Laura Borràs conduce el mítin de Junts, en Barcelona, con la presencia de Carles Puigdemont por videoconferencia. / EFE

Cuerpo a cuerpo entre JxCat y ERC tras el empate en los sondeos

Laura Borràs se compromete a reactivar la declaración unilateral de independencia si el secesionismo supera el 50% de los votos

CRISTIAN REINO Barcelona

En el primer fin de semana de campaña, el independentismo sacó la artillería pesada y JxCat y ERC entraron en el cuerpo a cuerpo para jugarse la victoria de las elecciones. Esquerra había anunciado que no tenía intención de atacar a sus actuales socios en el Govern, porque su adversario es el PSC, pero la estrechez de las encuestas, sobre todo la del CEO, que pronostica casi un empate técnico entre los dos grupos secesionistas en liza por la primera plaza, ha obligado a los republicanos a disparar con bala antes de tiempo.

«Nosotros no robamos ni somos corruptos», afirmó ayer Oriol Junqueras, convertido en agitador de la campaña de los republicanos, tras salir de la cárcel con el tercer grado. La referencia le sirvió para atacar tanto al PSC como a JxCat, las dos formaciones con las que Esquerra se juega la primera plaza. Hace unos meses, fuentes de ERC se frotaban las manos ante la posibilidad de que Laura Borràs fuera la presidenciable de JxCat. La diputada en el Congreso está investigada por una causa en el Supremo por haber adjudicado presuntamente a dedo un contrato a un amigo cuando era directora de la Institución Catalana de las Letras.

En la formación republicana subestimaron el tirón que la dirigente postconvergente tiene entre la parroquia más nacionalista. La última encuesta del CEO publicada el viernes situó a ERC y a JxCat en un pañuelo y en Esquerra se han disparado todas las alarmas. Junqueras tiró ayer del recurso de la corrupción, de presumir que los republicanos son una formación impoluta en ese sentido en 90 años de historia, aunque está por ver su efectividad porque en JxCat siempre tiran balones fueras y cargan las presuntas culpas de Borràs a las «cloacas del Estado» y la «guerra sucia» contra el secesionismo.

JxCat contraatacó además donde más duele a los republicanos, hartos de que se ponga en duda su compromiso independentista por haber apoyado al Gobierno, primero en la investidura de Pedro Sánchez y luego validando los Presupuestos Generales del Estado. Los postconvergentes se presentan a los comicios como la fuerza más secesionista de todas. La más pura. Para reafirmarlo, Laura Borràs prometió que, si el secesionismo supera el 50% de los votos, reactivará la declaración unilateral de independencia. Una promesa con la que vuelven a situar la política catalana en el escenario de octubre de 2017 y con la que tratan de marcar distancias con ERC, presentando a los republicanos como autonomistas que ha renunciado a la independencia. «No os fiéis de quien dice que el 1-O ya no cuenta», afirmó Puigdemont por vía telemática en un mitin en Barcelona.

El programa de ERC aboga por un referéndum pactado aunque no renuncia a la vía unilateral si el Gobierno se cierra en banda a negociar la autodeterminación. Los de Junqueras apuestan por un pacto entre los independentistas y los comunes, mientras JxCat aboga por un acuerdo únicamente entre secesionistas.

Apelar a la movilización

La campaña empezó marcada por la pandemia y por el «efecto Illa», pero el independentismo ha sabido darle la vuelta y la carrera electoral del 14-F, en sus primeros compases, ha girado toda la atención hacia los presos del 'procés', tras obtener el tercer grado, que se han convertido en los protagonistas. Golpe de efecto de ERC, sobre todo, que ha logrado avivar sus mítines con la presencia de Oriol Junqueras. El primer día salieron del penal ocho de los nueve líderes independentistas y este sábado le tocó el turno a Carme Forcadell, después de obtener el tercer grado. El independentismo fía ahora a los presos la movilización.