Un tanque ucraniano en las calles de Kiev. / Reuters | Vídeo: EP

Rusia y Ucrania aceptan una nueva reunión pero sin pactar un alto el fuego

Las dos delegaciones definieron en su primer encuentro una serie de «temas prioritarios», mientras el Kremlin sigue con los bombardeos

RAFAEL M. MAÑUECO Corresponsal en Moscú

Las delegaciones de Rusia y Ucrania que se reunieron este lunes en la región de Gómel (Bielorrusia), en un enclave cercano al puesto fronterizo de Alexandrovka, negociaron durante cinco horas, divididas en tres sesiones con dos recesos intermedios. Sin embargo, no lograron ponerse de acuerdo para pactar un alto el fuego ni una solución concreta que ponga fin a un conflicto sangriento que contabiliza ya centenares de muertos.

El cabeza de la delegación de Moscú, Vladímir Medinski, asesor del presidente, Vladímir Putin, y exministro de Cultura, afirmó ante la prensa que tendrá lugar una segunda ronda de negociaciones en los próximos días para continuar examinando los temas. Se celebrará en otro lugar, en la frontera entre Polonia y Bielorrusia.

Por su parte, Mijailo Podoliak, asistente del presidente Volodímir Zelenski, afirmó, sin demasiada concreción, que durante el encuentro las dos partes «designaron una serie de temas prioritarios sobre los que se han perfilado determinadas decisiones». Las delegaciones se trasladarán ahora a Moscú y Kiev respectivamente para discutir lo abordado durante todo el día de este lunes.

Sin embargo, a juzgar por lo que le dijo este lunes Putin a su homólogo francés, Emmanuel Macron, el Kremlin no ha cambiado ni un milímetro sus posiciones. Para el líder exsoviético es indispensable que Kiev «reconozca la soberanía rusa de Crimea, la desmilitarización y la desnazificación de Ucrania y el cumplimiento de la oferta de neutralidad». Precisamente, esta oferta que planteó Zelenski la semana pasada ha sido lo que ha dado el impulso para que este lunes se reunieran las delegaciones de los dos países, aunque es sabido que la lista completa de exigencias del jefe del Kremlin es inasumible para las autoridades ucranianas.

El encuentro de las delegaciones debería haber tenido lugar el domingo por la tarde, no este lunes al mediodía, pero se canceló. El Kremlin aceptó el viernes la oferta de «neutralidad» y diálogo de Zelenski, y por poco no cuaja la idea debido a que la ofensiva rusa se mantiene y a las discrepancias sobre el sitió del encuentro. Primero se habló de Minsk, la capital de Bielorrusia, y luego de la localidad de Gómel, ciudad también bielorrusa. Pero en Kiev declinaron ambas sedes por considerar que Bielorrusia está involucrada en el conflicto. Al final se aceptó esta última región, pero en la frontera. Las autoridades bielorrusas garantizaron la «seguridad» de la comitiva ucraniana.

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Zelenski dijo el domingo no tener muchas esperanzas de que las conversaciones con Rusia sirvan de mucho. El leve resquicio a la esperanza estriba, sobre todo, en el propio hecho de que el Kremlin haya aceptado acudir a una mesa de negociación tras su reiterada negativa a hacerlo desde hace días o a asumir una entrevista con el presidente ucraniano. Puede ser un simple ejercicio de postureo o una reacción a la fuerte presión internacional que pesa sobre Rusia a nivel económico.

Hasta qué punto las posiciones son distantes da también idea lo expresado este lunes por el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konáshenkov, quien consideró que «Rusia no ha iniciado acciones de guerra en Ucrania sino que la está poniendo fin ahora». «Fue Ucrania la que comenzó la guerra hace ocho años mediante la aniquilación planificada de la población de Donbass». Según sus palabras, «durante esos ocho años de guerra, han muerto más de 14.000 personas y centenares de niños. Había que poner fin a esto».

La culpa de Occidente

Por su parte, el representante permanente de Rusia ante Naciones Unidas, Vasili Nebenzia, declaró ante la sesión extraordinaria de la Asamblea General de la ONU que Occidente ha animado a Kiev a no cumplir los acuerdos de Minsk y a repetir «el mantra insensato de que es la parte rusa la que no los respeta, además de inundar Ucrania de armas».

Nebenzia dijo que la «verdadera causa de la actual guerra ha sido haber saboteado los acuerdos de Minsk». «Ucrania no quería diálogo y no quería medidas para reconocer un estatus especial para Donbass, como se establecía en los acuerdos», prosiguió. Recalcó asimismo que la actual «operación especial» no persigue ocupar Ucrania «sino desmilitarizarla». El representante ruso afirmó que las actuales autoridades de Kiev «no representan» a toda la población del país y que el ambiente «antirruso» que reina en Ucrania les obliga a responder. Dijo además que Kiev pretende dotarse de armas nucleares, por lo que «Rusia tiene que protegerse».

Medinski no dio este lunes a conocer la composición del resto de la delegación rusa. Estaba Borís Grizlov, el emisario en las negociaciones del grupo trilateral para la aplicación de los acuerdos de Minsk. Los que no ocultaron a sus negociadores fueron los ucranianos: el ministro de Defensa, Oleksiy Réznikov; el viceministro de Exteriores, Mykola Tochitsky; el asesor de la Presidencia ucraniana, Mijailo Podoliak; el portavoz del grupo parlamentario del partido de Zelenski Servidor del Pueblo, David Arajamía; el diputado Rustam Umérov y el representante ucraniano en el grupo trilateral, Andriy Kostin.

Se informó que la delegación ucraniana llegó en helicóptero a la frontera entre Ucrania y Bielorrusia cerca del puesto de control de Alexandrovka. La parte rusa convino acceder a la reunión, a pesar de la condición previamente planteada por el Ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, de que las negociaciones solo podían llevarse a cabo después de que el Ejército ucraniano depusiera las armas.