Vitali Klitschko, el alcalde que nunca rechazaba una pelea

La escalada prebélica en Ucrania lleva al político de Kiev y excampeón mundial de los pesos pesados de boxeo, a llamar al reclutamiento y la formación de reservistas. «Estoy listo para luchar por la patria», dice el 'Dr. Puño de Hierro'

Sergio García
SERGIO GARCÍA

Como soldado juré en su día defender el país y estoy dispuesto a luchar por mi patria». No son palabras huecas, al menos viniendo de Vitali Klitschko, excampeón de los pesos pesados y alcalde de Kiev desde 2014, el mismo año que la escalada bélica propiciada por Rusia sacudió con saña Ucrania, esa tierra asolada por hambrunas, desastres nucleares y ahora una guerra que se alimenta del mismo gas que enciende las calefacciones.

Si Klitschko salta ahora a la palestra no es por sus éxitos deportivos, sino por organizar la protección civil de su ciudad en el marco de un conflicto que ha alcanzado su punto de ebullición y al que se asoman la UE y Estados Unidos. Ante la concentración de decenas de miles de soldados rusos al otro lado de la frontera, el alcalde ha llamado al reclutamiento y a la formación de reservistas. «Occidente no puede ignorar la acumulación de tropas y considerarla simples amenazas o pequeños juegos», ha advertido desde las páginas del rotativo alemán Bild.

El político no tiene que echar la vista muy atrás para justificar sus temores, ya que no es la primera vez que el Kremlin les arrebata territorio soberano con maniobras muy similares. El bloqueo del suministro de armas por parte de Alemania -país que distinguió a Klitschko con la Cruz del Mérito por su labor social y los proyectos que patrocina- no ha sentado nada bien al exboxeador, que no se cansa de recordar que la ayuda de Occidente nunca ha sido tan necesaria. «Estamos en el centro de Europa y compartimos frontera con varios países de la UE. No queremos la guerra, pero tampoco vamos a permitir que Rusia nos devuelva a los tiempos de la Unión Soviética, un imperio en el que el pueblo de Ucrania no quiere estar. Nosotros también somos Europa y necesitamos más que nunca su apoyo».

El rearme de Kiev y la compra de drones a Turquía ha soliviantado al Kremlin, que a la chita callando ensaya en Donetsk y Lugansk, los dos entes separatistas de Donbass, lo que tiempo atrás ya hizo en Crimea. Pero la situación ha cambiado: en Ucrania nadie está dispuesto a que les vuelvan a sorprender con la guardia baja y el subsiguiente acercamiento a posiciones europeas y norteamericanas no ha sentado nada bien a Putin, a quien la libre elección de aliados que tienen las naciones parece traer al pairo.

Chernobyl en directo

Aunque nacido en Kirguistán en 1971 (su progenitor era oficial del Ejército soviético y la familia se pasó años viajando de un destino a otro), Klitschko se sintió ucraniano desde que aterrizó allí. Eran tiempos difíciles, cuando sus padres, su hermano Vasili, su abuela y él compartían una habitación con derecho a cocina a las afueras de Kiev. Vitali cuidaba a todas horas del pequeño, del que le separan cinco años y hacia el que se ha mostrado siempre sobreprotector.

No era ningún bendito y su padre tampoco dudaba en echar mano del cinturón para enderezarlo, como la vez que escondió debajo de su cama una mina explosiva que encontró en un descampado. El accidente nuclear de Chernobyl, situado a sólo 93 kilómetros de su casa, se cobró su peaje en la familia. Su padre dirigió uno de los destacamentos enviados para atajar la amenaza radiactiva y contrajo un cáncer que le acompañó el resto de sus días.

Su palmarés profesional es legendario: 47 combates disputados, dos derrotas (en ambas ocasiones se retiró por lesión, cuando iba por delante a los puntos). Nunca ha sido noqueado. Una trayectoria sobre el ring que discurre pareja a la de su hermano Vasili, a quien asistía desde el rincón, el único que le gana en títulos pero a quien nunca se ha enfrentado. Su madre, a quien llamaban para tranquilizar una vez liquidados sus rivales, se lo dejó claro a ambos hace años: «Los hermanos no se pegan».

Fundador del Partido Alianza Democrática por la Reforma Ucraniana, le llaman 'Dr. Puño de Hierro' por su doctorado en Ciencias del Deporte y es un apasionado del ajedrez. Respetado, comedido, rico... su desembarco en política se gestó durante una de las muchas lesiones que jalonaron la trayectoria de Vitali -de disco, de rodilla, de espalda, de ligamento cruzado...-, pero si alguna vez pensó que allí iba a primar el juego limpio, no tardó en salir de su error.

Como ha demostrado la historia, la política en Ucrania es un espectáculo bastante lamentable, donde no faltan elecciones dudosas, el encarcelamiento de líderes de la oposición o peleas a puñetazos en el Parlamento, como la ocurrida en diciembre de 2012 que Vitali prefirió seguir a distancia, más que nada por si se le escapaba un gancho. No era la primera vez que jugaban con fuego. «Caballeros no me obliguen a responderles», espetó a los alborotadores que le provocaban cuando el partido que fundó se convirtió en la tercera fuerza más votada del país. La advertencia no era ninguna baladronada, mucho menos con los diputados brincando por los escaños y zarandeando al ex campeón del mundo con el propósito de que éste perdiera los estribos.

Klitschko se aupó a la alcaldía de Kiev en 2014, dos años después de retener el título por novena vez consecutiva y de que el Consejo Mundial de Boxeo le nombrara campeón emérito debido a que su actividad política le impedía seguir peleando. Que nadie se equivoque llevado por el cliché del boxeador sonado a fuerza de besar la lona. A sus 50 años y con un cuerpo que parece esculpido en mármol, si por algo no destaca Vitali es por hablar más de la cuenta.

Vitali desembarcó en el Ayuntamiento con todos los honores, después de ser uno de los líderes de las protestas que pusieron fin al gobierno de Viktor Yanukóvich. Incluso pugnó por la presidencia del país, un autobús del que prefirió apearse en aras, dijo, de la unidad de la oposición, en la que por aquel entonces brillaban Timoshenko o el a la postre electo Poroshenko. Ocho años más tarde, el destino le sitúa de nuevo en las trincheras.