El primer ministro británico, Boris Johnson, en el Parlamento. / afp

Johnson: «Mantendremos las sanciones hasta que no quede un soldado ruso en Ucrania»

El primer ministro británico se protege del 'partygate' con su papel 'churchilliano' en la guerra

IÑIGO GURRUCHAGA Londres

Boris Johnson ha afirmado este miércoles en el Parlamento que no cree que el Grupo de los Siete levante sanciones económicas contra el Gobierno ruso a cambio de un cese el fuego. En su opinión, «tenemos que intensificar las sanciones hasta que no quede ni un soldado ruso en Ucrania». Su ministra de Exteriores, Liz Truss, anunció nuevas trabas al mantenimiento de barcos o aviones de dirigentes y empresarios rusos.

Su desconfianza sobre la veracidad de que la reducción drástica de las actividades del Ejército ruso en torno a Kiev, anunciada el jueves, lleve a la negociación y a un armisticio es rotunda. «Conocemos el implacable cinismo de Vladimir Putin en Aleppo, con constantes señuelos sobre procesos de paz y corredores humanitarios, cuando en realidad quería usar la más extrema violencia».

El Gobierno de Boris Johnson fue de los primeros en enviar armas al Ejército ucraniano y sigue aumentando el rango y cantidad de los envíos: lanzamisiles que han sido efectivos para la destrucción de tanques enemigos, o aviones no tripulados. El primer ministro mantiene conversaciones casi diarias con Volodimir Zelenski y múltiples con gobernantes de los países más poderosos.

En una Cámara de los Comunes en la que hay 42 veteranos de los Ejércitos, las preguntas al primer ministro, como ocurrió este miércoles, suelen estar cualificadas por el conocimiento y guiadas también por el orgullo profesional gregario. Uno de eso veteranos, Tom Tugendhat, le reprochó ayer los recortes en tropas, tanques o aviones contemplados el pasado año.

Johnson responde que la invasión rusa de Ucrania ha confirmado realmente lo adelantado en su Revisión Integrada de la Seguridad, Defensa, Diplomacia y Ayuda al Desarrollo, publicada en 2021. Rusia era el principal peligro de conflagración, como se decía allí, y sus tanques son destruidos por satélites, misiles, drones y tecnologías avanzadas.

Final con espinas

Cuando Tugendhat, un reservista que sirvió en Irak y Afganistán, le preguntaba en el Parlamento si Emmanuel Macron habla demasiado con Putin o qué política contempla el Gobierno sobre Georgia, Johnson le recomendó «mantener simples» sus argumentos, porque nunca el primer ministro habría visto «un caso tan claro de bien y mal».

El diálogo sobre Ucrania en la sesión mensual en la que es interrogado por los presidentes de los comités del Parlamento fue precedida de las preguntas habituales, cada miércoles, en el pleno de la Cámara. Se mencionó allí el coste de la vida, las subidas de impuestos, y otra cuestión de bien o mal, el 'partygate', la serie de quiebras de los confinamientos por covid en la residencia del primer ministro.

La Policía de Londres ha iniciado la notificación de las primeras veinte multas por quiebra de las reglas (de 117 euros con pronto pago). El líder de la oposición, Keir Starmer, le recordó a Johnson que dijo en la Cámara que no se habían incumplido y que el engaño al Parlamento es sucedido tradicionalmente por la dimisión. «¿Por qué sigue aquí?», le preguntó.

La guerra ha aumentado ligeramente la popularidad del primer ministro. La ventaja de los laboristas en los sondeos se ha difuminado. El Partido Conservador tendría que desbancar a Johnson si se confirma en la siguiente ronda que ha sido multado. Antes ya se derribó a primeros ministros en una situación de guerra, pero por divergencias sobre la conducta bélica que ahora no existen.

Fortalecido por la guerra, Johnson persigue una Ucrania libre de invasores. Y protegida, no por una promesa de intervención si es agredida, como el Artículo 5 de la OTAN, sino, en palabras del líder británico, «por una disuasión mediante negación, de tal modo que Ucrania esté tan fortificada, tan protegida por armas, con las púas del puercoespín tan endurecidas, que sería indigerible para Putin».