Resumen 2017

La presencia de Puigdemont en Bélgica se queda en anécdota

31/12/2017

La presencia en Bruselas del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y de los cuatro exconsejeros catalanes, pese a crear tensiones en un primer momento, no ha desatado una crisis entre España y Bélgica ni ha desestabilizado al Gobierno belga.

Un día antes de la llegada de Puigdemont y los exconsejeros, el 29 de octubre, se produjo el primer "desencuentro" entre Madrid y Bruselas, cuando el secretario belga de Asilo e Inmigración, Theo Francken, del partido nacionalista flamenco N-VA, los "animó" a pedir asilo en Bélgica.

El Gobierno español no respondió a esa invitación pero sí lo hizo el portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Esteban González Pons, quien la consideró un "ataque inaceptable" de un miembro del Gobierno belga a otro Estado europeo, a España.

Enturbió también las relaciones que el ministro belga de Interior, Jan Jambon, del mismo partido, cuestionara el estado de Derecho en España.

Y tampoco ayudó el hecho de que el primer ministro belga, Charles Michel, "fuera casi el único (líder europeo) que condenó la violencia" por parte de la Policía durante el referéndum ilegal del 1 de octubre, sin criticar sin embargo la actuación de los separatistas, explica a Efe el politólogo Bart Maddens, de la Universidad de Lovaina.

De toda la Unión Europea, Bélgica es quizá el país donde más simpatías podía despertar la causa catalana, al estar gobernado por una coalición de partidos en la que los nacionalistas del N-VA, muchos en favor del secesionismo de la región belga de Flandes, tienen una presencia mayoritaria.

"Mi opinión es que ha creado tensión entre Bruselas y España. No lo admitirán oficialmente pero España hubiera esperado probablemente que Puigdemont hubiera sido entregado inmediatamente, sin hacer mucho ruido", añade Maddens.

En ello coincide Dave Sinardet, experto en política y profesor en la Universidad Libre de Bruselas (VUB) y la Universidad de Saint-Louis, que explica que las tensiones diplomáticas bilaterales tuvieron lugar "entre bastidores" y opina que la retirada de las euroórdenes contra los cinco políticos ayudó a rebajar ese clima.

La tensión entre los países ahora "ha desaparecido", según ambos expertos.

Maddens lo atribuye entre otros factores al hecho de que la declaración unilateral de independencia catalana se quedara en nada en la práctica, algo que evitó a Bélgica tener que posicionarse sobre el tema.

La retirada de las euroórdenes también ha tenido un peso fundamental tanto para suavizar las relaciones con España como para evitar problemas en el seno del Ejecutivo belga, añade Sinardet.

Para resolver las tensiones con España, el primer ministro de Bélgica pidió expresamente a los miembros de su Gobierno que evitaran "echar leña al fuego", y desde entonces también el nacionalista N-VA se mostró más comedido.

Como muestra de ello, la ausencia de sus más destacados dirigentes en la multitudinaria manifestación que el independentismo catalán protagonizó el pasado 7 de diciembre en Bruselas.

Todo ello ha contribuido asimismo a suavizar los ánimos entre los miembros del Ejecutivo belga, aunque los nacionalistas flamencos siguen de cerca la situación catalana.

"Hay afinidad entre los separatismos", indica Maddens, que añade que el caso catalán ha permitido a los más radicales del partido nacionalista N-VA demostrar que siguen apoyando el secesionismo.

El asunto llevaba aparcado desde que ese partido decidió entrar en la coalición gubernamental federal y se comprometió a no tocar durante toda la legislatura la reforma del Estado.

"Es un elemento importante" para el nacionalismo flamenco, señala Maddens, que cree que el tema catalán "ha creado un nuevo dinamismo en el movimiento flamenco".

Sin embargo, agrega, la crisis catalana también ha hecho ver a los secesionistas flamencos "que no es tan fácil, que en la actual UE es más difícil si no imposible para las regiones ser independientes; esto también tendrá un impacto en el discurso nacionalista flamenco", considera.

El mismo experto no cree que en Bélgica se reabra la cuestión (de la independencia) en las próximas elecciones.

"En Flandes solo el 10 % quiere la independencia, hay mucha gente que quiere más autonomía pero solo una minoría apoya la separación", concluye el politólogo.

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