Alberto Núñez Feijóo y Alejandro Fernández en un acto del PP en Barcelona. / EP

El plan de Feijóo en Cataluña: moderación y autonomismo para recuperar votos

Los populares no creen que el pacto con Vox, partido contrario al Estado de las Autonomías, entre en contradicción con el modelo de su nuevo líder

Lourdes Pérez
LOURDES PÉREZ

«Alejandro, no debes preocuparte de que el PP esté más o menos como tu pierna. Todo tiene solución si rehabilitamos, trabajamos y no nos damos por vencidos». El 14 de marzo, en plena campaña para acercar a la militancia su candidatura a presidir el PP, Alberto Núñez Feijóo tiró de retranca a fin de insuflar ánimos al líder de su partido en Cataluña, Alejandro Fernández, que le escuchaba componiendo una imagen de involuntario simbolismo: de pie, pero con la pierna derecha aparatosamente inmovilizada por una operación. 'Aunque así estamos aquí electoralmente, hay arreglo', vino a decirles Feijóo a los suyos, reducidos hoy a la irrelevancia de tan solo tres diputados en el Parlament.

El PP necesita en Cataluña una expectativa como la necesita en Euskadi. Y de atender a la movilización interna que suscitaron los actos de su hoy ya presidente en Barcelona y Bilbao, los populares catalanes y vascos se encomiendan al 'efecto Feijóo', al aire de la novedad, para intentar reanimar sus menguadas ambiciones electorales.

Entre las tarjetas de presentación política que ha repartido el todavía máximo responsable de la Xunta de Galicia está la de hacer bandera del PP como «el partido de la España autonómica». La aseveración casa con el ideario de un Feijóo que ha encadenado en Galicia cuatro mayorías absolutas haciéndose fuerte en su capacidad de decisión. Pero que en este contexto despliega una intencionalidad evidente -aupar al PP como alternativa también territorial frente al PSOE y sus socios soberanistas-, al tiempo que tropieza con el pacto en Castilla y León con la ultraderecha de Vox que reniega de ese mismo Estado de las Autonomías.

En el congreso de Sevilla que le entronizó, Feijóo trazó la cartografía de un PP con un discurso único para España pero sensible a «la diversidad» de las comunidades; un proyecto articulado en torno al eje Galicia-Andalucía y, por tanto, de mayorías, que se nutren también con Madrid. Pero más allá de este dibujo, no ofreció más pistas. Y no lo hizo, singularmente, sobre cómo piensa suturar la sangría de votos de su partido en una Cataluña que ni termina de finiquitar el ciclo del 'procés' ni acaba de adentrarse en uno liberado de las tensiones identitarias.

Lo cual no significa, objetan en su equipo, que el líder no prevea cómo guiarse en el avispero catalán. En su intervención ante cargos y simpatizantes en Barcelona, Feijóo incidió en los deberes y recetas del PP para recobrar arraigo social antes que cargar toda la culpa en el achique de espacios del independentismo. Fue el primer síntoma de reorientación del discurso del 'casadismo' -más reactivo- en Cataluña; el segundo, la defensa del «bilingüismo cordial» que el presidente de la Xunta vindica como exitoso en su tierra y con el que pretende desmontar la imagen de intransigencia atribuida a los suyos por el secesionismo. El objetivo ahora no pasa tanto por atraer a nuevos votantes, sino por reconquistar a los electores fugados que llevaron en volandas a Ciudadanos a su histórica y fugaz victoria de diciembre de 2017 y a los que hoy alimentan a Vox.

Piqué y Sánchez-Camacho

El referente en el que se mira el PP de Feijóo son los resultados de Josep Piqué y de Alicia Sánchez-Camacho, quien situó a su formación en 2012 -el año en que el separatismo comenzó a descorcharse- en 470.000 sufragios y 19 escaños. Una década después, la decadencia del PP se traduce en tres parlamentarios y apenas 109.000 votos. Pese a su batacazo en las autonómicas de 2021, Ciudadanos retiene 6 asientos en la Cámara catalana, mientras que Vox se propulsó hasta los 11. Entre ambos sumaron unas golosas 375.000 papeletas por las que suspiran los populares.

El equipo de Feijóo fía las opciones de remontar en Cataluña a la «política pegada al territorio» y al perfil del líder: experimentado presidente de una «nacionalidad histórica», con un argumentario «menos uniforme» que el ortodoxo del centroderecha español y «respetuoso con las diferencias y la diversidad autonómicas». Los medios consultados no trivializan la dificultad del empeño, pero creen que el PP puede recomponerse como la principal alternativa al nacionalismo con un mensaje anclado en «la moderación», «liberal» en lo económico y «atento en lo social». Y no solo niegan que el modelo férreamente autonomista de Feijóo entre en contradicción con gobernar con Vox, sino que endosan la carga de la prueba a Santiago Abascal y los suyos. «Si participar en la gobernabilidad es coherente con sus principios ideológicos es algo que decidirán ellos», sostienen.

Entre los interrogantes que la dirección de Feijóo tendrá que despejar en los próximos meses está la celebración de los congresos en Cataluña y Euskadi, con dudas en ambos territorios sobre el futuro de sus dos barones, Alejandro Fernández y Carlos Iturgaiz. Con el PP catalán consumido en las viejas disputas de sus familias, Fernández confía en una segunda oportunidad tras verse ante la puerta de salida por sus discrepancias con el hoy defenestrado Teodoro García Egea. Iturgaiz regresó a la cúpula vasca después de que Casado forzara la marcha de Alfonso Alonso. El entorno de Feijóo no adelanta acontecimientos e invita a acostumbrarse a que las decisiones se adoptarán contando con los territorios y no desde la centralidad de Génova.