Julio Feo hace unos días en su casa de Segovia / C. V.

Julio Feo, secretario de la presidencia con Felipe González

«Iglesias ha sido lo peor que ha pasado en política y Rivera, lo más dañino»

A cuarenta años de la primera victoria del PSOE, evalúa a Felipe González y los últimos acontecimientos de la política española

Cristina Vallejo
CRISTINA VALLEJO Madrid

Julio Feo fue secretario de la presidencia con Felipe González entre 1982 y 1987. «¿Qué es eso?», le preguntó al presidente cuando le dio ese cargo y le respondió que consistía en hacerle la vida fácil. Era, en realidad, lo que llevaba haciendo desde 1977, porque lo acompañó en varias campañas, la de las elecciones de 1982, entre ellas, la primera victoria del PSOE y la mayor de la historia de la democracia, al cosechar nada menos que 202 diputados. Ahora, alguna pregunta sobre los GAL esquiva recordando al «sindicato del crimen». En 1987 dejó Moncloa porque no quería ser un profesional de la política y pasó a dedicarse a la asesoría de comunicación para empresas.

–¿Cómo fue el momento en que se conoció la victoria de 1982?

–Fue emocionante, pero muy contenido. Había instrucciones: el ministro del Interior, Juan José Rosón, le había pedido a González que no nos desmadráramos. Había miedo a que la celebración de la victoria soliviantara a la extrema derecha. Estábamos en mi casa ese día. Yo tenía una botella de cava en la nevera, pero Felipe no nos dejó ni sacarla. De ahí nos fuimos al Palace. Había emoción, pero no hubo grandes manifestaciones.

–¿La democracia se asentaba?

–Teníamos la sensación de que habíamos conseguido que hubiera democracia. Pero había ruido de sables. Todos, inconscientemente, sentíamos el rescoldo de la dictadura. Esa es una de las razones por las que González fue muy prudente en sus mandatos.

–¿Los eventos de 1981 contribuyeron al triunfo del PSOE?

–Evidentemente. La situación política, el deterioro del Gobierno de Suárez, el 23-F... Empezamos a prometer el cambio y que este país funcionaría. Ello hizo que la gente se entusiasmara. Eso condujo al triunfo. En febrero empezamos la precampaña en Andalucía. Los mítines eran baños de masas siempre. Las andaluzas se ganaron en mayo y en agosto Calvo Sotelo disolvió las Cámaras. Nos lo había puesto en bandeja.

–¿Fue torpeza de Calvo Sotelo?

–A lo mejor quería irse ya. Y era la manera de hacerlo sin dimitir.

–¿Cómo fue la campaña del 82?

–El director de campaña era Alfonso Guerra. Yo dirigía la logística. Antes de cada mitin, a 50 kilómetros del destino, quedábamos con compañeros del sitio al que íbamos y le daban a Felipe un listado de los problemas de la ciudad o de la comarca. Felipe lo leía. Punto pelota. El trabajo era de Felipe solamente. No se le hizo ningún discurso nunca.

–Los lemas, 'Por el cambio' y 'Que España funcione', ¿significaban que no se votaba tanto socialismo como pragmatismo?

–La gente votaba el cambio, votaba a Felipe. ¿Votaba ideología socialista? Quizás no, si lo analizas en términos de ideología. Pero indudablemente votaba al PSOE.

«El trabajo era de Felipe solamente. No se le hizo ningún discurso nunca»

–Ante la posible victoria del PSOE, ¿hubo inquietud económica?

–Supongo que sí. Salió mucho dinero de España.

–La economía se encargó al ala liberal del PSOE, a Solchaga y a Boyer. ¿Para tranquilizar?

–Supongo que Felipe tenía claro que no íbamos a hacer 'machadas' como había hecho Mitterrand en Francia. De alguna manera, Miterrand marca tendencias en errores y en aciertos. Un acierto fue su cartel de propaganda 'La fuerza tranquila'. El cartel de Felipe 'Por el cambio' era muy parecido. Pero los franceses tomaron medidas drásticas en el plano económico y luego tuvieron que dar marcha atrás. Eso fue un indicador, aparte de que claramente se quería hacer una política más bien socialdemócrata y nada radical.

–En 1982 la UCD y el PCE se hundieron. ¿Cómo se captó su voto?

–La estrategia comenzó tras las elecciones de 1979 y era la renuncia al marxismo. Si no hubiéramos renunciado al marxismo, no habríamos ganado: la gente que tenía dudas sobre lo que harían los socialistas vio que no tenía nada que temer.

–¿Le sorprendió que el PCE tuviera tan poca fuerza electoral después de haber comandado la oposición al franquismo?

–No me sorprendió nada. Soy sociólogo y había estudiado bastante el componente electoral durante la República. Tenía claro que íbamos a ser el partido mayoritario de la izquierda. Pese a que durante la dictadura el PCE tuvo más presencia que el PSOE, también es cierto que la memoria histórica era otra: indicaba que los comunistas durante la República eran pocos; que los anarcosindicalistas no iban a votar comunista nunca; y que los socialistas eran muy importantes.

–El programa electoral establecía que el partido seguía contra la OTAN y luego cambió de posición. ¿Se llegaron a arrepentir de convocar el referéndum?

–Se había prometido convocarlo y, por fortuna, ganamos. El cambio fue un aterrizaje en la realidad. Si queríamos estar en Europa, había que estar en la OTAN. No era una condición... pero sí lo era y las presiones eran muchas.

–Presiones... ¿de quién?

–De Gobiernos. Igual que hubo presiones para el reconocimiento de Israel. Había presiones de grupos financieros, de Gobiernos, de los americanos, de mucha gente. Pero yo personalmente nunca estuve en contra de la OTAN.

«Si queríamos estar en Europa, había que estar en la OTAN. No era una condición... pero sí lo era y las presiones eran muchas»

–Cambio sobre la OTAN, una huelga, reconversión industrial... pero volvieron a ganar en el 86.

–Se comunicó bien. Se explicó que lo que se había hecho había que hacerlo para que este país tirara hacia adelante. Tan sencillo como eso. La gente lo entendió. La reconversión se hacía porque había que hacerla. No había otra para que este país pudiera funcionar. Pese a los damnificados, el resto de la gente entendía lo que se hacía y que no había otra. Incluso creo que muchos de nosotros lo hacíamos sabiendo que no nos gustaba, pero que había que hacerlo. Para la economía española no había alternativa. O hacías eso o te hundías del todo.

–Cuesta creer que Felipe González dijera que desconocía el caso de financiación irregular del partido, el caso Filesa.

–Filesa era una cuestión que se llevaba en Ferraz y ni de lejos podía llegar algo a Moncloa. Era un tema que llevaban en Ferraz y no había ningún tipo de contacto.

–Felipe González era el secretario general del PSOE. ¿No tenía contacto con Ferraz?

–Felipe González era secretario general del partido, pero el partido, si acaso, lo controlaba Guerra, y tampoco demasiado. Era la gente que estaba en Ferraz la que hacía y deshacía.

–A Guerra le costó el puesto el caso de su hermano y Felipe sobrevivió a todo. Da la sensación de una gran protección al expresidente.

–Guerra se fue por desavenencias en muchas cosas. El tema de su hermano fue mínimo en la explicación de que dejara la vicepresidencia. En cuanto a Felipe González, no había nada que proteger, porque no había nada.

–Pero a día de hoy, siempre que se habla de González aparecen los GAL.

–Esa pregunta me la podría haber hecho el «sindicato del crimen».

–¿Cómo sentó en Moncloa que aflorara la figura de Aznar?

–Yo estaba ya muy desvinculado de la política en ese momento. Me convertí en un ciudadano que trabajaba mucho, viajaba mucho y procuraba ganar dinero. Punto.

–Eso es muy de Solchaga, ¿no? Dijo que España era un país donde se podía ganar mucho dinero muy rápido...

–Sí, es cierto. Era un país donde había posibilidades de hacer negocios y se trabajaba.

«España era un país donde había posibilidades de hacer negocios y se trabajaba»

–El PSOE confrontó con la izquierda por la OTAN. Hace poco, tuvo que hacer frente a un gran contrincante, Podemos.

–Fue flor de un día. Lo único malo fue que el infumable de Pablo Iglesias pudiera llegar a ser vicepresidente del Gobierno, lo peor que nos ha pasado en la política española en la democracia.

–¿Lo peor no ha sido Vox?

–Diría que no. Vox ha existido siempre. Antes del año 1980, Fraga, parte de Alianza Popular, estaba cerca de Vox. Fraga integró a toda la extrema derecha en AP.

–¿Habría preferido que el PSOE pactara con Ciudadanos?

–Sí. El mayor dañino de la política ha sido Albert Rivera. Si hubiera entrado en un Gobierno con el PSOE, este país habría funcionado de manera muy distinta.

–¿Qué opina de Pedro Sánchez?

–Va haciéndolo cada día mejor. Ha habido varios Pedro Sánchez. Me decepcioné mucho cuando se acercó al Podemos de Iglesias. Pedro poco a poco está solucionando el tema catalán, se ha amainado, al menos; y también va solucionando la cuestión económica. Pese a las encuestas, no me sorprendería que volviera a ganar.

«Ha habido varios Pedro Sánchez. Va haciéndolo cada día mejor. Pese a las encuestas, no me sorprendería que volviera a ganar»

–¿Esta generación de socialistas es peor que las anteriores?

–Peor, no, pero tienen menos formación académica y profesional.

–¿La Ley de Memoria llega tarde?

–Sí. Tal vez no nos atrevimos a hacerlo antes. Pero había que pisar muchos callos. Y había otros más importantes. No se podían pisar todos.

–Lo importante era que se recuperara la democracia.

–Lo importante era hacer funcionar al país democráticamente.

–¿Por qué las generaciones más jóvenes a veces cuestionan la Transición?

–No entienden el miedo a la dictadura y haber logrado doblegar el franquismo y a los franquistas... Las siguientes generaciones se han encontrado todo hecho. Para ellas votar es normal. Para nosotros era un triunfo. En la Transición es cierto que no se hicieron muchas cosas, pero no se podían pisar todos los callos.