Rutte frustra el acercamiento de Sánchez

SALVADOR ARROYO / BRUSELAS

Visto con el prisma español, el viaje de Pedro Sánchez este lunes a La Haya -como el del italiano Giuseppe Conte la semana pasada, y el del portugués Antonio Costa las últimas horas- responde a un intento de acercamiento para diluir barreras con el norte ‘frugal’. Pero si se tiene en cuenta que el primer ministro holandés continúa inflexible, y que esa misma posición la mantienen Austria, Suecia y Dinamarca, hay otro prisma (el de ellos) que otorga una lectura paralela: intento de presión. Solo así, a la defensiva y un tanto provocador, encaja el recado que Rutte mandaba a España apenas unos minutos antes de que el vehículo de Sánchez entrase en su residencia oficial: «Ustedes tienen que encontrar la solución en España», lanzaba a los periodistas. Y añadió: «La negociación será difícil».

El líder liberal recibía al presidente del Gobierno en torno a la una de la tarde, sin saludo físico y con su sonrisa perenne. Reunión y almuerzo de trabajo en la agenda. Algo más de dos horas juntos y al finalizar, asomados a Twitter, mensajes poco elocuentes. El de Rutte: «Hemos discutidos los puntos más importantes de (la cumbre) del 17 y 18 de julio: el presupuesto de la UE y el fondo de recuperación». El de Sánchez: «Es vital lograr un acuerdo el próximo Consejo Europeo, perder más tiempo solo retrasará la recuperación».

Las claves:

Vigilancia.

El resto de países tendrían que autorizar (por mayoría cualificada) los planes nacionales que necesitan las ayudas. Habría una supervisión semestral de objetivos.

El fondo.

750.000 millones de euros. De ellos, medio billón en subvenciones (para España unos 140.000 millones). Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca no quieren subsidios.

Concesión.

La propuesta de Charles Michel recorta también el presupuesto y crea una ‘bolsa’ de 5.000 millones para los que más sufrirán el impacto del Brexit (como Holanda).

El primero, sin prisa; el segundo con más urgencia. Ambos excluyendo adjetivos para calificar el encuentro (ni siquiera el diplomático «constructivo» de clara ambigüedad). Conclusión: bien lo que se dice bien no parece que fue. Estamos como estábamos.

Hielo

Así que hielo en ese primer movimiento de Madrid con la Europa dura después de que la pasada semana transitase por un terreno bastante más llano: las reuniones con sus aliados (Portugal e Italia) en la batalla para conseguir que el fondo de emergencia contra la crisis pandémica mantenga el medio billón de euros en ayudas no reembolsables y los 250.000 millones en préstamos.

Rutte es el tipo más difícil y exigente de esta negociación: no está por la labor de aceptar subsidios (lo que se dé, se tiene que devolver) y en todo caso exige condiciones más rigurosas para que el dinero fluya. Y lo peor, que en su estrategia defiende aquello de que «no hay prisa». Avisa, de hecho, que la cumbre se puede quedar en un punto y seguido. ¿Pose o desinterés?

Muy solicitado

Enmanuel Macron, Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, y Angela Merkel han tenido reuniones con él los últimos días. Al tiempo, La Haya se coordina con Viena, Estocolmo y Copenhague. Rutte está muy solicitado. Es lo que tiene la unanimidad que se requiere para canalizar las ayudas europeas: que el voto de un país de diez millones de habitantes tiene el mismo peso que los que suman cientos de millones de europeos. La frustrante derrota de Nadia Calviño en la votación para presidir el Eurogrupo es ejemplo reciente de lo que pueden hacer los ‘pequeños’.

Considera «vital» hacerlo en la cumbre del viernes; «perder más tiempo solo retrasará la recuperación»

La cuestión es que Rutte sigue (o lo parece) altivo e implacable. Así que en ‘pos’ del acuerdo planea el riesgo de una merma del propio fondo. Y eso aún cuando la propuesta del Consejo Europeo que servirá de base para la negociación le hace concesiones claras. La primera, recorta el presupuesto plurianual 2021-2027 en unos 20.000 millones de euros (de 1,1 a 1,074 billones). Holanda siempre se ha negado a aportar más del 1% de la Renta Nacional Bruta pese a la marcha de Reino Unido.

La segunda, impone un mayor control a la hora de otorgar las ayudas (los otros países tendrían que aprobar los planes nacionales que buscan la cobertura por mayoría cualificada). Aquí La Haya exige el derecho de veto. Vamos, la unanimidad. Y tercero, le garantiza el ‘cheque’ de 1.576 millones que sirve como reajuste para compensar que Países Bajos aporte más al presupuesto que lo que obtiene de él. Pero visto lo visto, ni eso colma a La Haya.

Sánchez se encontrará este martes en Berlín con Angela Merkel, presidenta ‘ocasional’ de la UE. La canciller sintoniza con el plan de recuperación, con Francia, España e Italia. Y es clave para ‘atraer’ al Rutte que fue acólito en su estrategia pasada de austeridad. Mañana el presidente tiene una cita con el sueco, Stefan Löfven. Socialdemócrata como él. Pero alineado con los ortodoxos. Menos hueso que Rutte... pero hueso.

«España no teme» la vigilancia, pero con el Semestre Europeo

El fondo de recuperación tiene que dar cobertura a los países más golpeados por la pandemia; ha de orientarse a objetivos comunitarios (transición verde y digitalización); y los procedimientos para verificar que se está cumpliendo con cada hito que se imponga deben ser los que ya están contemplados; los «ya rodados», como el Semestre Europeo por el que los países «se someten los unos a los otros a esa verificación». Esos son los tres principios de condicionalidad que la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya defendió este lunes en Bruselas, tras mantener con sus colegas europeos la primera reunión presencial en meses.

Ningún otro elemento de control más estricto ni por supuesto ‘hombres de negro’ fiscalizando las cuentas nacionales. España asumirá «con responsabilidad» y «sin miedo» la supervisión del destino que dé al fondo, pero dentro de los parámetros planteados «porque eso ya lo estamos haciendo». Sobre la obligación de cumplir con recomendaciones pasadas (como la no derogación de la reforma laboral) indicó que el pacto de Gobierno es «transparente»: «se haría cuando sea un buen momento y con acuerdo de todos los agentes sociales».