Kosovo ve vía libre para su adhesión al Consejo de Europa

Prístina considera que la expulsión de Rusia de esta institución que hoy conforman 46 países le permitirá sumar la mayoría necesaria

SALVADOR ARROYO

«El Gobierno de la República de Kosovo ha solicitado de forma oficial su adhesión como miembro de pleno derecho en el Consejo de Europa». Con estas palabras la ministra de Exteriores, Donika Gernalla, confirmaba este jueves el paso formal con el que este país de reconocimiento limitado persigue un nuevo grado de internacionalización. Kosovo aspira a entrar en este organismo supranacional, ajeno a las instituciones comunitarias, con sede en Estrasburgo. Y que el pasado 16 de marzo excluyó formalmente a uno de sus miembros más significativos, la Rusia de Vladímir Putin, por la invasión de Ucrania.

Una baja que el Ejecutivo de Prístina juzga clave para que prospere su petición. Porque Rusia, como otros Estados europeos (España, Eslovaquia, Grecia, Rumanía, Chipre y por supuesto Serbia, de la que se escindió de forma unilateral en 2008) no reconoce su legitimidad como Estado. Su asiento está vacío y salen las cuentas. Así lo constató el pasado marzo, un grupo de reflexión con sede en Berlín, Iniciativa Europea de Estabilidad (ESU, por sus siglas en inglés). Kosovo conseguiría los votos necesarios, los de al menos 34 países (del total de 46) que sí reconocen su independencia. Un cálculo factible que animó poco tiempo después al primer ministro del país, Albin Kurti, a avanzar públicamente que sí, que cursaría solicitud de ingreso a Estrasburgo. La senda se le despejó aún más cuando el Gobierno alemán le lanzó una señal de apoyo. Aunque de forma indirecta (respondiendo a la pregunta de un diputado del Bundestag) dejaba entrever que estaba preparado para dar el 'sí'.

El Consejo de Europa gestó la Convención Europea de Derechos Humanos y ayudó, de hecho, a las naciones de la extinta órbita soviética a democratizar sus sistemas políticos cuando colapsó el comunismo en la década de los noventa del siglo pasado. De entrada fortalecería su entidad jurídica como país en el escenario internacional. Kosovo no forma parte de un amplio abanico de organizaciones globales clave como la Organización Mundial del Comercio o la propia Interpol. Y, a efectos prácticos, podría incluso acudir al Tribunal de Derechos Humanos, con sede en la misma ciudad francesa.

LA CLAVE:

  • Con los Balcanes. Borrell refuerza el frente con los seis países para que Rusia «no explotesus vulnerabilidades»

Desde Serbia no se ocultó el malestar. Su presidente, Aleksandar Vucic, advertía que habrá «una respuesta fuerte, seria y razonable. Trataremos de oponernos de forma pacífica y diplomática», aseguraba antes de subrayar que no reconocerá la independencia de la que fuera antigua provincia serbia.

Kosovo adelantaba el miércoles, durante una cena informal en Bruselas, que la solicitud iba a ser tramitada este jueves mismo desde Prístina. Lo hacía ante el Alto representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, el español Josep Borrell, y líderes del resto de países de los Balcanes (además de Kosovo, Albania, Macedonia del Norte, Serbia, Montenegro y Bosnia y Herzegovina). Una reunión en la que el comisario europeo buscaba reforzar una estrategia común de respuesta. O, dicho de otro modo, que en plena invasión de Ucrania, las convulsiones se extiendan a una zona ya de por sí políticamente inestable. Y (salvo Serbia socio de pleno derecho) con candidaturas a la integración en la UE que llevan años esperando respuesta.

«Patio de atrás»

En los Balcanes se produjo la última guerra europea (en la extinta Yugoslavia, con bombardeo de la OTAN en 1999 en la propia Kosovo, escenario clave de una cruenta guerra civil). Ahora está en Ucrania. «Los Balcanes no son nuestro patio de atrás, sino que son nuestro patio interior», destacaba el jefe de la diplomacia europea. Borrell incidió en que ese grupo de Estados «forman parte de nuestra geografía y vamos a actuar juntos para afrontar las acciones disruptivas de Rusia a través de desinformación y ciberataques».

El temor de Bruselas es que Moscú intente «explotar las vulnerabilidades» de esa región. Algo que venía subrayando desde antes de la embestida sobre Ucrania y que ahora requiere un grado de atención mucho mayor. Porque la inconsistencia en los Balcanes es más que notable. Brechas entre Serbia y Kosovo, entre Serbia y Bosnia o en la propia Bosnia y Herzegovina (considerado incluso por Bruselas como Estado disfuncional y desintegrado).