Casa Cornide ,en la Ciudad Vieja de la Coruña, puesta en venta por la familia Franco. / Iago López

La herencia de la familia Franco se desvanece

Aumenta la presión política por recuperar el control público de los inmuebles legados por el dictador a sus descendientes, como la Casa Cornide, en el centro de A Coruña

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSO Madrid

La familia Franco disfrutó del Pazo de Meirás durante 82 años hasta que la finca fue entregada por orden judicial a Patrimonio Nacional el pasado 10 de diciembre. Habían hecho falta décadas de litigios y protestas vecinales hasta que las llaves del que fuera palacio estival de Francisco Franco –y antes residencia de la escritora Emilia Pardo Bazán– pasaran a manos del Estado. Recuperada una de las joyas más representativas del poder del franquismo, varios partidos políticos, ayuntamientos y otras administraciones ya han empezado a redoblar la presión por reclamar los inmuebles públicos legados por el dictador a sus descendientes, que ahora corren el riesgo de perder como si fueran fichas de dominó.

Es el caso de la Casa Cornide de A Coruña, un antiguo palacete del siglo XIX, de estilo ecléctico, situado en la zona vieja de la ciudad y que ahora es propiedad de los siete hermanos Martínez-Bordiú en régimen de proindiviso. El ayuntamiento de la capital gallega anunció el pasado lunes que iniciará acciones legales para recuperarla para el patrimonio público «una vez que los informes jurídicos encargados avalan las acciones para la recuperación del inmueble».

Estos ponen en duda la forma en la que Carmen Polo, esposa de Franco, adquirió la finca, que también genera controversia, como ocurrió con el Pazo de Meirás. Según los informes que maneja el consistorio coruñés, la naturaleza jurídico-patrimonial de la Casa Cornide es pública lo que, a su juicio, «contrasta con la ilegalidad de los sucesivos procedimientos de permuta, subasta y venta de la casa».

Según aparece recogido en ellos, la Casa Cornide pasó a ser propiedad del Estado en 1949 y el 22 de junio de 1962 se transmitió ese bien en permuta al Ayuntamiento de A Coruña. Pocos días después, su pleno en sesión extraordinaria aprobó la subasta pública para la venta de la finca al mejor postor. «Tan solo tres días después se vende a Carmen Polo y Martínez Valdés por 25.000 pesetas. No existió autorización del Ministerio de Educación Nacional, a través de la Dirección General de Bellas Artes, en las sucesivas transmisiones», apuntan.

Entre otras cuestiones, el ayuntamiento gallego denuncia que se modificaron las condiciones de la subasta con el fin de que el adjudicatario no tuviera que hacer frente a ciertas condiciones recogidas en los pliegos. Este modus operandi ejercido por el dictador y sus familiares fue habitual durante el franquismo. Entre otras posesiones, el citado Pazo de Meirás llegó a los Franco fruto de un donativo realizado en 1938 por el gobernador civil de A Coruña y varios alcaldes de la zona deseosos de mostrar lealtad a Franco. Llegaron a crear la 'Junta propazo del Caudillo' que reunió las 406.346 pesetas de la época que pedía a cambio Manuela Esteban-Collantes, viuda de Jaime Quiroga de Pardo Bazán.

Según la Abogacía del Estado, tres años después, en 1941, se produjo una «simulación» de venta que permitió a Franco inscribir a su nombre el Pazo de Meirás en el Registro de la Propiedad y posteriormente incluirlo en su testamento.

Canto del Pico

No fueron los únicos inmuebles sobre los que ha pesado la sombra de la duda como es el Caso del Canto del Pico_o la finca de Valdefuentes (ambas en Madrid). «Las propiedades inmobiliarias más emblemáticas fueron 'regalos' hechos al dictador como Caudillo, o a su familia directa. El Canto del Pico, en Torrelodones, fue vendido a un hostelero en 1988. Años más tarde se despojó de elementos artísticos históricos para que dejara de ser monumento nacional, poder recalificarlo y remodelarlo para convertirlo en un hotel-restaurante. La finca de Valdefuentes se concretó mediante compras de pequeñas fincas y se legalizó mediante una sociedad anónima llamada Explotaciones Valdefuentes, aunque la gente hablaba de ella como la S.A. de S.E., la Sociedad Anónima de Su Excelencia», explica a este periódico el escritor Mariano Sánchez Soler, autor de 'Los Ricos de Franco' o 'Los Franco S.A.'.

Lo que aún no se ha podido certificar, por ser más intangible que el ladrillo o la piedra, es la fortuna que manejan los descendientes el dictador y que algunos expertos cifran entre los 120 millones y los 600 millones de euros. «Es imposible cuantificar la fortuna acumulada. Durante cuarenta años de dictadura se hicieron negocios aprovechando el entorno del palacio del Pardo y la ventaja política del apellido Franco», sostiene Sánchez Soler.