Isabel Celaá , Pedro Sánchez y Magdalena Valerio. / EFE

Isabel Celaá, propuesta por Sánchez como embajadora ante la Santa Sede

La exministra de Educación debe recibir aún el plácet del Vaticano antes de asumir el cargo

J. ARRANZ

Isabel Celaá apenas ha tenido que esperar cinco meses desde que Pedro Sánchez la relevara al frente del Ministerio de Educación para meterse en un nuevo 'fregado'. Uno que le llevará a poner a prueba su mano izquierda y sus dotes diplomáticas en un escenario de excepción, el Vaticano y en Roma.

El presidente del Gobierno ha dado ya los primeros pasos para nombrar a Celaá (Bilbao, 1949) nueva embajadora ante la Santa Sede. Según adelantó este martes por la noche eldiario.es citando fuentes gubernamentales, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha solicitado el plácet diplomático y está a la espera de recibir la respuesta del Vaticano para confirmar el nombramiento. Sustituiría en el cargo a María del Carmen de la Peña, quien ejerce esta responsabilidad desde octubre de 2018.

La futura encargada de las relaciones entre España y el Vaticano tiene una dilatada trayectoria en política, primero en Euskadi y después en Madrid. Licenciada en Filosofía y Letras y Derecho, en 1998 accedió por primera vez al Parlamento vasco, del que llegó a ser vicepresidenta, y después ha sido diputada, consejera vasca de Educación con Patxi López como lehendakari, portavoz del Gobierno y ministra de Educación con Pedro Sánchez, cargo en el que permaneció desde 2018 hasta la remodelación del Ejecutivo el pasado 12 de julio, cuando salió junto a José Luis Ábalos y Carmen Calvo.

La Lomloe, su 'obra'

«No me lo esperaba pero tampoco me ha sorprendido», declaró tiempo después Celaá, aunque reconoció: «Me habría gustado concluir mi obra». Ver cómo se ponían en marcha todos sus proyectos educativos, la nueva ley de Educación (Lomloe), más conocida como 'ley Celaá'. Una norma que, junto con la gestión de la pandemia en los centros educativos, marcó su mandato y le acarreó choques con la oposición y con la enseñanza concertada.

Precisamente, la cuestión religiosa no ha sido de las menos polémicas de esa reforma educativa. Pese a ser católica practicante -estudió en el colegio del Sagrado Corazón de Bilbao-, su polémica ley reduce de forma considerable el peso de la asignatura de religión en el currículo escolar, ya que ahora carece de valor académico y no tiene materia alternativa.