La presidenta de la ANC, Dolors Feliu, junto al expresidente de la generalitat, Quim Torra. / efe

La ANC ignora las presiones de Aragonès y mantiene su plan de una Diada contra ERC

La Asamblea Nacional Catalana carga contra el Govern, al que acusa de estar instalado en el autonomismo inmovilista

CRISTIAN REINO Barcelona

Las camisetas que lucirán este año los participantes en la manifestación independentista que organiza la ANC, otrora motor movilizador del 'procés', son negras. Un color que para la Asamblea, entidad privada que ejerce de lobby nacionalista para presionar al Govern, simboliza la lucha y la no rendición, pero que también refleja el ambiente sombrío y crispado que hay en el mundo secesionista en la previa de la cita que en año anteriores afrontaba como una fiesta reivindicativa. El clima es de «desánimo, desmovilización y desorientación» por la ausencia deuna estrategia compartida, según admitió este viernes el presidente de Òmnium Cultural, Xavier Antich, coorganizador de la protesta del 11-S.

La Diada de este año estará marcada por las ausencias del presidente de la Generalitat y de los consejeros de ERC y de la cúpula de la formación de Junqueras. Los republicanos no quieren salir abucheados, como el año pasado, y además están molestos con la ANC, que les ha puesto en el centro de la diana. Aragonès y Esquerra están presionando hasta el último minuto para que la Asamblea rebaje el tono crítico con los republicanos y con el Govern y para que centre los dardos en el Estado.

Pero la presidenta de la entidad, Dolors Feliu, de la órbita postconvergente, advirtió este viernes de que no cambiará ni una coma del manifiesto de la manifestación y avisó que mañana, cuando coja el micro al final de la marcha, que transcurrirá entre el Paralelo de Barcelona y la estación de Francia, muy cerca del Parlament, será muy crítica con los partidos independentistas.

Dijo que no va contra ERC, pero a renglón seguido denunció que la manifestación quiere servir de acicate contra el «autonomismo inmovilista». Esta es la acusación -autonomista, que es casi como un insulto para un independentista- que desde los sectores más radicales del nacionalismo se hace contra el presidente de la Generalitat, al que se le imputa haberse rendido frente al Gobierno central a cambio de los indultos a los líderes del 'procés'.

El manifiesto de la ANC habla en términos tales como que los «partidos autodenominados independentistas» se han «acomodado en las instituciones» y han «dejado de lado el conflicto» con el resto de España. La referencia es directa contra ERC, que ha recuperado la presidencia de la Generalitat 40 años después. «Es la hora de pasarles cuentas», avisa. «Se ha acabado esperar a los partidos, solo el pueblo y la sociedad civil podrán conseguir la independencia», sostiene y censura que el 1-O y la victoria en las pasadas elecciones catalanas no se pueden «malgastar» en «mesas de diálogo con el Estado o en trifulcas internas». Solo Aragonès y su partido defienden en estos momentos el diálogo con el Gobierno, por lo que no hay ninguna duda de a quién se dirige la crítica.

ERC intentó que la ANC modificara el manifiesto. Incluso se especuló con que la entidad lo había excluido de los parlamentos finales de la manifestación. La ANC, ante las presiones, tuvo que aclarar este viernes que no variará el manifiesto y que mañana, como otros años, no será leído en la protesta. Los dirigentes de la ANC, Òmnium y la AMI acostumbran a pronunciar discursos a partir del espíritu de ese manifiesto, pactado entre las tres partes.

Guerra ERC-ANC

La guerra entre ERC y la Asamblea Nacional Catalana (una de las muchas batallas internas que hay en el nacionalismo, donde todos van casi contra todos) no es nueva. Esquerra y Junts (antes Convergència) siempre han pugnado por el control de esta plataforma, que en estos momentos está más próxima a Junts, pero en el pasado, bajo presidencia de Carme Forcadell, por ejemplo, tenía más sintonía con los republicanos.

Aragonès y ERC han apostado fuerte, quedándose fuera de la manifestación de la Diada, y en parte han aceptado el envite de convertir la protesta en un plebiscito contra el Govern republicano. Está por ver, pero las cifras de asistencia estarán muy lejos de las de los últimos años: el 'procés' arrancó en 2012 al calor de las grandes movilizaciones.

La ANC, en su declaración política para la Diada, amenaza con pasar por encima de los partidos encabezando una «lista cívica» para las próximas elecciones. En ERC ven la sombra alargada de Laura Borràs, preparando su salida de Junts para liderar, de la mano de la ANC, la que se conoce como cuarta vía del independentismo. Ella lo niega.