Trump amenaza con cerrar Twitter

27/05/2020

El presidente estadounidense se enzarza en una disputa con la red social mientras en el país siguen aumentando las muertes por la Covid-19.

«Donald Trump siempre golpea de vuelta a sus críticos». No lo dice la prensa que llama «enemigo del pueblo», sino una muy cercana a él, The Wall Street Journal, propiedad de Rupert Murdoch, El periódico le dedicó este miércoles un crítico editorial, después de que amenazase con «cerrar» Twitter y continuase difundiendo teorías de la conspiración contra otro de sus críticos, el ex congresista y presentador de MSNBC Joe Scarborough.

La plataforma de internet que ha convertido en su principal arma de distracción masiva ha tenido la osadía de empezar a aplicar su nueva política de transparencia sobre bulos y desinformaciones que entró en vigor a principios de mes. El Congreso había puesto a sus ejecutivos contra la pared de cara a las elecciones de noviembre, en las que pueden repetirse los episodios de manipulación e interferencia electoral que estrenase Rusia en 2016.

Por deferencia al presidente, ahora se sabe, los ejecutivos de Twitter le dieron un aviso privado la semana pasada, cuando visitó Michigan y acusó a su secretaria de estado de haber enviado a todos los ciudadanos papeletas por correo –no era cierto, el estado sólo había mandado información para solicitar el voto por correo-. Trump borró ese tuit sin mediar palabra, pero el martes volvió al ataque con California y llevó la acusación a una generalización inadmisible. «NO HAY FORMA (CERO) de que las papeletas por correo sean nada menos que sustancialmente fraudulentas», acusó al principio de una nueva traca de tuits difamatorios.

Twitter no le cerró la cuenta. Ni siquiera borró sus tuits. Tampoco los censuró en rojo vivo. Solo puso una discreta leyenda azul debajo de cada uno aconsejando a los usuarios informarse «sobre la realidad del voto por correo». Suficiente para desatar la cólera de Trump, que acostumbra a devolver el golpe multiplicado por mil. «Twitter está reprimiendo completamente la LIBERTAD DE EXPRESIÓN y yo, como presidente, no permitiré que ocurra», estalló. «Los regularemos duramente o los cerraremos antes que permitir esto», amenazó.

No hay, por supuesto, ningún precedente de algo así. De cerrarlo, Trump perdería el megáfono por el que se comunica con más de 80 millones de seguidores y esa es la mejor arma de Twitter para defenderse. Tal vez por eso la compañía ha dejado pasar algo más grave, las acusaciones de que el presentador de MNSBC habría asesinado a la asistente Lori Klausutis, que apareció muerta en su oficina hace casi diez años tras golpearse la cabeza en el escritorio al desvanecerse por un problema cardiaco sin diagnosticar. Su viudo ha escrito una sentida carta pidiendo a la empresa que retire las dolorosas acusaciones de que su mujer era amante del congresista, al que Trump acusa infundadamente de haberla asesinado. El mandatario incluso ha pedido a Florida que reabra la investigación, en lo que el consejo editorial del Wall Street Journal califica de «Difamación presidencial», titula su editorial. Pero Twitter, como todos, tiene que medir sus reacciones contra un poderoso mandatario que no mide los golpes y gobierna imponiendo el terror. Las urnas dirán en noviembre si se le permite seguir jugando a ser el más duro.