Una refugiada siria muestra fotos de víctimas frente al juzgado de la ciudad de Coblenza. / EFE

Cadena perpetua para un oficial sirio por crímenes contra la humanidad

Alemania es el primer país que procesa a un alto responsable de los abusos del régimen de Bashar al Ásad

JUAN CARLOS BARRENA

Un oficial de los servicios secretos sirios ha sido condenado hoy a cadena perpetua por un tribunal alemán en el que se considera «el primer proceso del mundo contra un miembro destacado del régimen de Bashar al Ásad por crímenes contra la humanidad», según la Fiscalía Federal, que ejerció la acusación en el caso. Anwar Raslan, de 58 años, fue encontrado culpable por la Audiencia Superior de Coblenza del asesinato de 27 personas, así como de lesiones graves a otras 25, graves violaciones, coacción sexual, secuestro y toma de rehenes, entre otros cargos. El condenado era el máximo responsable de los interrogatorios que se llevaban a cabo en la cárcel de Al Khatib de los servicios secretos sirios en Damasco y se le considera responsable de las torturas de al menos 4.000 prisioneros entre abril de 2011 y septiembre de 2012. El proceso, que comenzó en abril de 2020, se ha desarrollado a lo largo de 108 sesiones y despertado la atención internacional por su carácter novedoso.

Ante el tribunal de Coblenza no solo se ha puesto en tela de juicio los hechos de que era acusado Raslan, sino todo el sistema de represión y asesinatos sistemáticos del régimen sirio tras el comienzo de la Primavera Árabe. Aunque el acusado no cometió los crímenes en este país ni estos afectaron directamente a ciudadanos alemanes, Alemania aplica desde la aprobación en 2002 de una ley por el Bundestag, el parlamento federal, el derecho universal que permite perseguir crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidos por personas en terceros países. Más de 80 personas declararon durante el juicio, entre ellas una serie de víctimas de sus torturas que se unieron en la acusación particular. La Fiscalía Federal había solicitado la pena de cadena perpetua y el establecimiento de una culpabilidad especialmente grave, lo que impedirá que tras 15 años de cumplimiento de condena pueda estudiarse su puesta en libertad y, en caso extremo, que nunca llegue a ser liberado. La defensa había pedido que fuera puesto en libertad.

El propio Raslan se había declarado inocente y asegurado que no había torturado personalmente a nadie ni dado la orden de hacerlo. Es más, aseguró durante el proceso que se había preocupado de liberar a manifestantes que habían sido encarcelados durante las protestas contra el régimen de Ásad en la Primavera Árabe. El condenado declaró que simpatizaba entonces con la oposición siria y que apoyó a ese movimiento tras escapar de su país y conseguir asilo político en Alemania en 2014. Raslan participó incluso en la segunda conferencia de paz para Siria que se celebró en Ginebra ese mismo año. Su defensa reconoció que el acusado nunca había negado tener conocimiento de las torturas sistemáticas en la prisión de Al Khatib, pero que las rechazaba e incluso castigó por ello a varios de sus subordinados. Pero señaló que «un colaborador de un régimen criminal no puede echar mano simplemente del teléfono cuando se da cuenta de las injusticias que se cometen en la cárcel», ya que eso habría puesto en peligro a su propia familia.

Reconocido por refugiados

Tras su huida a este país, Raslan y su antiguo subordinado Eyad Alghareib fueron reconocidos y denunciados por varias de sus presuntas víctimas, refugiadas también en Alemania, y detenidos en 2019 por las autoridades germanas. Alghareib fue condenado ya en un proceso anterior a cuatro años y medio de cárcel por colaboración en crímenes contra la humanidad tras demostrarse que había ayudado a llevar a 30 manifestantes a la prisión donde Raslan torturaba a los disidentes del régimen sirio. La Fiscalía Federal presentó durante el juicio pruebas contundentes de las torturas que se llevaban y seguramente se llevan aún a cabo en la prisión de Al Khatib. Entre ellas la colección de imágenes de torturados y asesinados por las autoridades de su país tomadas por el fotógrafo militar sirio conocido por el pseudónimo de «Caesar», que escapó de Siria con más de 50.000 fotografías que fueron expuestas en parte en el cuartel general de las Naciones Unidas en Nueva York.

El juicio ha sido seguido con gran atención por la gran comunidad de ciudadanos sirios refugiados en Alemania, que aumentó enormemente a partir del verano de 2015 con la llegada masiva de peticionarios de asilo de ese país a través de la ruta de los Balcanes. «Se ha restituido mi fe en la justicia», señaló una de las mujeres que formaba parte de la acusación particular, quien subrayó que lo decisivo es el mensaje de que los criminales pagarán tarde o temprano por sus culpas.