Naftali Bennett, esta semana en el Parlamento de Israel. / AFP

Netanyahu llama a bloquear el nuevo Gobierno en el Parlamento

Naftali Bennet, probable primer ministro del nuevo Gobierno de Israel, apuesta por la anexión de Cisjordania y rechaza un Estado palestino

MIKEL AYESTARAN Jerusalén

Parece que a Benjamín Netanyahu se le agota la magia y necesita un golpe de efecto para intentar frenar la creación del Gobierno de coalición impulsado por ocho partidos que amenaza con apartarle del poder. El primer ministro en funciones recurrió este jueves a Twitter para criticar ese Ejecutivo que, aunque estará dirigido los dos primeros años por el ultranacionalista Naftali Bennett, considera «de izquierdas» y «peligroso». Netanyahu sigue el estilo de su admirado Donald Trump cuando ve acercarse la derrota y alerta de que Israel está a las puertas del «fraude del siglo». Para evitarlo ha convocado de urgencia a las fuerzas conservadoras aliadas con el fin de intentar bloquear el cambio liderado por Bennett y Yair Lapid en la decisiva votación del Parlamento.

Tras la firma 'in extremis' del acuerdo la noche del miércoles, la Cámara tiene ahora la palabra y se ha convertido en el nuevo campo de batalla. La coalición que quiere poner fin a la era Netanyahu inició los trámites para cambiar al presidente del hemiciclo, Yariv Levin, miembro del Likud que piensan puede intentar retrasar al máximo la votación para que Netanyahu tenga tiempo de lanzar alguna maniobra que acabe con el consenso de una oposición tan heterogénea. Partidos de extrema derecha, derecha, centro, izquierda e islamistas solo tienen en común el deseo de acabar con el primer ministro en funciones.

Ante las dudas internas en Yamina sobre la necesidad de remover a Levin de su puesto, la Lista Conjunta árabe mostró su apoyo a Lapid y aseguró que sus diputados están dispuestos a votar a favor del reemplazo para colocar a Mickey Levy, de Yesh Atid, al frente de la Cámara. El lunes podría producirse el relevo, según los planes de la coalición.

El plan del Likud pasa por aumentar al límite la presión sobre los siete diputados de Yamina, partido de Bennett en el que no todos ven con buenos ojos la estrategia de su líder. Matan Kahana, miembro de la formació, ha declarado que «estamos bajo una presión enorme» para votar en contra del nuevo Gobierno. «Está por todas partes: redes sociales, llamadas telefónicas, protestas delante de nuestras casas… Hasta el punto de que se están cruzando líneas rojas. Algunos diputados sienten que hasta sus hijos están en peligro», denuncia. El grado de las amenazas desde la ultraderecha israelí ha llevado a Bennett a recibir la misma protección que el primer ministro.

Después de doce años al frente de Israel, Netanyahu puede perder el poder a manos de políticos que fueron durante años estrechos colaboradores. Bennett fue su jefe de gabinete y ministro de Educación o Defensa. Avigdor Lieberman también fue jefe de Gabinete y ministro de Defensa. Gideon Sa'ar estuvo al frente de Educación e Interior y Lapid y Benny Gantz también han ocupado cargos ministeriales bajo el mando de la persona a la que ahora quieren apartar de la primera línea de la política.

«Nada explica mejor la formación de esta nueva coalición con partidos tan opuestos que la animosidad de unos líderes políticos que exigen venganza contra el hombre que una y otra vez les engañó o quemó directamente», apuntó Marwan Bishara, analista del canal Al Jazeera.

Uno de los puntos clave en su programa electoral es la necesidad de pasar de la ocupación a la anexión de la zona C de Cisjordania (tras los acuerdos de Oslo Cisjordania quedó dividida en tres partes, sobre el papel el área A, bajo control civil y militar de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), área B bajo control civil de la ANP y control militar conjunto con Israel y la C, bajo control militar exclusivo y control civil casi total de Israel).

También se opone de manera abierta a la creación de un Estado palestino por lo que no comulga con la solución de los dos Estados que defiende la comunidad internacional, con el gobierno de Joe Biden a la cabeza. Cuando en 2013 declaró «he matado a muchos árabes en mi vida y no hay ningún problema», sus palabras ocuparon todos los titulares de prensa y aprovechó para marcar diferencias con Netanyahu porque aseguró estar «más a la derecha» que el primer ministro.

«Debemos seguir trabajando en esta dirección para anexionar esta zona C y darle identidad israelí, lo mismo que hicimos con el Golán y con Jerusalén Este, áreas que con el paso de los años el mundo ya ha comprendido que son nuestras», es una de las máximas que repite el dirigente ultranacionalista en cada campaña.

Si se consuma el Ejecutivo tendrá la oportunidad de liderar este proyecto que no pudo realizar ni el mismísimo Netanyahu. Aunque vista la coalición que tiene a su lado se muestra pragmático y ya ha adelantado que « todos vamos a tener que ceder y no podremos cumplir nuestros programas».

Descendiente de emigrantes yreligioso ortodoxo

Hijo de emigrantes llegados desde San Francisco, Naftali Bennett nació en Haifa hace 49 años y es un religioso ortodoxo –puede ser el primer jefe de Gobierno en la historia que luzca kipá– que creció en el seno de una familia secular. Tras pasar temporadas en Estados Unidos y Canadá, se graduó en la Universidad Hebrea de Jerusalén y es un empresario de éxito en el mundo tecnológico de las 'start-up', donde fundó la empresa de ciberseguridad Cyota que vendió en 2005 por 123 millones de euros. Con poco más de 30 años ya alardeaba de «poder tomar cócteles en el Caribe el resto de mi vida».

Exoficial en la unidad Maglan de las fuerzas especiales del Ejército, una de las unidades de élite, dio el salto a la política en 2006 en las filas del Likud. Entonces, el partido fundado por Menahem Beguin hace casi medio siglo y al que pertenece el actual primer ministro en funciones, se encintraba en la oposición.

Netanyahu le acogió en la formación y le hizo su jefe de personal, pero no tardó en iniciar sus propios proyectos en solitario y en 2012 creó el partido sionista religioso Hogar Judío, con el que obtuvo 12 escaños en las elecciones del siguiente año.

Desde entonces se convirtió en aliado fiel del Likud y Netanyahu le premió con los ministerios de Diáspora, Servicios Religiosos, Educación y Defensa. El problema entre ellos no es ideológico, es más de gestión y personal, lo mismo que le ha pasado a Netanyahu con otros exprotegidos como Avigdor Lieberman o Gideon Saar, que también se han embarcado en el gabinete del cambio.