Patrick Radden Keefe.

Patrick Radden Keefe, investigador del conflicto de Irlanda del Norte

«La verdad es más importante que la justicia a largo plazo»

«El 'brexit' supondrá la desaparición de Reino Unido tal y como lo conocemos; Escocia se irá y puedo ver separándose a los norirlandeses», afirma este periodista

PAULA ROSAS Londres

Jean McConville tenía 38 años cuando desapareció en Belfast en 1972. Era viuda y tenía diez hijos, que no empezaron a vislumbrar la verdad –había sido asesinada por el IRA– hasta décadas más tarde, cuando se desenterraron sus restos mortales en 2003 en una playa solitaria. Este crimen, uno de los más atroces cometidos durante el periodo conocido como 'The troubles' (los disturbios), sirve a Patrick Radden Keefe (1976) de hilo conductor en 'No digas nada, una historia real de crimen y memoria en Irlanda del Norte' para componer una radiografía, épica e íntima, del conflicto sectario que enfrentó a republicanos y unionistas durante más de tres décadas. Periodista del 'New Yorker', Keefe conversa este miércoles (19:00 horas) con su colega de profesión Gorka Landaburu en un acto organizado por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo en Vitoria.

–Los hijos de McConville, durante el juicio que en 2019 absolvió al exIRA Ivor Bell de ordenar su asesinato, afirmaron que «quizá no tengamos justicia, pero al menos tenemos verdad». En situaciones así, ¿es la verdad más reparadora que la justicia?

–Sí. Tiendo a pensar que la verdad es más importante que la justicia a largo plazo. He entrevistado a muchas, muchísimas víctimas, y a menudo lo más importante para ellas es saber que en tal fecha esto es lo que sucedió a su ser querido, que fue asesinado y enterrado en una tumba secreta bajo las órdenes de tal persona. Hay valor en la verdad, que de alguna forma es más importante incluso que la justicia y la rendición de cuentas.

–¿Puede la verdad ayudar en la reconciliación?

–Quiero pensar que sí. Por supuesto vemos que la paz es posible, un tipo de paz fría, una paz sin reconciliación. Pero, si realmente quieres una reconciliación, tiene que haber algún tipo de proceso de la verdad porque pueden pasar cientos de años y estas heridas no desaparecerán.

–La ley de amnistía que quiere aprobar el Gobierno de Boris Johnson para los crímenes cometidos durante los 'Troubles', ¿puede ser un camino a la reconciliación o, como opinan nacionalistas y unionistas, una mala idea?

–El modelo de paz sudafricano, que no es perfecto, tuvo una cosa buena, y es que intercambió la amnistía por la verdad. El problema con la propuesta de Johnson es que las distintas comunidades piensan que las injusticias que ellos sufrieron son las más importantes, así que piensan: «La amnistía está bien para mi gente, pero no para los otros». También hay que pensar que quién hace esa propuesta es el Estado británico, que estuvo involucrado en muchísimos crímenes atroces durante ese periodo. Y lo hemos visto una y otra vez, cada vez que se exige algún tipo de rendición de cuentas al Estado británico, a su ejército o a sus servicios de inteligencia es cuando suelen aparecer propuestas como esta. No quieren que la verdad salga a la luz.

–¿Cree que el 'brexit' y el protocolo de Irlanda del Norte pueden afectar a la paz en la región?

–Las tensiones han vuelto a incrementarse. Sin embargo, no creo que vayan a volver los 'Troubles' porque las circunstancias en las que surgieron fueron muy específicas. A largo plazo, lo que va a significar el 'brexit' no es el retorno de ese periodo sino el fin de Reino Unido como lo conocemos. Escocia se marchará y también puedo ver fácilmente a Irlanda del Norte separándose.

–En el libro habla usted de grupos paramilitares, una terminología común en el Reino Unido — incluso en la BBC— aplicada al IRA. En España, excepto en ciertos entornos, hablamos de ETA en términos de terrorismo. ¿Qué importancia tiene el lenguaje?

–El lenguaje es tremendamente importante, pero también es una trampa. Le he dado muchas vueltas. Todos estos nombres propios están politizados así que, si te hablo de 'Irlanda del Norte', hay gente que inmediatamente te dice que es 'el norte de Irlanda', que simplemente decir 'Irlanda del Norte' es político y que ya sabe de qué pie cojeas. Creo que 'terrorismo' es una palabra muy apropiada para describir cualquier situación en la que se mata a un gran número de civiles en busca de un objetivo político. Pero a menudo utilizo la palabra 'paramilitar' porque no quiero meterme en una pelea semántica, creo que es una distracción. Cualquier persona que lea mi libro de forma sincera reconocerá que es muy explícito sobre las cosas terribles que hizo el IRA. Al mismo tiempo, decir que no haya legitimidad alguna en sus reclamaciones debido a la forma en la que ha actuado para mí es una simplificación excesiva.

«Mentiras monstruosas»

–Presenta a Gerry Adams como alguien que niega haber sido del IRA, pero a la vez alguien indispensable para el proceso de paz.

–Adams es una de las figuras más fascinantes del siglo XX. Levanta muchas pasiones encontradas. Algunos lo ven como una figura de pura maldad y otros hablan de él como de Nelson Mandela. Para mí, ha contado unas mentiras monstruosas, pero políticamente tuvo razón al darse cuenta de que el IRA no podía seguir luchando para siempre, que no habría un final militar, sino que tenía que ser un final político. La mayor ironía es que sus mentiras pueden haber sido necesarias para traer la paz. Pero que no reconozca haber estado en el IRA es ridículo.

–En España algunos han querido ver en Arnaldo Otegui una suerte de Gerry Adams.

–No sé lo suficiente como para comentar sin parecer un americano ingenuo. Pero (Adams) es un arquitecto: ¿Quién no iba a aspirar a tener el mismo tipo de transformación ante el ojo público?

«El pasado no desaparece porque no hables de él o cierres los ojos»

Aunque aún no ha sido arrojada toda la verdad sobre el caso de Jean McConville, su asesinato empezó a esclarecerse gracias a las conocidas como 'Boston Tapes', un proyecto de historia oral lanzado en 2001 por el Boston College, que entrevistó en secreto a decenas de implicados de ambos bandos del conflicto. Ellos accedieron a aportar su testimonio bajo la condición de que sólo se hiciera público una vez que hubieran muerto. El instituto intentó mantener su promesa, pero no contaba con la batalla judicial que iniciaría la Policía de Irlanda del Norte para que le entregaran las cintas.

«El proyecto del Boston College ha tenido muchos fallos», reconoce Patrick Radden Keefe, «pero con una ambición noble y buena». El autor conoce bien el valor de la palabra y las dificultades que aún existen en Irlanda del Norte para escarbar en la verdad. «Muchos piensan que la única forma de mantener la paz es no indagando demasiado en las cosas del pasado. Y no creo que eso sea verdad. El pasado no desaparece simplemente porque cierres los ojos o no hables de ello».