De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Aldolfo Suárez, Alfonso Guerra, Pedro Sánchez e Íñigo Errejón. / R. C.

Las peleas que preceden a Casado y Ayuso: Suárez, Guerra, Sánchez...

Las guerras cainitas han sido una constante en todas las formaciones desde el retorno de la democracia

ANDER AZPIROZ

El 'canibalismo' dentro la las fuerzas políticas españolas no es algo que hayan inventado Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso de la noche a la mañana. Es más, desde 1978 son notorios los casos de rebeliones y del 'solo puede quedar uno' que obligaron a dimitir hasta a un mismísimo presidente del Gobierno. Tampoco se trata de un fenómeno nacional. El Partido Conservador británico se destaca por defenestrar a sus líderes en cuanto los vientos de las encuestas soplan en contra. A los diputados 'tories' no les tembló el pulso a la hora de aniquilar a Margaret Thatcher. Y a la Dama de Hierro le siguieron otros primeros ministros como Theresa May. Con Boris Johnson, sus correligionarios conservadores ya le dan por amortizado y hacen cálculos. Pero si hay un país experto en el 'quita y pon' de líderes políticos ese es Italia. Contabiliza 65 Gobiernos en 75 años, y la mayoría de ellos no fueron derribados por la oposición, sino por fuego amigo. Los últimos ejemplos son Silvio Berlusconi, Enrico Letta y Giuseppe Conte. Cada uno de un partido y una ideología diferente.

En España, los casos a nivel de la política nacional son numerosos:

1981

Súarez y las rivalidades en la UCD

Los expresidentes Calvo Sotelo y Suárez, en 1997, en la boda de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín. / EFE

Adolfo Suárez fue designado por el rey Juan Carlos para liderar el Gobierno tras la renuncia del franquista Carlos Arias Navarro. El problema era que no gozaba de un partido que le respaldase, más que nada porque las formaciones políticas seguían prohibidas en 1976. Suárez provenía del régimen y del Sindicato Vertical, pero era una figura joven y moderna que consiguió aunar tras de sí a una tropa de exfranquistas, democristianos, centristas y socialdemócratas moderados para conformar la Unión de Centro Democrático. La UCD se desangró y se llevó por delante a Adolfo Suárez por los continuos enfrentamientos entre las familias políticas que amalgamaron el partido. Suárez tuvo que hacer desde el primer momento encaje de bolillos para integrar a todos en el Gobierno. Pero nunca logró contentar a los compañeros de tan diferentes ideologías.

Las pugnas continuas llegaron a su máxima expresión, y se sitúa como momento icónico la reunión en julio de 1980 en la llamada 'casa de la pradera', un edificio propiedad del Ministerio de Obras Públicas en Manzanares el Real. UCD había ganado las elecciones de 1979, pero en aquel encuentro, en el que estuvieron todos los líderes de las diferentes facciones con Suárez presente, se puso en duda el liderazgo del presidente del Gobierno, exigieron una mayor participación en las decisiones gubernamentales y hasta se planteó la dimisión de Suárez a pesar de que había superado ese mismo año una moción de censura presentada por el PSOE.

Dimitió en enero de 1981 tanto a la Presidencia del Gobierno como a la de UCD, y dejó vía libre a Leopoldo Calvo Sotelo. Luego vendrá el 23-F. La UCD se desintegró en las elecciones de 1982 y ni siquiera Calvo Sotelo obtuvo escaño. Mientras que destacados dirigentes como José Manuel García Margallo se pasaron a Alianza Popular (AP), otros como Francisco Fernández-Ordóñez lo hicieron al PSOE. Suárez, con sus últimos fieles, fundó el Centro Democrático y Social (CDS) al que colocó de forma efímera como tercera fuerza nacional.

1989

El fracaso de Hernández Mancha y la llegada de Aznar

Fraga y Hernández Mancha aplauden la elección de Rajoy como presidente de la Diputación de Pontevedra en 1987. / EFE

Manuel Fraga dimitió en 1986 tras la enésima derrota de Alianza Popular frente al PSOE. Se organizaron una especie de primarias y Antonio Hernández Mancha, líder de AP en Andalucía, derrotó a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, que estaba respaldado, entre otros, por José María Aznar. Hernández Mancha se encontró desde el primer momento con el obstáculo de que no podía debatir con Felipe González porque no era diputado. Era senador. Forzó una moción de censura en marzo de 1987, pero fue vapuleado por Alfonso Guerra.

Su liderazgo nunca se asentó y fue víctima de las guerras de familia en AP. Fraga dio un golpe sobre la mesa en 1989, reasumió el mando del partido y, tras reconvertirlo en el Partido Popular (PP), se lo entregó a José María Aznar. Curiosamente, Guerra salió a hombros de aquella moción de censura que derrumbó a Hernández Mancha, lo que no sabía el socialista es que sería el próximo en salir por la puerta de atrás.

1991

Guerra contra González

González y Guerra, en el Congreso en 1986. / r. c.

La entrada en el Gobierno marcó casi desde el comienzo una división entre los seguidores de Alfonso Guerra y el resto del partido, aunque todos tenían como referencia de liderazgo a González, que en un principio dejaba hacer a su vicepresidente.

Las tensiones entre los guerristas, defensores de una fuerte centralización de las decisiones en el partido y una supuesta impronta más izquierdista, y los renovadores, enseguida tildados de socialdemócratas, fueron in crescendo. En 1990, González toma partido por los renovadores mientras Alfonso Guerra se ve achicharrado por el escándalo de su hermano Juan (supuesto cobro de comisiones por gestiones ante el Gobierno). Hasta que en enero de 1991 dimite como vicepresidente del Gobierno, aunque retiene la vicesecretaría general del PSOE. Hasta 1997, cuando también deja el cargo en el partido.

La disputa entre ambas corrientes internas continuó hasta destrozar la agrupación de la Comunidad de Madrid, que desde 1995 gobierna de forma ininterrumpida el PP. Todavía en el Congreso Federal de 2000, un puñado de guerristas, los justos, se aseguraron de votar a un semidesconocido José Luis Rodríguez Zapatero para evitar que el renovador José Bono se hiciera con las riendas del partido.

2008

Esperanza Aguirre se rebela contra Rajoy

Esperanza Aguirre, junto a Mariano Rajoy. / efe

Que la relación nunca fue buena ya se sabía. Pero sí sorprendió la virulencia con la que la entonces presidenta madrileña trató de deshacerse de su jefe de filas en el Congreso del PP que se celebró en Valencia en 2008. Fracasó en parte gracias a la labor de María Dolores de Cospedal, quien después sería secretaria general del PP nacional. Si del exjefe del Ejecutivo se dice que prefiere esperar a que desaparezcan los problemas, Aguirre es de tomar el toro por los cuernos. Llevaban mal desde mucho antes y la cosa empeoró tras la llegada a la Moncloa de Rajoy. Desde la sede del Gobierno madrileño se discutieron cada una de las decisión del Gobierno central: si la crisis obligaba a subir los impuestos, Aguirre exigía bajarlos. Tras las elecciones de 2016, la dirigente madrileña llegó a solicitar a Rajoy que se sacrificará en favor de un Gobierno entre PP, PSOE y Ciudadanos.

2015

Rosa Díez y UPyD se precipitan al vacío

Díez y Rivera, en una de las reuniones frustradas para que ambos partidos formasen coalición. / EFE

Rosa Díaz, exdirigente del PSOE, fundó Unión Progreso y Democracia con el objetivo de aglutinar al votante de centro que oscila en las elecciones entre socialistas y populares. Logró ser diputada en solitario de la formación en la primera comparecencia en las urnas, a los que se sumaron otros cuatro compañeros de filas en las generales de 2011, en las que el PP logró una mayoría absoluta aplastante. El grupo de UPyD se mostró implacable, tanto a su izquierda como a su derecha.

Con el PP en horas bajas a causa de los casos de corrupción y un PSOE pérdido en sus luchas internas y ante el empuje del Podemos, Díez pensó que era el momento propicio para recuperar el centro que una vez ocupó la UCD. Se topó con dos graves problemas. El primero, las quejas internas dentro del partido que la acusaban de falta de democracia interna. El segundo fue de origen exterior: la irrupción en el panorama nacional de Albert Rivera y Ciudadanos. Rivera se ofreció a pactar a cualquier precio, pero Díez se negó hasta las últimas consecuencias. El resultado fue el hundimiento de UPyD y su retirada de la política. Muchos de sus críticos internos se subieron a continuación al barco de Ciudadanos.

2016

El PSOE se deshace de Sánchez y el «no es no»

Pedro Sánchez y Susana Díaz, en la Moncloa. / EFE

Junto a la de la UCD, y a la espera de lo que suceda en el PP, ha sido la crónica más sonada de la política nacional. Susana Díaz, estrella en alza del PSOE en 2014, aseguró con los votos de la Federación Andaluza la victoria para Sánchez en detrimento de Eduardo Madina. Pero el hecho de que el nuevo secretario general quisiese llevar las riendas del partido de forma independiente y no sobre las directrices de Sevilla desencadenó un enfrentamiento sin cuartel, primero soterrado y luego ya aireado en los medios de comunicación.

El duelo final llegó tras las elecciones de 2016, en las que el PSOE consiguió el peor resultado de la historia. Después llegó el 'no es no' a la investidura de Rajoy, algo en lo que Sánchez no desistió hasta que se vio obligado a dimitir por su partido. Pero Sánchez, con su 'Manual de Resistencia' en la mano, no renunció a liderar de nuevo el PSOE. Lo consiguió al vencer a la propia Díaz en el Congreso de 2017. A partir de entonces, Sánchez hizo limpieza de 'susanistas' en la dirección del partido. Su última víctima ha sido la propia expresidenta andaluza, hoy relegada al cementerio de elefantes del Senado.

2019

Errejón le da el portazo a Iglesias

Errejón pasa por delante de Iglesias en 2020 durante una sesión en el Congreso. / EP

Cuando se conocieron como estudiantes en la Facultad de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense se conjuraron para acabar con el bipartidismo. Fundaron un partido que en 2016 llegó a liderar las encuestas, pero no es lo mismo las luchas intestinas que el imaginario de un universitario. La amistad de las dos grandes figuras de Podemos se comenzó a resquebrajar después de que Pablo Iglesias destituyera al secretario de Organización, mano derecha de Íñigo de Errejón. Continuó con la alianza con Izquierda Unida a la que el número dos se opuso y al que los números dieron la razón.

La crisis ya se hizo evidente en la Asamblea Ciudadana de Vistalegre II, en la que el número dos presentó un programa y candidatos propios a los órganos de Gobierno de Podemos. Errejón perdió e Iglesias quiso recolocar a su antiguo amigo como candidato por la Comunidad de Madrid, pero el primero tejió en secreto una alianza con Manuela Carmena que terminó por hacer trizas la amistad que iniciaron aquellos dos jóvenes universitarios antes de entrar en política.