Los expertos coinciden: el impuesto sobre la renta debe corregir la escalada de precios

Los fiscalistas discrepan respecto a si el tributo por el patrimonio debe sobrevivir o si basta con su reforma

Cristina Vallejo
CRISTINA VALLEJO Madrid

El debate político suscitado alrededor de la deflactación del IRPF deviene en consenso cuando se consulta la cuestión a los fiscalistas. Alberto Vaquero, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Vigo, afirma que es «necesario» deflactar la tarifa del IRPF y argumenta: «Cuando hay mucha inflación, la capacidad económica real se resiente y queda menos para ahorrar. Si bien en términos nominales el contribuyente se enfrenta al mismo esfuerzo fiscal (la tarifa no cambia), en términos reales el esfuerzo fiscal es mayor». Lo raro, añade Vaquero, es que el Estado y las comunidades autónomas no hayan deflactado ya.

Jorge Onrubia, profesor de Hacienda Pública de la Universidad Complutense e investigador de Fedea, aboga por ajustar todos los años el IRPF a la inflación. Atribuye parte el incremento del peso del Impuesto sobre la Renta en el total de la recaudación a la subida de la inflación a lo largo de los años: «Nadie tocaba la tarifa, pero la recaudación aumentaba». La literatura académica habla de este fenómeno como una «reforma tributaria silenciosa». «No hace falta que una subida salarial implique subir de tramo para pagar más por el IRPF», aclara también.

Un cambio integral

La deflactación, agrega Onrubia, también es necesaria para evitar problemas de «inequidad horizontal», ya que la inflación afecta de distinta manera según de dónde procedan las rentas que se perciban, aunque estas tengan el mismo volumen. Este analista reconoce que en España la presión fiscal es inferior a la que debería tener y que el país sufre un déficit estructural de ingresos. Pero opina que estos problemas hay que corregirlos con una reforma integral del sistema, no dejando que la mejora de la recaudación descanse en parte en la inflación.

Las comunidades que han deflactado la tarifa, ¿lo están haciendo bien?César García Novoa, catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de Santiago de Compostela, dice que no es suficiente porque, en general, la dimensión de la deflactación (de algo más del 4% en la mayor parte de los casos), no alcanza las cifras a las que ha llegado la inflación.

«El IRPF tiene que gravar la renta real, no la ficticia: ahora la misma masa monetaria compra menos»

César García Novoa

Universidad de Santiago de Compostela

«El Impuesto de Patrimoniono tiene que eliminarse, pero sí debe reformularse»

Alberto Vaquero

Universidad de Vigo

«Es necesario deflactar el IRPF, los mínimos exentos y también hay que revisar las deducciones»

Stella Raventós

AEDAF

Tampoco sirve solo con deflactar la tarifa del impuesto. Stella Raventós, presidenta de la Asociación Española de Asesores Fiscales (AEDAF), sostiene que también hay que actuar sobre los importes exentos y revisar las deducciones. Vaquero, por su parte, señala que la deflactación debería aplicarse en todos los tramos. Pero admite que si no se quiere hacer «completa», al menos sí debería hacerse a las rentas más bajas.

García Novoa entiende que una de las razones por las que los gobiernos pueden estar esquivando la deflactación tanto en España como en Europa es que la política fiscal es la única herramienta para bajar la inflación de la que disponen. Y un incremento de los impuestos detrae dinero de la economía y, por tanto, puede actuar de medida deflacionaria.

El gravamen de la discordia

El impuesto del Patrimonio también ha saltado a la palestra después de que Andalucía anunciara su supresión, que el ministro de Inclusión, José Luis Escrivá, defendiera su armonización en toda España y que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, anunciara un nuevo impuesto temporal para gravar la riqueza.

«En su momento se decidió ceder capacidad normativa sobre este impuesto a las comunidades. Ya se asumía cuando se promulgó la ley que podía haber diferencias», valora Stella Raventós. «Haber cedido capacidad normativa es el pecado original del legislador; son impuestos que no es recomendable que se cedan», añade Onrubia.

Pero la gran incógnita es si este tributo tiene que subsistir. Y aquí sí hay discrepancias. Onrubia considera que «no es un buen instrumento». Y García Novoa añade que no sería una barbaridad que desapareciera. Onrubia considera que, a cambio, podría mejorarse el diseño del IRPF.

«En España tenemos un problema de reparto de la riqueza que debe corregirse», afirma Vaquero, quien añade, por tanto, que no se debe eliminar el impuesto sobre el patrimonio, pero sí es partidario de reformularlo. Y algunas reformas podrían ser el uso de mecanismos objetivos de valoración de la base imponible; un mínimo exento más elevado; una reducción de su tipo impositivo marginal; la fijación de una horquilla de tipos mínimos y máximos; y la eliminación de exenciones e incentivos. Además, se podría integrar en el IRPF o adoptar medidas para elevar el potencial recaudatorio del tributo.

En cuanto al nuevo tributo anunciado por la ministra de Hacienda, Raventós señala que habría que aclarar si este vendría a sustituir temporalmente al actual impuesto de Patrimonio, dado que no deberían convivir puesto que se incurriría en una doble imposición; una posibilidad que no se permite. También podría usarse el nuevo tributo para reformular la tributación del patrimonio en España.