El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, junto a la nueva vicepresidenta primera del Gobierno Nadia Calviño / EFE

Un nuevo gobierno para coger impulso

ANTONIO PAPELL

Cuando se aproxima el ecuador de la legislatura, Pedro Sánchez ha decidido cambiar a fondo su equipo para tomar impulso. La obra realizada desde que el líder socialista llegó a la Moncloa, a principios de junio de 2018, ha sido intensa, e incluye desde la gestión de una terrible pandemia sin precedentes en la historia hasta la participación en el seno de la UE y de la mano de Nadia Calviño en un plan de reconstrucción y resiliencia que, si nada se tuerce, nos devolverá con creces a la situación prepandemia, aunque con una economía más moderna y eficiente. Pasando por la expulsión del dictador del Valle de los Caídos y la recuperación para la ciudadanía del Pazo de Meirás; por una ley educativa progresista y eficaz según la comunidad académica como es la ley Celáa; por una subida rotunda del salario mínimo y la instauración de un salario mínimo vital que redima las bolsas de pobreza; por un conjunto de leyes sociales que favorecen a las minorías, como la ley Trans y la de Libertad Sexual; por la ley de Eutanasia… Todo se ha hecho suavemente, pese a la ira de la oposición azuzada por la recién llegada extrema derecha, pero con convicción, en línea con un programa claro que, desde las elecciones de noviembre de 2019, se ha redactado en coalición con Izquierda Unida, en la primera experiencia de esta clase de toda la etapa democrática.

En este marco exitoso, es legítimo y hasta positivo para el sistema una renovación de los actores que forman el equipo ministerial. Lógicamente, la crisis solo ha afectado a los 17 ministros del PSOE —siete salen y otros tantos entran— y no a los cinco de Unidas Podemos, organización que se ha renovado sobre la marcha con la salida voluntaria de Pablo Iglesias después de las elecciones madrileñas del 4 de mayo, catastróficas para la izquierda, que ha dado paso al liderazgo virtuoso de Yolanda Díaz en la fracción del consejo de ministros que controla. Enna visión global, puede decirse que el nuevo gobierno tiene potentes elementos continuistas —se refuerza el papel de Nadia Calviño, que ya era la artífice de la modernización material del Estado— pero también representa una seria disrupción del pasado con la salida del núcleo duro formado por Carmen Calvo, José Luis Ábalos e Iván Redondo.

La crisis se ha gestionado con inusual discreción, y solo se había filtrado que afectaría a algunas carteras «fundamentales» y a las «estructuras de coordinación» del Ejecutivo. Como se ha dicho, se mantienen los cinco ministros de IU: además de la vicepresidencia tercera y Trabajo, al socio minoritario le corresponden Igualdad (Irene Montero), Derechos Sociales y Agenda 2030 (Ione Belarra), Universidades (Manuel Castells) y Consumo (Alberto Garzón).

El elemento más relevante del cambio ministerial es la salida de la primera vicepresidenta Carmen Calvo, y el ascenso de Nadia Calviño a ese lugar junto a la cabeza del Ejecutivo, como vicepresidenta económica. La salida de Calvo no ha sido ajena a sus problemas de salud y la vicepresidenta saliente pasará a ser presidenta del Consejo de Estado, de la que María Teresa Fernández de la Vega quería jubilarse. Yolanda Díaz y Teresa Ribera ascienden un grado y pasan a ser vicepresidentas segunda y tercera, mientras Félix Bolaños, hasta ahora secretario general de la Presidencia, será el titular del Ministerio de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática. Pilar Llop, actual presidenta del Senado y jueza de profesión, irá a Justicia en lugar de Juan Carlos Campo tras el desgaste de esta cartera por los indultos.

Además de los cambios mencioandos, salen del Gabinete la hasta ahora ministra de Exteriores, González Laya, que deja tras de sí un papel muy desvaído y que será sustituida por José Manuel Albares, hasta ahora embajador en París; el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, deja supuesto a Diana Morant, alcaldesa de Gandía; José Manuel Rodríguez Uribes se marcha y deja su cartera de Cultura y Deportes a Miquel Iceta; Isabel Rodríguez, Alcaldesa de Puertollano, será ministra de Política Territorial y Función Pública, y asumirá además la portavocía del Gobierno; sale también como se ha dicho el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, que será sustituido por Raquel Sánchez, alcaldesa de Gavá; Isabel Celáa se marcha de Educación con la honra de dejar una magnífica ley que lleva su nombre y en su lugar estará la aragonesa Pilar Alegría. Se mantienen en sus cargos Marlaska en Interior, Robles en Defensa, Montero en Hacienda —y acumula Función Pública— y Darias en Sanidad.

El ascenso de Nadia Calviño es el reconocimiento del papel fundamental desempeñado por la vicepresidenta económica a nivel europeo en la concepción del Fondo de Reconstrucción y Resiliencia, en la conquista para España de un tratamiento destacado y en la preparación de un plan que no solo ha sido aceptado sino también elogiado por Bruselas. Estamos efectivamente en un momento clave de la pospandemia, que consiste en la recuperación de los niveles de desarrollo y crecimiento anteriores. pero también en una coyuntura en la que es necesario dar un salto hacia adelante, mediante una modernización que es la clave de las políticas europeas.

Probablemente la sorpresa más inesperada es la sustitución de Iván Redondo por Óscar López al frente del gabinete del Presidente, López estaba presidiendo la empresa pública Paradores y ha sido secretario de Organización del PSOE, diputado y senador. Es una personalidad reconocida y con experiencia que servirá además de nexo entre el gobierno y el partido, tarea que hasta ahora desempañaba Ábalos.

Tiempo habrá de introducir matices a este análisis improvisado. De momento, hay que reconocer que hay savia nueva para intentar infundir nuevas energías a un gobierno muy vapuleado por la pandemia y por la dificultad de gobernar en un marco parlamentario tan fragmentado como le actual.