Los partidarios de los socialdemócratas alzan imágenes de apoyo a Magdalena Andersson durante un mitin en Rinkeby, al norte de Estocolmo. / AFP

Suecia celebra unas elecciones preocupada por el fuerte ascenso de la delincuencia

Los socialdemócratas parten como favoritos ante unos comicios donde una coalición de derechas obtendría casi el 50% de los votos mañana en las urnas

DIANA MARTÍNEZ

Los ciudadanos suecos están llamados a votar este domingo para elegir al jefe del Gobierno en unas elecciones generales marcadas por el aumento de la delincuencia, la inmigración y la futura adhesión del país a la OTAN. Un tema este último que, a pesar del notable apoyo tras la invasión rusa a Ucrania, apenas se ha percibido en la campaña. A escasas horas de depositar las papeletas en las urnas, el Partido Socialdemócrata parte como favorito con la primera ministra saliente, Magdalena Andersson, a la cabeza. No obstante, nada está decidido aún. Tras el ascenso de la ultraderecha, las coaliciones son clave en unos comicios que están muy reñidos entre los bloques de izquierdas y derechas.

Según las últimas encuestas de Kantar Sifo, los socialdemócratas cuentan con casi un 30% de los apoyos (sumaron un 28,3% en las pasadas elecciones celebradas en 2018), mientras que los Demócratas Suecos de ultraderecha alcanzan un 20% (17,5% hace cuatro años) y el Partido Moderado de derecha, un 17% (casi tres puntos menos que en los últimos comicios). De ese modo, los sondeos apuntan a que una alianza de centroizquierda con las formaciones Socialdemócrata, Verde, de Izquierda y de Centro obtendrían entre el 48,6 y 52,6% del sufragio, frente al 47,1 y 49,6% que lograría una coalición de derecha y extrema derecha, con los Demócratas Suecos (SD), los moderados, los Demócratas Cristianos y los minoritarios liberales –estos dos últimos están en contra de pactar con la extrema derecha–.

Los tres grandes protagonistas de las legislativas son Andersson (55 años), que con el eslogan 'Nuestra Suecia puede hacerlo mejor' defiende el estado del bienestar y endurece la línea del partido sobre la inmigración. También el dirigente de la extrema derecha Jimmie Åkesson (43), quien tras diecisiete años al frente de SD, convirtió al partido ultraminoritario –heredero de un grupo originalmente neonazi formado a finales de los 80, apenas lograba el 1% del escrutinio hace dos décadas– en un actor indispensable para que la derecha pueda gobernar. Y finalmente, el líder de la oposición conservadora Ulf Kristersson (58), que aspira por segunda vez a dirigir el Ejecutivo con el fin de terminar con ocho años de poder de la izquierda, para lo que no duda en pactar con la extrema derecha, una alianza inédita en el país escandinavo.

La campaña se ha centrado sobre todo en la delincuencia y la inmigración, aspectos donde el Gobierno de Andersson ha mantenido una postura blanda, según reprocha la oposición. El tiroteo en un parque infantil en Eskilstuna, a 120 kilómetros de Estocolmo, el pasado mes de agosto, desencadenó las críticas de la oposición. Una madre y un niño quedaron atrapados en el fuego cruzado entre pandillas rivales, lo que hizo que el ultraderechista Åkesson visitara la ciudad desde donde urgió al Gobierno a tomar medidas serias para abordar el crimen en Suecia.

A la cabeza en tiroteos

La Policía escandinava asegura que asesinatos como este suelen ser ajustes de cuentas entre bandas rivales a menudo controladas por clanes de migrantes, y cada vez más ocurren a plena luz del día. Tanto que Suecia, uno de los países más ricos e igualitarios del mundo, ahora encabeza la clasificación europea de tiroteos mortales. Por cada millón de habitantes al año, Estocolmo registra cuatro muertes por arma de fuego, cuando la media europea es de 1,6. En lo que va de año, 48 personas han muerto por armas de fuego en el territorio, tres más que en 2021.

El líder del SD también reprocha las importantes llegadas migratorias al país. Y es que con más de 2 millones –la mayoría procedentes de Siria, Finlandia e Irak–, representan el 19,42% de la población total. El 40% de los suecos consideran este volumen «demasiado elevado» para un país de sus características.

Mientras, los partidos pasan de puntillas sobre la futura adhesión a la Alianza Atlántica, una iniciativa que tras la invasión de Ucrania ha pasado del 37 al 53% de apoyo, según un sondeo de Novus publicado en mayo.