposición.

Convocatoria de elecciones

Abascal intentó cumplir con las formas de una moción de censura que implican la presentación de un candidato y un programa alternativo al presidente de Gobierno. Lo primero lo cumplió, lo segundo, no. Tiró de brocha gorda para describir una serie de medidas deslavazadas, como, por ejemplo, la reducción del gasto público mediante la eliminación del Estado de las autonomías. «A nosotros -apuntó- nos sobran 17 cámaras autonómicas». Ese dinero, añadió, serviría «para salvar las pensiones»

Además de defender «la urgencia y necesidad» de la moción de censura, se marcó un brindis al sol al ofrecerse a formar un Gobierno «reducidísimo» para convocar elecciones «libres y con igualdad de oportunidades» antes de fin de año.

Pero apenas fueron unos chispazos propositivos. El resto fue un discurso tremendista: «El peor Gobierno de los últimos 80 años»; «un Gobierno contra el Estado, la nación y el Rey»; «a España solo la salvan los españoles. No nos salvará Bruselas, antes nos salvará Móstoles», en alusión al levantamiento popular en ese pueblo madrileño contra las tropas francesas en la guerra de independencia. Todo ello trufado con terminología 'trumpista' (el virus chino), dureza con la inmigración, ridiculización del cambio climático, críticas al feminismo y hasta reproches al aliño indumentario y la educación de algunos diputados de izquierda.

El debate con el censurado fue tirante pero dentro de los límites de la buena educación y la cortesía parlamentaria, sin algaradas de las respectivas bancadas, que se limitaron a aplaudir a sus líderes. Sánchez puso el acento en que la moción no iba con él porque era «un opa hostil al PP» y lamentó que Abascal echara mano de un mecanismo constitucional para convertir al Congreso en «un gran plató» para su propaganda y para «sembrar el odio entre españoles», análisis reiterado por la mayoría de los oradores.

Vídeo. Intervención de Íñigo Errejón (Más País). / EP

Pero los momentos más desabridos se vivieron en los debates del líder de Vox con nacionalistas e independentistas, partidos que deberían estar ilegalizados, según Abascal. El portavoz del PNV, Aitor Esteban, despachó su discurso en dos frases y el líder de Vox acusó a los nacionalistas vascos de ser unos «extorsionadores con traje y corbata». Su réplica a EH Bildu consistió en la lectura de los nombres de los más de 850 asesinados por ETA entre aplausos de los diputados ultraderechistas. Al diputado del BNG lo etiquetó con que era un «triste»; equiparó la intervención del representante de Compromís con «un eructo»; diagnosticó que Iñigo Errejón era «víctima de un matón» por Pablo Iglesias; calificó de «lacras» a los soberanistas de JxCat; y tildó de «superman» al republicano Gabriel Rufián.