Isabel II, a su llegada a la abadía de Westminster junto al príncipe Andrés. / efe/Vídeo: Atlas

Isabel II se apoya en Andrés en la despedida oficial del duque de Edimburgo

Don Felipe y doña Letizia acuden junto al resto de monarquías europeas a la abadía de Westminster para rendir homenaje póstumo al 'tío Philip'

LOURDES GÓMEZ Londres

La reina Isabel eligió al príncipe Andrés de apoyo y compañía estelar en la gran jornada ceremonial en despedida de su marido, el duque de Edimburgo. La monarca británica, de movilidad limitada a sus 95 años, entró escoltada por su segundo hijo varón en la abadía de Westminster, donde este lunes tuvo lugar el acto oficial en memoria de su marido. Madre e hijo recorrieron antes, acomodados en el asiento trasero de un Land Rover, los 40 kilómetros de distancia entre el castillo de Windsor, residencia ahora habitual de Isabel II, y el centro de Londres.

Fue un claro gesto de confianza en el desprestigiado duque de York, que el mes pasado pagó una millonaria indemnización para acallar a la mujer que le acusaba de abuso sexual cuando ella era menor de edad. Andrés fue destituido de sus funciones regias a consecuencia de la sonada querella civil, pero sigue siendo miembro de la familia real, vino a decir su madre en su primera salida oficial y pública desde el pasado octubre, cuando fue hospitalizada unas horas.

La asistencia de la reina Isabel al servicio de acción de gracias por el duque de Edimburgo estuvo en duda hasta el último momento. Incluso se dijo que viajaría en helicóptero para acortar el trayecto y asegurar su presencia en la ceremonia en memoria y celebración de la vida de su consorte y marido durante 73 años. Isabel II entró en el bello templo por una puerta lateral, junto al Rincón de los Poetas, con lo que evitó recorrer a pie el largo pasillo central bajo la mirada cariñosa y curiosa de invitados y telespectadores. Eso sí, las cámaras de televisión desviaron el foco cada vez que la nonagenaria tuvo que maniobrar un paso complicado para alcanzar su majestuoso sillón frente al altar.

Felipe de Edimburgo murió el 9 de abril de 2021, con las restricciones del coronavirus aún en vigor. Únicamente 30 personas asistieron al funeral, en Windsor. Se respetó la distancia personal y la fotografía de la reina, sola en un banco de la capilla, con ropa y semblante de luto, es la imagen que selló la más íntima despedida del duque. En la misa y posterior entierro estuvo presente Enrique, el gran ausente de la veintena de familiares directos que acudieron este martes al memorial de Westminster. El duque de Sussex se ha enzarzado en un pleito con el Gobierno británico acerca del nivel de protección que le corresponde como exmiembro de la Casa Real y se niega a viajar con Meghan y los dos niños a Inglaterra hasta que crea asegurada la seguridad de su familia.

Verde Edimburgo

Don Felipe y doña Letizia no faltaron a la despedida de su «querido tío Philip», como tampoco lo hicieron los reyes de Noruega, Bélgica y Holanda, a quienes acompañó la princesa Beatriz, así como las reinas Margarita de Dinamarca y Ana María de Grecia. También acudió al oficio religioso el príncipe Alberto de Mónaco.

Los Reyes de España, en la ceremonia celebrada en la abadía de Westminster. / EFE

La reina Letizia lució un vestido abrigado en verde Edimburgo con un tocado al tono. Fue el color dominante entre el grupo más distinguido de asistentes, desde Isabel II a su hija Ana y su nuera Camilla, duquesa de Cornualles, con el que las damas rindieron homenaje al marido de la reina de Inglaterra. Sorprendió Catalina de Cambridge, de negro y blanco, en una ceremonia en la que se pidió no ir de luto.

El uniforme militar se descartó como etiqueta para los invitados. Así, Felipe VI vistió traje de chaqueta oscuro, camisa blanca y corbata clara. Prescindió, esta vez, de la banda azul distintiva de los caballeros de la Orden de la Jarretera, el máximo reconocimiento de la monarquía británica que le concedió la reina Isabel en 2019.

La ceremonia siguió un guión esbozado por el propio duque de Edimburgo, de cuya ejecución se encargó su viuda. Adornos con flores rojas, blancas y azules; bandas militares alternando sus entradas con las voces de dos coros de niños y adultos florales; y, entre otros detalles singulares, intervenciones de jóvenes que deben su carrera profesional a las becas y premios de las fundaciones benéficas del homenajeado príncipe Felipe.