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Porsche Cayenne S P.F.
La simbiosis perfecta entre un SUV y una berlina: Así es viajar con el Porsche Cayenne S

La simbiosis perfecta entre un SUV y una berlina: Así es viajar con el Porsche Cayenne S

Un trazado de unos 335 kilómetros que transita por autovías, carreteras nacionales y trazados de montaña, es nuestro principal destino para esta ruta

Moncho Trigueros Rodríguez

Lunes, 4 de marzo 2024, 00:18

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El Porsche Cayenne S es más que un SUV. Aúna en su ADN las condiciones de una berlina y las habilidades de un todoterreno como pudimos comprobar en el trayecto entre Madrid y Logroño. Un trazado de unos 335 kilómetros en el que se transita por autovías, carreteras nacionales y trazados de montaña. Además, hacemos el recorrido en pleno invierno, por zonas que son siempre noticia por las bajas temperaturas y por paisajes en los que la niebla es protagonista.

Precisamente las nubes bajas nos acompañan desde que atravesamos Guadalajara hasta superar Soria. Una suerte porque es quizás el recorrido más sencillo al discurrir la ruta discurre por autovías. En esa parte del trayecto el peligro, por la falta de visibilidad, está en las zonas de subida en las que aparecen como fantasmas camiones que circulan por debajo de los 60 km/h. En total más de 200 kilómetros sumergidos en la niebla.

Estos problemas de visibilidad hacen que se extremen las precauciones, lo que impide que podamos exprimir los 475 CV de potencia del motor V8 con doble turbocompresor que alberga el Cayenne S. Además aconseja volverse conservador a la hora de utilizar los cuatro modos de conducción (Normal, Sport, Sport Plus y Off Road).

Al volante, el Cayenne S transmite seguridad. Mucha seguridad. Avanza con mucho aplomo y los 2.235 kilos de peso se convierten en una pluma para el motor de gasolina. Las irregularidades del terreno quedan completamente absorbidas gracias a la suspensión de muelles helicoidales. Así que el confort es total a bordo de este trasatlántico de la carretera.

En el interior está todo pensado para hacer la vida fácil al conductor y a los acompañantes. La mayoría de mandos de control están en el volante o alrededor del mismo y todos cerca de las manos del conductor. El selector del cambio está en el salpicadero, junto a la pantalla del sistema multimedia, y el botón de arranque, en el lado izquierdo, como es habitual en todos los modelos de Porsche.

Interior del Cayenne S
Interior del Cayenne S P.F.

El diseño del salpicadero del Cayenne es muy similar a su hermano, el Taycan. Monta dos pantallas: una para la instrumentación y otra para el sistema de infoentretenimiento, que mide 12,3 pulgadas, es táctil y tiene las funcionalidades habituales de este tipo de dispositivos.

En la consola que hay entre los dos asientos delanteros se encuentran los mandos que sirven para controlar el sistema de climatización. Con semejante carga tecnológica, cualquier trayecto, es muy cómodo. Especialmente cuando rueda en autovías en las que las rectas son protagonistas. Pero es a partir de Soria cuando comienza lo divertido para los que disfrutan al volante. La N111 serpentea mientras se asciende hacia el puerto de Piqueras en plena Sierra Cebollera. Una parte del recorrido en el que el Porsche Cayenne S exhibe sus buenos agarres en curva.

Una vez superado el puerto de Piqueras, mientras desciendes hacia el embalse de Pajares, todo el camino es prácticamente en descenso. Las posibilidades de adelantamiento son mínimas, pero la aceleración de 5 segundos de 0 a 100 km/h permite milagros en muy pocos metros.

Como es normal, un vehículo deportivo 'premium' de estas características tiene un pequeño 'handicap', el consumo. Pero para un cliente que se puede permitir alojar a este vehículo en su garaje, esto es algo residual. En nuestros 335 kilómetros de recorrido, con un trazado mixto y una velocidad moderada, conseguimos una media cercana a los 14 litros a los 100 kilómetros.

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Tras el descenso hacia Logroño, una vez superada la población de Islallana, nos queda delante una larga recta de 18 kilómetros nos lleva a la capital de La Rioja, donde nos esperan rincones imprescindibles, como la Muralla del Revellín (siglo XVI), la calle Portales, la catedral de Santa María de la Redonda (siglos IX a XVIII) y su casco antiguo, además de uno de los imprescindibles más famosos de Logroño: la calle Laurel. Esta estrecha vía peatonal tiene una anchura de tres metros y es conocida como «La senda de los elefantes», por las posibilidades de salir trompa si consumes una copa de vino o una cerveza en cada uno de sus bares.

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