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Fachada de la sede del Partido Popular en la calle Génova de Madrid. AFP
Casado se debate entre la refundación o un nuevo viaje hacia el centro

Casado se debate entre la refundación o un nuevo viaje hacia el centro

Los críticos afirman que el cierre de la sede de la calle Génova es un gesto efectista pero insuficiente para enderezar el rumbo del PP

Domingo, 21 de febrero 2021, 00:18

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En el tránsito de Alianza Popular a Partido Popular en 1989 cambió todo menos la sede del número 13 de la calle Génova de Madrid. Manuel Fraga pasó el testigo a José María Aznar; los jefes aliancistas cedieron el paso a una nueva camada de jóvenes dirigentes; el ideario se deshizo de la caspa retrógrada y adquirió pinceladas centristas; el color corporativo abandonó el rojo y amarillo para hacerse azul; y en el logotipo, junto a las nuevas siglas, volaba un pájaro (charrán o gaviota). Pablo Casado no ha hablado de refundación del PP, pero lo primero que ha hecho es anunciar el cierre de la sede de Génova, del resto no se sabe.

Aquel renacimiento vino precedido de dos décadas de derrotas electorales. El momento no es el mismo, aunque Casado desde que se hizo con las riendas del partido en 2018 «no ha dado con la tecla de la recuperación», como dice el politólogo Pablo Simón. Ha cosechado los peores resultados de la historia del PP en las elecciones generales, 66 escaños en abril de 2019 y 88 siete meses después. En las autonómicas de ese mismo año salvó los muebles gracias a Vox, lo mismo que en las andaluzas.

Las perspectivas no son mejores visto lo visto en Cataluña, aunque hayan sido unas elecciones con particularidades que no se dan en otros territorios. Casado lo reconoce, y nadie lo discute, que mientras persista la fractura entre extrema derecha, derecha y centroderecha volver a gobernar España es una quimera.

Por si fuera poco, la terca sombra de la corrupción heredada de sus mayores se niega a abandonar el partido. «Ya no sabemos qué hacer para acabar con esta pesadilla», se quejaba un dirigente popular unos días antes de las elecciones catalanas del pasado domingo. «Ese PP ya no existe», afirmaba Casado con rotundidad, pero el pasado sigue ahí. «Las hipotecas en política no son hereditarias», clamaba este martes, aunque no es fácil desprenderse de un legado cuando hay un rosario de juicios por corrupción pendiente en los que el PP, de una u otra forma, aparece en el banquillo.

Pero Luis Bárcenas no es el único lastre que atenaza al PP. Ni siquiera el más importante aunque sea el más notorio. El problema, lo reconocen dirigentes populares de todos los rangos, es de proyecto político. Lo dicen 'sotto voce', aunque el presidente de la Xunta de Galicia parece haber dado un paso al frente. La tarea de Casado, enumeró Alberto Núñez Feijóo, es «consolidar» el partido, recuperar la unidad del centroderecha y articular un discurso autónomo. La solución, dice, no es cerrar Génova.

En la dirección del PP consideran que el presidente gallego ha descubierto el agua mojada porque el camino ya está fijado «en la hoja de ruta» que desgranó el líder del partido en su respuesta a Santiago Abascal durante la moción de censura de octubre pasado. Pero el primer banco de pruebas para comprobar la capilaridad del mensaje, las elecciones catalanas, se saldó con un fracaso y un éxito para Vox.

Tampoco se observa un cambio de tendencia en las encuestas. Pero Casado y su equipo afirman que el viraje está en marcha. «Vamos a mantener el rumbo, las velas están bien orientadas, tenemos el mejor barco y la mejor tripulación», afirma Casado con espíritu marinero para descartar «aventuras».

Ensanchar la base electoral

Se enfrenta a la encrucijada de plantearse una refundación del PP o emprender el enésimo viaje hacia el centro. Un trayecto que ya recorrió Aznar y Rajoy siguió sus huellas. «No estamos preparando ninguna refundación», se trata de «ensanchar nuestra base electoral», mantiene un miembro del equipo del presidente popular. Otras voces, sobre todo de las organizaciones territoriales, no piensan igual. «O damos un giro que todo el mundo entienda o estamos condenados a la oposición», diagnostica un dirigente ajeno a los movimientos de Madrid.

Nadie pone en duda por ahora el liderazgo de Casado, al menos a cara descubierta. Sin embargo, los datos que arrojan los estudios demoscópicos indican que entre los votantes populares su figura no cuaja. El último barómetro del CIS señala que apenas el 44% de sus seguidores lo prefiere como presidente del Gobierno, uno de cada tres valora con un suspenso su labor, el 62% dice tener poco o ninguna confianza en él, y recibe una nota media de los suyos de 5,2 mientras que los demás líderes están valorados por su parroquia por encima del seis. Su equipo tampoco despierta fervor entre los cuadros del partido, que hablan de «teocracia» para referirse al férreo control impuesto por Teodoro García-Egea.

La dirección del PP confía en que la convención de otoño sirva para dar el anhelado impulso al partido sin recurrir a medidas traumáticas, como sin duda lo es una refundación. En el horizonte se adivina la fusión o absorción de Ciudadanos. Pero que sea un solución es discutible. Núñez Feijóo recuerda que de los 30 escaños que han perdido los naranjas en Cataluña, el PP no se hizo con ninguno.

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