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La princesa Leonor junto al Rey y la presidenta del Congreso tras jurar la Constitución Óscar Chamorro

La tregua en la ceremonia se impone por unas horas en las Cortes más fracturadas

Sánchez traslada a la Corona la «lealtad» del Gobierno y la presidenta del Congreso hace gala del «compromiso con nuestro sistema político» ante el plante de sus socios

Martes, 31 de octubre 2023, 11:12

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La monarquía española protagonizó ayer un paso institucional clave para la continuidad dinástica en la jefatura del Estado y el afianzamiento de su compromiso con los principios y valores democráticos. El día de su mayoría de edad, la princesa de Asturias, la heredera de la Corona, juró ante el Congreso «guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las comunidades autónoma». Es la fórmula regulada por el artículo 61 de la Carta Magna, imprescindible para que Leonor de Borbón Ortiz pueda reinar en el futuro. El ritual que tuvo como epicentro institucional y jurídico la sesión conjunta del Congreso y del Senado en el palacio de la Carrera de San Jerónimo abrió una tregua durante unas horas en las Cortes más fracturadas, en medio del fragor por la investidura que ultima el presidente Sánchez    con todos los socios –de Podemos a Junts, pasando por ERC, el PNV y Bildu– que plantaron a la Casa Real y a los tres poderes del Estado presentes en la ceremonia.

El breve acto, en el que la Princesa estuvo acompañada por sus progenitores, los Reyes, y su hermana, la infanta Sofía, siguió estrictamente el guion escrito hace más de 37 años por el entonces presidente del Congreso y padre de la Constitución, el socialista Gregorio Peces-Barba, para la jura del hoy rey Felipe VI cuando aún era, él también, el heredero al trono. Pero las Cortes ante las que Leonor juró ayer su sometimiento al ordenamiento jurídico español tienen poco que ver con las de hace casi cuatro décadas. Si en 1986 existía un amplio consenso en torno a la Corona, en el Parlamento actual el peso de los partidos que la apoyan se ha visto significativamente mermado.

La contestación contra la monarquía constitucional como forma de ordenar un Estado compuesto entre el poder central y el de las autonomías se proyectó sobre la ceremonia no solo con la ausencia de tres ministros, los de Podemos e IU, en el Gobierno en funciones –Ione Belarra, Irene Montero y Alberto Garzón–. Ninguna de las formaciones con las que Sánchez negocia su próxima investidura –Junts, ERC, EH-Bildu, PNV y BNG– ocuparon tampoco sus escaños en la Cámara baja. Es más, a primera hora de la mañana, los republicanos catalanes, la formación que lidera Arnaldo Otegi y los soberanistas gallegos hicieron público un comunicado en el que cargaron contra «los privilegios de la Casa Real». «No participaremos del enésimo intento de perpetuar una institución arcaica y opaca», lanzaron en su intento de boicotear una ceremonia que incide en el mandato asumido por Felipe VI de reconectar la monarquía con la sociedad después de años de turbulencias en torno, sobre todo, al rey emérito, excluido ayer del acto institucional,como ya sucedió    hace nueve años en la proclamación de su hijo.

Los cuatro expresidentes

Pero a pesar de las ausencias, el hemiciclo, engalanado como en las jornadas de trascendencia histórica, estuvo lleno. Los escaños se sustituyeron por sillas para dar cabida a diputados y senadores. En la tribuna de invitados presenciaron la jura los expresidentes Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, junto a todos los líderes autonómicos a excepción del catalán, Pere Aragonès, y el vasco, Iñigo Urkullu. Reinó una paz protocolaria entre el PSOE y el PP, a los que separa un abismo ahondado por el 23-J e intensificado por la fotografía, la víspera, del número tres del PSOE, Santos Cerdán, con Carles Puigdemont en Bruselas. Y tanto la presidenta del Congreso, la socialista Francina Armengol, como Sánchez se afanaron en marcar distancia institucional con el plante de sus aliados.

En su discurso ante la princesa de Asturias, Armengol definió la jura como un «compromiso» con un sistema político que «otorga el poder a través de las instituciones a quien verdaderamente le pertenece: al pueblo soberano». Y quiso elogiar, en nítida impugnación a las críticas de sus socios, a Leonor de Borbón como «digna representante de este país moderno y abierto al mundo». «Una mujer joven, cercana al sentir mayoritario de su generación», la que afronta los «importantes retos» de la España que ha evolucionado para bien –vino a subrayar– en los años transcurridos desde la jura de su padre. «Contad, Alteza, con la lealtad, el respeto y el afecto del Gobierno», transmitió luego el presidente en funciones en el Palacio Real, tras afirmar que la jura dota de aún «más futuro» a la propia Constitución.

Tras la sesión solemne, Armengol y el presidente del Senado, el popular Pedro Rollán, impusieron a la princesa las medallas de las cámaras. Leonor inauguró la segunda edición del Libro de Honor del Congreso y la Familia Real saludó a todos los invitados en el Salón de Pasos Perdidos.

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