Casado recupera para los indultos la estrategia de Rajoy contra el Estatut

El líder del PP convierte la concesión de esta medida de gracia en un arma contra el Gobierno, como ya hizo en 2006 su antecesor

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

La historia se repite. Quince años después de que el PP organizase una campaña de recogida de firmas contra la propuesta del nuevo Estatut de Cataluña que iba a ser discutida en el Congreso durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, la formación conservadora volverá a sacar las mesas a la calle para recabar firmas contra la intención del Gobierno de Pedro Sánchez de indultar a los líderes del 'procès'. Pablo Casado recupera así la ofensiva que desplegó Mariano Rajoy en 2006 y que ya repescó contra la 'ley Celaá'.

Una estrategia que, sin embargo, con el paso del tiempo ha sido calificada como «un error» por algunos dirigentes de la formación. «Serena, pero firmemente, el partido que presido va a movilizarse a recoger firmas frente a estos posibles indultos», anunció el viernes el actual líder del PP.

Tras la derrota en las elecciones generales de 2004, el PP desató una oposición en todos los frentes contra el Ejecutivo de Zapatero, que incluyó la reforma estatutaria, aprobada en la Cámara baja con el único voto en contra de los conservadores y cuyo texto acabaron recurriendo ante el Tribunal Constitucional. Aquel recurso fue resuelto por la corte de garantías en junio 2010, cuatro años después de que el texto fuese refrendado en referéndum por los catalanes, con la anulación de hasta catorce artículos. Una decisión que, según los expertos, está en el origen de la escalada soberanista. «Recurrir el Estatut fue excesivo y la recogida de firmas un error», admitió en 2017 el exministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo.

Para el entonces líder de los populares en Cataluña, Xavier García Albiol, la operación de las firmas fue desacertada porque se entendió «como una agresión» mientras que para Soraya Saénz de Santamaría el error fue no llegar a un entendimiento previo con el PSOE ante la reforma estatutaria. Todo un ejemplo, en palabras de la exvicepresidenta del Gobierno, de cómo no deben actuar ante un asunto territorial «los dos grandes partidos, que entonces lo eran todavía más».

Línea roja

Pero el entendimiento entre el PP y PSOE sobre el conflicto catalán se antoja imposible. Lejos de acercar posturas, la decisión de Sánchez de indultar a los doce dirigentes independentistas ha avivado la oposición de Casado, que ha visto en la concesión de esta medida de gracia una nueva arma con la que busca arrinconar al presidente del Gobierno. Relanzado por las encuestas tras la victoria electoral de Madrid, el líder de la oposición está decidido a jugar fuerte contra un Ejecutivo que percibe ahora débil.

Casado cree que si Sánchez cruza la línea roja de los indultos para Oriol Junqueras y el resto de líderes secesionistas, la legislatura «habrá terminado», además de que colocará al PSOE fuera del constitucionalismo. «El pago que le piden por haber acabado en la Moncloa será su finiquito y el epitafio del PSOE constitucional», advirtió el presidente del PP a Sánchez el miércoles desde la tribuna del Congreso.

A pesar de que tanto Sánchez como varios de sus ministros han recalcado estos días que queda mucho mandato por delante, en la dirección del PP insisten en que se ha producido un «cambio de ciclo» que les acerca a la Moncloa y trabajan ya para rearticular su proyecto político. Dentro de ese objetivo, se enmarcan los últimos cambios acometidos por Casado en su núcleo duro, al relevar a su jefe de gabinete por Diego Sanjuanbenito y reforzar con los fichajes de José María Rotellar y Miguel Ángel Quintanilla el área económica y estratégica. Cambios que explicará mañana ante el comite de dirección del partido.