Intervención del embajador de Ucrania, este jueves, ante la Asamblea General de Naciones Unidas. en Nueva York. / EFE/Vídeo: E. P.

La ONU expulsa a Rusia de su Consejo de Derechos Humanos

China abandona la apariencia de neutralidad al votar en contra, por temor a que este precedente pueda ser usado en su contra

MERCEDES GALLEGO Corresponsal en Nueva York

De todas las votaciones que lleva a cabo la Asamblea General de la ONU, la de este jueves era una de los más difíciles. Votar «no» a la expulsión de Rusia del Consejo de Derechos Humanos era «como apretar el gatillo», advirtió el embajador ucraniano, Sergiy Kyslytsya. Pero apoyar, o incluso abstenerse, era considerado por Rusia «un gesto hostil con consecuencias bilaterales».

Pese a todas las amenazas y chantajes emocionales de unos y otros, las imágenes de Bucha pesaron más en la conciencia del mundo. La resolución se aprobó por 93 votos, muchos menos que las dos anteriores que ha pasado la Asamblea General en contra de Moscú desde que empezó la invasión de Ucrania el 24 de febrero, pero suficientes para alcanzar los dos tercios necesarios. Rusia se convierte así en el segundo país expulsado de este órgano, creado en 2006, con el único precedente de Libia en 2011.

El Gobierno de Vladímir Putin llevaba dos años sentado en esta institución con base en Ginebra, que no tiene poder coercitivo pero resulta muy influyente y tiene capacidad para abrir investigaciones. A Moscú, además, le gustaba hablar en esas reuniones en las que ahora solo podrá influir a través de terceros, que no es poco considerando que 24 países votaron en contra de la resolución y 58 se estuvieron.

Que Estados como Siria, Irán o Bielorrusia la rechazaran no era sorpresa. Pero el precedente que sentaba asustó lo suficiente a otros como Cuba y China, que lo consideraron una manipulación de los derechos humanos para convertirlos en arma política. Todos los que tienen un dudoso expediente en el cumplimiento de los derechos humanos temen que la resolución de este jueves se utilice contra ellos el día de mañana. Pero, además, estaban los que la consideraban demasiado apresurada e incluso perjudicial para la investigación sobre los crímenes de guerra que aún no se ha llevado acabo.

«Un punto rojo»

No hay tiempo para dejar correr la rueda burocrática de la ONU porque «cada voto negativo es un punto rojo en la pantalla, rojo como la sangre de las vidas perdidas, que se quedará con ustedes mientras la memoria no falle», advirtió el embajador ucraniano como si recitase una maldición. Su colega estadounidense, Linda Thomas Greenfield, sentía el peso de la historia. «El mundo nos está mirando», sopesó. «Se está preguntando si Naciones Unidas están preparada para dar la talla en un momento como éste, si somos una plataforma para la propaganda de los que abusan los derechos humanos o si somos capaces de vivir a la altura de los ideales más altos que albergan la Carta Magna de la ONU». Poco después de ganar la votación pudo dar a todos un espaldarazo colectivo por haber mandado «un claro mensaje de que el sufrimiento de las víctimas y los supervivientes no será ignorado».

Humillado por la derrota, que deja a su país todavía más aislados en la comunidad internacional, el embajador ruso anuncio su decisión de «terminar anticipadamente con fecha del 7 de abril» su pertenencia al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Para aquellos a los que les resulte confusa esta declaración, el representante ucraniano lo explicó con una metáfora: «No se puede presentar la dimensión después de que te han despedido, y eso es exactamente lo que acaba de hacer la Federación Rusa».

Las repercusiones de la invasión de Ucrania se agudizaron al suspender el Senado de EE UU también este jueves de forma unánime la relaciones comerciales con Rusia y Bielarrusia, además de bloquear todas las importaciones de este país, como ya había anunciado el presidente Joe Biden.