Una familia de desplazados siria celebra la cena del Ramadán entre las ruinas de Ariha. / AFP

El-Asad sobrevive a diez años de una guerra sin ganadores que destroza Siria

El presidente, apoyado por Moscú, Teherán y Hezbolá, volverá a gobernar en un país en ruinas tras las elecciones del próximo verano

MIKEL AYESTARAN Corresponsal. Jerusalén

Cuando en marzo de 2011 unos jóvenes de Daraa, en el sur de Siria, escribieron en una pared 'Tu turno ha llegado, doctor', Muhamed Subat acudía a sus clases de Psicología en la Universidad de Damasco. Tenía 21 años y ninguna inquietud política, pero no perdía de vista lo sucedido en Túnez, Egipto y Libia en el marco de la llamada 'Primavera árabe' y, sobre todo, no tardó en recibir noticias de las protestas en su Daraa natal. En Siria se considera a Homs la 'capital de la revolución', pero la chispa prendió en Daraa con esa pintada contra el presidente, Bashar el-Asad. Allá regresó Muhamed pasadas unas semanas tras ser expulsado de su facultad por asistir a manifestaciones en el campus.

«Sólo queríamos algunos cambios y por eso salimos, pero la respuesta fue brutal. Golpes, detenciones, torturas… Los ocho años siguientes los pasé en Daraa hasta que el Ejército sirio, con ayuda de Rusia e Irán, se hizo con el control del sur del país y tuve que abandonarlo», cuenta Mohamed desde Madrid, donde se ha convertido en uno de los 5,6 millones de refugiados que dejan estos diez años de conflicto en Siria. A ellos hay que sumar los 6,5 millones de desplazados internos, lo que convierte a este conflicto en la mayor crisis de desplazamiento desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Los muertos y desaparecidos? Imposible tener un recuento, pero desde el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) hablan de 380.000.

Los bombardeos masivos han cesado. 2020 fue el año con menos bajas desde el estallido de la guerra y ya no hay choques abiertos en las ciudades sirias, pero esto no significa que haya paz. El-Asad se mantiene en su trono gracias al apoyo de Moscú, Teherán y Hezbolá, y se presenta como el máximo favorito a repetir victoria de manera aplastante en los comicios presidenciales de este verano. Gobierna un país en ruinas y dividido, con críticas al régimen incluso en los bastiones más leales, donde la dura crisis económica y la corrupción generalizada han hecho tambalear los cimientos de un sistema que hace aguas.

LAS CLAVES:

  • Drama humano. La contienda ha provocado 5,6 millones de exiliados y 6,5 millones de desplazados internos

  • Números escalofriantes. El Observatorio de Derechos Humanos habla de 380.000 muertos, pero un recuento es imposible

La nueva guerra a la que se enfrentan los sirios que siguen en el país es diferente a la que ya conocían. «Ahora estamos metidos de lleno en la guerra por la supervivencia. Cuando caían morteros no me sentía tan frustrado y pesimista como ahora. La cosa está mala. ¡Ojalá se pudiera detener el reloj en marzo de 2011! Cada año que ha pasado desde entonces volvemos diez atrás en desarrollo. Los que optamos por quedarnos en Siria, sin emigrar, nos arrepentimos. Pasamos hambre y frío. El pueblo está dando sus últimos suspiros», lamenta un funcionario público de Damasco, que ahora tiene que compaginar cuatro trabajos para intentar llegar a fin de mes. «¿Coronavirus? ¿A quién le preocupa el virus cuando no tienes para comer?», reflexiona en voz alta cuando se le pregunta por el impacto de una pandemia, que, según los datos oficiales, deja 16.000 infectados y un millar de muertos.

Ayuda urgente

Acción Contra el Hambre (ACH) trabaja en el país desde 2008 y en este décimo aniversario de guerra alerta de que «13,4 millones de personas, tres de cada cuatro, necesitan ayuda humanitaria urgente». Cifra en un 250% el aumento del precio de la cesta básica de alimentos debido al hundimiento de la moneda local y a una inflación disparada. En este décimo aniversario, ACH hace un llamamiento a dar un paso más allá de la ayuda de emergencia y «desplegar y financiar programas de medio plazo que permitan restaurar las redes de agua, escuelas y hospitales y apostar por soluciones para producir alimentos». Una medida complicada debido al férreo bloqueo que sufre Siria desde Occidente.

Desde el Comité Internacional de Cruz Roja (CICR) también han aprovechado esta efeméride para hacer balance de «una década de pérdida salvaje para todos los sirios». Este organismo ha elaborado una encuesta entre 1.400 ciudadanos de entre 18 y 25 años en Siria, Líbano y Alemania, cuyo resultado final «pinta un panorama sombrío de toda una generación a la cual el conflicto le robó la adolescencia y los primeros años de adultez», lamentó el director general, Robert Mardini.

Analistas como Charles Lister piensan que «no se puede decir que El-Asad haya ganado nada. Simplemente sobrevive a costa de la sangre y miedo de los sirios, pero la estabilidad está lejos (…) y no hay una verdadera reconciliación en las zonas recuperadas por el Gobierno. Sólo pura sumisión por la fuerza», según explicó en las páginas de 'Foreign Policy'.

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