El exministro de Derechos Humanos y fundador del Partido Liberal, Mohamed Ziane. / AFP

Nuestro amigo en Rabat

La detención del exministro Mohamed Ziane demuestra el poder sin fisuras del régimen marroquí

GERARDO ELORRIAGA

Los policías irrumpieron el pasado lunes en el despacho de Mohamed Ziane y, sin notificarle legalmente una orden de detención, lo apresaron y condujeron a la cárcel del Arjat, en las afueras de Rabat, la capital marroquí. El exministro de Derechos Humanos y fundador del Partido Liberal, en la oposición, había solicitado a través de un vídeo colgado en las redes sociales que el rey Mohamed VI abdicara en su hijo, el príncipe heredero Mulay Hassan, atendiendo a sus largos periodos de estancia en el extranjero y, en consecuencia, por desentender los asuntos del reino.

El abogado, que nació en Málaga y posee también nacionalidad española, ya había sido procesado por once delitos y condenado a tres años de cárcel. La figura del monarca y la cuestión del Sáhara son límites que no se pueden transgredir en el vecino país. El régimen se halla en una situación de defensa activa para impedir cualquier agresión al orden establecido. Esta intolerancia se agravó tras la Primavera Árabe, fenómeno que hizo saltar por los aires a todos los Estados del Norte de África.

La posición de Marruecos resultaba especialmente vulnerable en un contexto que demandaba cambios sustanciales. Su estructura política con un soberano que comparte el poder ejecutivo con el Gobierno y es una autoridad religiosa, rechazada por los islamistas radicales, se antojaba, a priori, un objetivo fácil para los extremistas. La tasa de pobreza, actualmente situada en un 45% de la población, según fuentes oficiales, proporciona más aliento a cualquier rebelión.

La apertura iniciada por el actual rey a principios de siglo se ha transformado en una actitud represiva que, sin embargo, pretende conciliarse con una imagen de modernidad muy apropiada para atraer inversores. Marruecos se presenta como un país democrático con una economía liberalizada, ajeno a las convulsiones del resto del mundo árabe y del continente africano. Rabat pretende situarse como privilegiado socio comercial y político de Occidente en un entorno aparentemente desfavorable como el Magreb.

La realidad geopolítica se ha convertido en la mejor aliada de estas aspiraciones. El flujo migratorio, la amenaza yihadista que se expande por el Magreb y el Sahel han fortalecido a nuestro amigo al sur del Mediterráneo. Sus ases son demasiado relevantes como para obviarlos y ha sabido jugarlos en el plano internacional.

Soberanía sobre el Sáhara

Los éxitos se han sucedido con tan buenas cartas. El Gobierno de Trump reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sahara, posición que han seguido los países árabes proclives a la posición de Emiratos y Arabia Saudí, y contrarios a Irán. El respaldo de La Moncloa a las pretensiones de autonomía sobre el Sáhara supuso un nuevo espaldarazo.

La guerra de Ucrania proporciona la definitiva cuadratura del círculo. Argelia y Rusia culminarán hoy unas operaciones militares conjuntas denominadas 'Escudo del desierto 2022' con un pretendido fin antiterrorista. El desasosiego de la OTAN radica en que estas maniobras ponen de manifiesto la iniciativa de Moscú en el continente africano. No olvidemos que Putin ya cuenta con especial relevancia en países como Mali y República Centroafricana, y ha obtenido el mayor apoyo regional a sus políticas belicistas.

La disidencia interna ha sido la principal damnificada de este contexto tan favorable a las tesis progubernamentales y, sobre todo, al Majzen u oligarquía local. Los defensores de los derechos humanos, los medios de comunicación más críticos y los activistas prosaharauis han sido objeto de persecución a lo largo de la última década. Ahora bien, el método ha variado porque, hoy en día, las apariencias son importantes.

Libertad de expresión

No se amenaza directamente la libertad de expresión, existen otras maneras de arruinar la reputación del acusado y recluirle. La ONG Human Rights Watch ha publicado un informe denominado, en castellano, 'Te atraparán pase lo que pase'. Este manual de estrategias menciona el uso de acusaciones relacionadas con el sexo, la violencia e, incluso, los abusos intrafamiliares, para elaborar procesos que, inevitablemente, acaban en la cárcel.

El silencio ha acompañado la aplicación de esta política de mano dura. Hace seis años, el movimiento popular en el Rif desembocó en más de medio millar de arrestos, la militarización de la región y el exilio de sus promotores. Desde entonces, se han producido numerosos casos de detenciones relacionadas con este método intimidatorio.

La periodista Hajar Raissouni, vinculada a un medio crítico, fue condenada a un año de cárcel por mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio y llevar a cabo un aborto ilegal. Este tipo de acusaciones tiene un calado importante en la sociedad, aún muy conservadora.

El encarcelamiento de Ziane es una cuenta más en este rosario. La mordaza no trasciende. España y la Unión Europea precisan de la colaboración de las autoridades magrebíes para impedir que la emigración se desboque y esa anuencia tiene un precio. La situación en Libia también guarda ciertas concomitancias. Los derechos de sus habitantes, sometidos a una bárbara guerra civil, desaparecen ante la necesidad de impedir catástrofes humanitarias en alta mar e imágenes de cadáveres flotando a la deriva. Marruecos tiene la iniciativa. Hay que mirar hacia otro lado.