Empleados electorales y miembros de las fuerzas de seguridad han votado ya de manera anticipada en Irak, puesto que deben trabajar este domingo. / efe

Irak vota en unas elecciones continuistas pese a la división de los chiíes

La creciente injerencia de Irán separa a los grupos en unos comicios anticipados por las protestas sociales de 2019 y que pueden ser los últimos antes de la retirada estadounidense

MIKEL AYESTARAN Bagdad

Irak vota este domingo en las quintas elecciones generales desde la caída de Sadam Husein y las que pueden ser las últimas con presencia militar de Estados Unidos. Los estadounidenses salieron de Afganistán tras dos décadas de guerra y los talibanes tienen el poder. Y, si se cumple lo acordado en verano, sacarán sus fuerzas de combate de Irak el 31 de diciembre después de 18 años de operación militar que deja un país en manos de los partidos religiosos chiíes, próximos a Irán, y sus milicias.

En las calles de Bagdad, las figuras de Abu Mahdi Al Muhandis y Qasem Suleimani -líder de las Unidades de Movilización Popular y general de la Guardia Revolucionaria de Irán, respectivamente, asesinados en un ataque con un dron estadounidense ordenado por Donald Trump en enero de 2020- tienen más peso y presencia que los candidatos al Parlamento. Gane quien gane, el futuro primer ministro necesitará una vez más el visto bueno de Washington y Teherán, los dos grandes poderes que mueven los hilos de Bagdad desde 2003.

Son los primeros comicios anticipados de la historia moderna del país, ya que se convocaron para intentar calmar las protestas que azotaron las calles en octubre de 2019. Miles de personas, sobre todo jóvenes, se manifestaron en Bagdad y las grandes ciudades del sur, de mayoría chií, para mostrar su rechazo al desempleo, la corrupción, la injerencia de Irán y un sistema político que ha condenado a la nación a la división sectaria y étnica.

Los iraquíes pagaron este levantamiento con la sangre de al menos 700 manifestantes, pero lograron la dimisión del primer ministro, Adel Abdul Mahdi, el adelanto de los comicios y la introducción de una serie de cambios en la ley electoral para intentar facilitar la entrada de candidatos independientes entre los 327 miembros de la Cámara. La votación adelantada es una concesión a aquellas protestas, pero sus protagonistas llaman al boicot a las urnas porque piensan que nada va a cambiar y se teme que la participación sea inferior a la del 50% registrada en 2018.

«No puedo votar. Todo es un teatro organizado por los de siempre para que nada cambie», lamenta el poeta bagdadí Ali Al Bahadili. Sentado con sus amigos más cercanos en el céntrico café Ridha Alwan lamenta «el caos que trajeron los estadounidenses a Irak y del que no podemos salir con un sistema que nos condena al sectarismo. A veces pienso que solo nos puede salvar una bomba nuclear para que todo salte por los aires y empecemos de cero, libres de los partidos religiosos».

Uno de los eslóganes más repetidos por los manifestantes era «no a la muhasasa», nombre del sistema de cuotas por el que el primer ministro y hombre fuerte del país debe ser chií, el presidente kurdo y el portavoz de la cámara suní, un estilo a lo que sucede en Líbano.

Los partidos chiíes, secta del Islam mayoritaria en Irak, han ganado siempre las elecciones y se han aliado para alcanzar la mayoría necesaria Esta vez, sin embargo, las formaciones están enfrentadas entre ellas y es una incógnita conocer cómo se gestarán las nuevas coaliciones. «Nos separa nuestra opinión sobre Irán. Teherán ha superado todos los límites posibles de injerencia y le pedimos que salga de los asuntos internos de Irak, pero otros no opinan igual», dice Usam Husain, portavoz del movimiento del clérigo Muqtada Al Sadr, vencedor en 2018 y que aspira a repetir victoria gracias al apoyo social de este religioso nacionalista cuya familia es venerada por el chiismo.

El Capitolio y las banderas

En el cuartel general de las todopoderosas milicias de las Unidades de Movilización Popular, un enorme fotomontaje del Capitolio rodeado de banderas rojas preside una de las entradas. Es el recuerdo de la batalla de Karbala, momento de la escisión en el Islam y apela a la resistencia del chiismo frente a la ocupación estadounidense. Estas milicias chiíes fueron claves en la derrota del grupo yihadista Estado Islámico (EI), ahora son parte de las fuerzas armadas y acuden a las urnas en la coalición proiraní Al Fateh junto al ex primer ministro Nuri Al Maliki.

«Nuestra prioridad es la protección y reconstrucción de Irak, y la protección empieza con la retirada completa de Estados Unidos. Si no cumplen lo acordado tenemos varias opciones sobre la mesa porque debemos ser un país libre e independiente», afirma la doctora Soheila, candidata al Parlamento por Asaib Ahl al-Haq, una de las milicias más poderosas.

En su despacho hay una enorme fotografía del Líder Supremo iraní, Alí Jamenei, y varias fotos del Domo de la Roca de Jerusalén con el eslogan «cada vez más cerca». La candidata considera a Irán «un país vecino y amigo cuyo apoyo fue decisivo en la lucha contra el Estado Islámico. Respetan nuestra soberanía y compartimos la opinión de que normalizar relaciones con Israel es inaceptable».

Pese a la fuerte diferencia entre partidos, los chiíes de Irak tienen en común que, sea cual sea el problema interno entre ellos, siempre respetan la palabra final del gran ayatolá Sistani. Los suníes también están fragmentados entre la lista Taqaddum del último presidente de la Cámara y personalidad con más tirón dentro de la secta, Mohamed Al Bousi, y el partido Azm del empresario Khamar Al Khanjar. Entre los kurdos, como es tradicional, el favorito es el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) de Masoud Barzani, fuerza hegemónica en la región autónoma kurda del norte de Irak.