El «calvario» que el condenado no concibe

Griñán, que lo ha sido casi todo en el PSOE, afronta el duro trance vital de la cárcel tras una condena que derrumba su dilatada trayectoria política.

MARIA DOLORES TORTOSA | JAVIER ARIAS LOMO

El peor de los relatos posibles para José Antonio Griñán (Madrid, 1946) en el caso de los ERE se confirmó hoy tras ratificar el Tribunal Supremo su condena a seis años de cárcel. Hijo de militar del franquismo, Griñán cursó estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla hasta converger como militante del PSOE. En el partido lo ha sido casi todo, incluido su presidente, arropado por una dilatada trayectoria política labrada desde la Transición. Hoy, tantos años después y ya septuagenario, afronta el derrumbe de su reputación con la condena por los ERE ratificada por los ERE y el duro trance vital de asomarse a la prisión.

El dirigente andaluz se convirtió en 1982, el año de la histórica victoria del PSOE en las generales, en viceconsejero de Trabajo de la Junta de Andalucía y entre 1990 y 1992 dirigió la Consejería de Salud. De ahí dio el salto a la política nacional para ser ministro con Felipe González. También fue diputado nacional entre 1993 y 2004. Ese año volvería al gobierno andaluz como titular de Economía y Hacienda. El Ejecutivo autonómico estaba liderado entonces por Manuel Chaves, el otro expresidente cuya condena ratificó también hoy el Supremo y que preludió, con una trayectoria casi idéntica, la de Griñán –él también fue ministro con González–. Aunque el desenlace en los ERE presenta una diferencia mayúscula: Chaves ha sido condenado a nueve años de inhabilitación especial y no ingresará en prisión, por contraste con Griñán.

La renuncia al escaño que este aún mantenía en el Senado llegó en junio de 2015 al exigir Ciudadanos su cabeza para apoyar la investidura de Susana Díaz. Griñán renunciaba así al aforamiento. Como el resto de cargos enviados a juicio en 2016, se dio de baja en el PSOE como exigían previamente sus estatutos aunque con previo amparo. El expresidente andaluz –lo fue entre 2009 y 2013– ha seguido ligado, no obstante, a la sigla del puño y la rosa.

Griñán ha afrontado este tiempo proceloso para él arropado por su familia y amigos. Dedicado a sus grandes pasiones, la música y la lectura, y destripando su propio 'proceso' a lo Kafka, como demostró en su declaración en la vista oral del juicio en tono didáctico. «El crédito no delinque», dejó en su defensa para las hemerotecas.

Quienes le conocen dicen que el exdirigente socialista no concibe que alguien como él, de vida austera, inspector de Hacienda por oposición, con un sentido del servicio público que ejerció durante 45 años, haya recibido como epitafio a su carrera política el «calvario» con los ERE, como él mismo describió a su salida del Supremo. Dos años antes de aquella vista, en agosto de 2013, dimitió como presidente de la Junta para no enturbiar el cargo previendo que la instructora, Mercedes Alaya, le tenía señalado en la causa. «Muy pocos podrán decir que han dado mayores pruebas de integridad que mi padre, aunque él nunca las cuente», escribió su hijo Manuel en una carta enFacebook tras la petición de cárcel ejecutada ahora por el Supremo.