San Mateo le canta a la Virgen

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16/10/2019

Centenares de vegueros madrugaron para asistir en primera fila a la llegada de la Virgen del Pino. Una alfombra de sal elaborada por los vecinos guio a la imagen hasta la iglesia, donde a soprano Fátima Naranjo le dedicó una actuación.

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La noche es cerrada y el frío húmedo de la montaña cala hasta los huesos. Por suerte, la lluvia que amenazaba a primera hora dio una tregua. Alguno que otro apura el paso a las 6.45 para no perderse el comienzo del acto y escoger un sitio estratégico para llevarse una foto, además del recuerdo. «Hay que ponerse del lado derecho de la iglesia, mejor», le recomienda una vecina a otra. La Virgen del Pino sale del cajón que la ha protegido en el trayecto desde Moya con la habilidad que ha dado la práctica estos días, aunque la tramoya del montaje no se hace visible para los fieles hasta que se encienden las luces y, ahora sí, se escucha ese primer «Viva la Virgen del Pino».

Desde la emblemática dulcería en la calle Principal emprende la imagen el recorrido hacia la iglesia en comitiva y con la banda militar a la cola, marcando el paso parsimoniosamente. Ante ella se despliega una alfombra de sal blanca elaborada por los propios vegueros, como esas que decoran el pueblo en sus fiestas, dando la bienvenida. En el corto pasillo se arremolinan decenas de móviles para captar el momento histórico de la visita y se comienzan a encender velas y bengalas. Desde los balcones también caen pétalos de flores y suenan aplausos a su paso.

El ritual es el mismo que en el resto de municipios, pero cada uno tiene un sentir especial. Con el lema La Madre de mi Señor viene a mí, la patrona de Gran Canaria ha recorrido ya la mitad de su camino por los ocho pueblos que sufrieron los estragos de un incendio que hizo arder más de 10.000 hectáreas de la Cumbre. Las calles de San Mateo en agosto se llenaron de voluntarios que acogieron a vecinos y vecinas de barrios desalojados y también de Tejeda, donde la imagen amanecerá hoy. El punto final de esa historia de terror lo ponen muchos con una plegaria, otros, con la medalla y los menos, con la instantánea de rigor.

Devoción y música

En el frontis de la iglesia, convenientemente situada en la pequeña Plaza del Pino, la Virgen reposa un instante. Ajena a la parafernalia protocolaria, que la nombra «alcaldesa honorífica» por unas horas, el momento más emotivo lo protagoniza el canto de la soprano Fátima Naranjo. Los acordes del Ave María de Schubert al piano resonaron en un silencio sacro y solemne entre las calles de la Vega. El cielo, al fin, comenzaba a clarear, y la peculiar estampa bien podría haber sido digna de una de las películas de Paolo Sorrentino. «Es así como mejor se expresa la devoción y la fe: con la música», aseguran dos amigas mientras esperan que acomoden la imagen de la patrona en su trono para dar comienzo a la misa.

Es por eso que el Ayuntamiento quiso organizar en el acto institucional de la tarde un nuevo homenaje sinfónico con toque local. Tras la primera eucaristía y hasta la noche se seguirían actos religiosos y la visita de distintos colectivos al templo. Manuel Estupiñán también le cantará a la Virgen por la tarde. Con alarde de sus cuerpos de baile antes de despedirse de ella, los grupos folclóricos vegueros Los indianos de las Lagunetas, Aires de Guiniguada y Sombras de Medianías completarán la despedida.

El dúo de amigas que esperaba comienza a moverse con la apertura de vallas y el tercer repique de campanas. La Virgen entra a la iglesia poco antes de las ocho de la mañana con el himno español de fondo y la mirada atenta de los fieles. En apenas diez minutos, el gentío madrugador se dispersa entre quienes acuden a la oración, la chiquillería, que aunque también ha perdido alguna hora de sueño le toca ir a clase, y quienes aprovechan para desayunar en alguna de las cafeterías cercanas. De repente, huele a sopa...